Para salvar al hombre, víctima de su misma desobediencia, Dios quiso darle un “corazón nuevo”, fiel a su voluntad de amor. Este corazón es el Corazón de Cristo, la obra maestra del Espíritu Santo, que comenzó a latir en el seno virginal de María y fue traspasado por la lanza en la cruz, convirtiéndose de este modo, y para todos, en manantial inagotable de vida eterna. Ese Corazón es ahora prenda de esperanza para todo hombre.
Juan Pablo II (Angelus 23/6/02)











