
Virgen de la Soledad
Festividad 11 de Octubre
Patrona de la ciudad de Oaxaca (Méjico), como también de muchas ciudades, cofradías y hermandades de España.
Virgen tradicional como la de las Angustias, la Macarena, los Desamparados, o las imágenes que la bella María que en Semana Santa pasean en andas por diversas calles de Andalucía, Extremadura, etc., llevando velas alrededor y se hace silencio interrumpiendo por cánticos de “saetas” de los creyentes.

ORACIONES
Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, seguros de que contigo, nunca estaremos solos,
porque tu soledad acompañará y confortará a la nuestra.
Camina tú a nuestro lado, habita en nuestros hogares, bendice a nuestra ciudad..
Que notemos siempre tu presencia de amiga y eficacia de madre.
¡¡¡VIRGEN DE LA SOLEDAD, RUEGA POR NOSOTROS!!!

¡Virgen de la Soledad!, ¡Virgen Dolorosa!
Yo no quiero que estés sola, quiero recorrer contigo la noche de tus congojas,
tan sólo hace unas horas, con voz dulce de perdón, te nombró mi Redentora.
¡Madre dulce y Dolorosa!
¡Haz que se claven en mi los puñales que te agobian!
Cada lágrima en tus ojos, una perla redentora.
¡Hay noche del Viernes Santo!
Noche triste y angustiosa.
La rosa de Jericó, la dulcísima Paloma.
…rezar es departir con el Maestro, y es rezar, ¡qué rezar!, decir “te quiero”.
y lo es, ¡no lo iba a ser!, decir “me pesa”,
y el “quiero ver”, del ciego.
y el “limpiarme” angustioso de la lepra, las lágrimas sin verbo de la viuda,
y el “no ha y vino” de Caná de Galilea;
y es oración con la cabeza gacha,
cualquier contarle a Dios nuestras tristezas,
cualquier poner en Él nuestra confianza…
todo es rezar…
¡¡¡y hay gente que no reza!!!.

ORAR ANTE LA IMAGEN LA VIRGEN DE LA SOLEDAD
Contempla a la Soledad
La Virgen María participó de la soledad y del abandono de su Hijo, torturado, humillado, asesinado en una cruz y depositado en un sepulcro.
Ella al pie de la Cruz, escuchó e hizo suyas las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
Seguida por Juan y algunas mujeres, aturdidos por la tragedia, abandonaron el calvario y el lugar de la sepultura. Desde ese momento nadie supo acompañar a María. La Soledad se volvió para Ella oración y esperanza. Sin derrumbarse, de pie, afligida por los sufrimientos de su Hijo, pero serena, con las manos entrelazadas en actitud de oración, susurra una plegaria: “HE AQUI LA SIERVA DEL SEÑOR. ” Y en su corazón el encargo de Jesús, al confiarle a su joven discípulo: “AHÍ TIENES A TU HIJO”. A partir de ahora tendrá una familia numerosa y se ocupará de todos.
Ella que disfruta de la compañía de su Hijo Resucitado y de todos los santos, sufre y acompaña nuestras soledades. Por eso, podríamos llamarla Santa María de nuestras soledades, y decirles:
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio, reclamando tu asistencia haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a ti acudo Madre, Virgen de las Vírgenes, y aunque gimiendo por el peso de mis pecados me atrevo a presentarme ante tí, Madre de Dios. No deseches mis súplicas, antes bien escúchalas, acógelas bondadosamente.
(San Bernardo)
El misterio del Sábado Santo
La Virgen María estuvo y está íntimamente unida a Cristo. El Misterio de su Soledad está unido al misterio del Sábado Santo.
Hablamos de misterio, porque estos hechos tienen para nosotros consecuencias insospechadas y extraordinarias. ¿Qué misterio encierra el sábado santo?. ¿Qué transcendencia tiene la muerte y la sepultura de Jesús?. Oh dicho de otro modo ¿qué queremos decir con él descendió a los infiernos?. ¿Qué es lo que hoy sucede?. Un gran misterio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad… La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo…
Va ha buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte…
Y dice a Adán (a la humanidad entera):
“Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he tomado tu condición servil; por ti, yo que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo….”
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para restaurar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes de mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de tus pecados; contempla los clavos que me ha sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por tí, que maliciosamente extendiste tu mano al árbol prohibido.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraiso; yo te coloco no ya en el jardín, sino en el trono celestial.
(Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado.)

SALVE DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD
“Soledad, Dios te Salve, en el Sábado Santo, noche cerrada de pie, andando de puntillas por entre las flores y las velas.
En procesión. De procesión. Toda Tú sóla procesión.
Luz bendita de tantas otras luces, luto santo de tantos otros lutos, lágrimas ideales de tantas otras lágrimas.
Reina y Madre de Misericordia… Reina desde el trono y Madre desde el regazo, ,apretadas las manos en un gesto sencillo de soberanía y maternidad unidas en tu figura, esculpida para la plegaria y la emoción, por la gubia más primordiosa de la misericordia.
Vida, Dulzura, Esperanza nuestra, piropos alzados desde el fondo del corazón por el amor, al verte, en el cénit de la noche, sobresalir de la muerte, la impiedad y la desesperación que, a diario, nos acercan, nos contagian, nos amparan ¡Soledad hecha vida, dulzura y esperanza nuestra!.
A tí llamamos los desterrados, los hijos de Eva, a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, porque seguimos, Madre, sin aprender la lección de esas lágrimas, nacidas de tu sumisión a la verdad de la Cruz ya vacía, mientras las muestras se desprenden sin el peso del buen dolor, ni dejan tras de sí el oro del sacrificio y de la conformidad.
¡Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, ojos bajos entregados a la meditación del holocausto que aceptaste una mañana niña de Nazaret, sabiendo que llegaría tras ella esta larga noche negra del Sábado Santo que ahora vives.
Soledad, Madre entera y firme, desde el “Magnificat” de entonces hasta el “stabat Mater” de ahora.
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
Sí, ójala que después de este sábado santo de la vida, desbordado de lutos, de silencios, de ingratitudes, de desventuras, puedas mostrarnos a Jesús con la misma intensidad con lo que lloras esta noche, llevándote las manos hasta el vientre que lo engendró y ciñendo en él tan dolorosa ausencia.
Estas manos que descosidas muy pronto por la alegría de volver a tenerlo, puedan, después de este destierro, acercarnos tu primera caricia.
¡Oh, clementísima, oh, piadosa, oh dulce Virgen María!.
Como te definen, Madre, estos títulos que colocó la Salve en los labios, y como los trabajó tu corazón junto a la Cruz.
¡Oh, clementísima, oh, piadosa, oh dulce Soledad!.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Para ello nada más fácil que verte, que recordarte cada día, que hacer de la vida una perseverante prolongación de esta noche del Sábado Santo
en que vas enseñando toda tu pena y diciéndonos…

POESIA A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD
Virgen de la Soledad:
rendido de gozos vamos,
en las rosas de tus manos
se ha muerto mi voluntad.
Cruzadas con humildad,
en tu pecho sin aliento,
la mañana del portento,
tus manos fueron, Señora,
la primer cruz redentora:
la cruz del sometimiento.
Como tú te sometiste,
someterme yo quería:
para ir haciendo la vía
con sol claro o noche triste.
Ejemplo santo nos diste
cuando, en la tarde deicida,
la soledad dolorida
por los senderos mostrabas:
tocas de luto llevabas,
ojos de paloma herida.
La fruta de nuestro Bien
fue de tu llanto regada:
refugio fueron y almohada
tus rodillas, de su sien.
Otra vez, como en Belén,
tu falda cuna le hacía,
y sobre Él tu amor volvía
a las angustias primeras…
Señora: si tú quisieras,
contigo le lloraría.
José María Pemán.

HIMNO DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD
Hermandad de la Cofradía Virgen de la Soledad
Catedral de Salamanca (España)
(Pueblo), EN TU PURA CONCEPCIÓN YA ESTABA PREMEDITADA AQUELLA SANGRIENTA ESPADA QUE PREDIJO SEMEÓN, Y PUES GOZO Y AFLICCIÓN CELELBRAMOS DESPENSAD SEA NUESTRO NORTE Y GUÍA VUESTRA TRISTE SOLEDAD.
(Coro), JESUCRISTO EN LA AGONÍA RICA PRENDA NOS LEGÓ PUES POR MADRE NOS DEJÓ A VOS, ¡DULCE MADRE MÍA!, ¡OH, QUE DICHA, VIRGEN PIA! ENSALZASTE EN TUS DOLORES ESTOS POBRES PECADORES PUES POR MADRE NOS DEJÓ A VOS, ¡DULCE MADRE MÍA!, ¡OH, QUE DICHA, VIRGEN PIA!. ENSALZASTE EN TUS DOLORES ESTOS POBRES PECADORES.
Historia
Los orígenes de esta Hermandad se remontan al 22 de mayo de 1645, cuando se reúnen cuarenta hombres del gremio de zapateros con el objeto de hacer una obra pía. Éstos tenían por santos titulares a San Crispín y San Crispiniano, ambos santos con cofradía propia. Debido al mal estado en que se encontraba la Cofradía de San Crispín y San Crispiniano, en 1829 se decide que sea absorbida por la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad. Algo similar ocurrió con la de Nuestra Señora de la Victoria, que procedente del convento de los Jerónimos, quedó unida a la titular en la primera mitad del Siglo XIX. El nacimiento de esta Hermandad tiene lugar en el Convento de la Trinidad Descalza, pero el 1 de Mayo de 1707 se traslada a la Iglesia de San Román, donde permanece hasta 1909 trasladándose en esa fecha a la Iglesia de San Benito. En 1922 se cambia de nuevo de ubicación, llevando la imagen a la S.I.B. Catedral, situándola en la Capilla de Nuestra Señora de la Cabeza y posteriormente, en el año 1934, a la de Nuestra Señora de la Luz, actual Capilla de Ntra. Sra. de la Soledad. Los años de inestabilidad política y fundamentalmente los periodos de guerra, contribuyen a engrandecer el fervor y devoción por la Virgen de la Nuestra Señora de la Soledad, con lo que la Hermandad comienza a nutrirse de un gran número de hermanos, al rededor de 3000 cofrades.

Virgen española venida al continente Americano. La religión necesitaba quitar ildolatrías como la del Cacique de Yanhuitlán y gorbernadoes, y se afianzó por un hecho insólito que sucedió el 18 de diciembre de 1620 en la nueva Antequera (ciudad de Oaxaca).
Pueblos ansiosos de leyendas mágicas, del mundo sobrenatural de sucesos extraordinarios; así son nuestros pueblos. Un manuscrito de la monjas en el monasterio de la Soledad relata esta historia llena de un aire milagroso.
LEYENDAS

Para la provincia de Guatemala, desde el puerto de Veracuz, caminaba un dueño de recuas, y habiendo hecho algunas jornadas poco antes de la que faltaba para entrar en esta ciudad de Oaxaca, se incorporó sin saber cómo, entre las suyas, una mula que traía sobre sí un cajón atravesado. Nadie pudu asegurar de dónde había salido, ni cómo se había introducido allí. Registró cuanto alcanzó la vista y no se vio persona que anduviese buscando dicha mula, ni aún otras cargadas o descargadas de quienes se presumiese se había separado. Continuaron las jornadas, y el dueño de aquellas recua propuso hacer luego manifestación del hallazgo ante el juez competente, porque algún día no le pasase perjuicio. Proseguía su viaje, entraba ya en la ciudad, llegó a la ermita de San Sebastían, ya al puerta principal, al llegar enfrente de ella el mestizo bruto se dejó caer con su cajón en el suelo: pensó que era fatiga y rendimiento al peso que le oprimía, acudieron unos y otros a levantar la mula, valiéndose de las fuerzas, ardiles y diligencias que dicta el despecho y la impaciencia de los de aquel ejercicio. Todo empeoró, fue en vano y cansados los sirvientes, hubo el dueño principal de entrar a la ciudad. Notició a la justicia del caso, pidió se abriese en su presencia el cajón, y lo que en él hallasen quedar por autoridad depositado hasta en tanto constase de un legítimo dueño. Pasó la averiguación de un alcalde ordinario, mandó que descargasen la caja, se hizo y esto bastó para que se levantase la mula que estaba todavía en el suelo, ya buena y sana al parecer, pero al rato volvió a caerse muerta. Pareció a todos efectos del trabajo y gran peso de la caja y abierto el cajón que contenía un hechura de Jesucristo Nuestro Redentor que representaba su gloriosa Resurrección y una cabeza y manos con un róturo que decía: “Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz…”
El obispo ordenó que el rostro y las manos de la Virgen quedasen depositados en la Ermita de San Sebastián, por haber ocurrido frente a ella el indicente de la bestia, y que la Ermita de Santa Veracruz, se enviase la escultura de Cristo.
Por origen que traía la recua, es de suponer que aquellas imágenes procedían de algún taller español. Iban con destino a Guatemala, y no venían de allí como se había creído.
Así se convirtió la Virgen de la Soledad en patrona de Oaxaca; donde pronto adquirió cuerpo el proyecto de levantar una Iglesia para el culto de la Virgen, en el mismo lugar donde había tenido lugar aquel suceso; gracias a la magnificencia del rico arcediano D. Pedro Otálora y Carvajal, se emprendió el nuevo Templo que es uno de lo más bellos del sur de México. Fue consagrado el 6 de Septiempre de 1690 por el obispo Sariñana.

Leyenda en Venezuela
En tierras de Ávila, a corta distancia de Naiguatá, vivía una familia formada por el matrimonio de D. Juan del Corro y su esposa Dª. Felipa de Ponto y Villena. Tenían dos hijos y eran amados por todos los campesinos de los contornos. Un día, cuando Juan volvió de sus faenas en el campo confió a su esposa una promesa que por la salud de ella había hecho al nacer su hijo Fernando: “Estoy atormentado pensando si la mala salud de nuestro hijo no será un castigo por el incumplimiento de regalar una imagen de la Virgen de la Soledad al templo de San Francisco, de Caracas. Ofrecí también que en los días festivos arderían cuarenta cirios ante esta imagen. Dios oyó mi oración y ahora he de cumplir mi promesa.” Su esposa alegre con la confesión que su marido le había hecho, comentó que debían cumplir esto cuanto antes. “Tal vez Dios, al ver nuestra fe, devuelva la salud a nuestro hijo Francisco”. Su mismo hijo, objeto de su inquietud, interrumpió su charla para anunciarles que había llegado su padrino D. Sancho de Paredes. A los pocos días, D. Sancho iba a emprender viaje a España. “Queremos pedirle un favor”, dijo Dª Felipa, “necesitamos que a su regreso de España nos traiga una imagen de la Virgen de la Soledad. Es una promesa que debemos a la Virgen por tantos favores como nos ha concedido”. D. Sancho aceptó con mucho gusto el encargo y a los pocos días marcho para España. Al cabo de varios meses salía del puerto de Vigo, con rumbo a las Indias el navío “San Fernando”, y con él la caja que contenía la tan anhelada imagen. A la salida del puerto, hacía un tiempo magnífico, pero pronto cambió y se sucedieron días en el que se desencadenó un enorme temporal. Fue necesario arrojar al mar todas las mercancías. Sólamente quedó en la cubierta la caja que contenía la imagen, que D. Sancho, por cierto temor religioso, ho había querido hechar al agua. El temporal fue empeorando más y más, era preciso salvar la vida y salir en los botes. No quedó otro remedio al intrépido capitán que arrojar al agua la tan preciada escultura, que pronto devoraron las olas y el viento condujo a los náufragos a las playas de Trinidad.
Mientras tanto, los esposos esperaban la llegada de la imagen. Un día Francisco, completamente restablecido llegó junto a sus padres sofocado y nervioso diciéndoles que lso criados habían encontrado a la orilla del mar una caja herméticamente cerrada y que por su peso debía contener un rico tesoro. Se dirigió el matrimonio al lugar que el muchacho les había indicado; algo extraño les esperaba, todos los criados colocados en círculo miraban la caja cubierta de algas; D. Juan ordenó que dos forzudos negros levantaran la tapa, y al quitar la cubierta vieron regios paños de terciopelo morado con franjas de oro, que al levantarlos descubrieron la imagen de la madre de Dios con su pálido rostro, las manos cruzadas y surcadas sus mejillas por gruesas lágrimas. Todos cayeron de rodillas ante esta aparición y entonaron el himno Salve Maris Stella. Después fue trasladada al oratorio particular, donde dieron ferviente acción de gracias.
Se colocó la imagen de la Soledad en la iglesia de los franciscanos, celebrando su entronización con gran solemnidad. La gran multitud que había acudido a la ceremonia, fue abandonando el templo, en el que sólo quedaban los hermanos franciscanos y la famila de D. Juan., cuando en aquel momento vieron entran a D. Sancho de Paredes, que pálido y nervioso se dirigió hacia el altar; se arrodilló ante la imagen sumiéndose en un profundo éxtasis religioso, con la mirada aún puesta en la Virgen exclamó: “Hermanos, adoremos la voluntad de Dios. No hace todavía un año, a causa de una gran tempestad, arrojé yo mismo al mar una caja que contenía esta preciosa talla, hecha en Madrid (España), bajo mi dirección, y ahora la veo en la iglesia de San Francisco. Sólo Dios puede hacer prodigios como éste. Él ha querido que la imagen de su divina Madre llegara aquí para la adoración de los fieles.“
Aquella imagen de la Virgen de la Soledad que D. Sancho llevó de España es la que aún se conserva en San Francisco.