En la fe cristiana, La Última Cena fue la última ocasión en la que Jesús se reunió con sus apóstoles para compartir el pan y el vino antes de su muerte. Se considera para la iglesia católica que es el momento en que se instituye la eucaristía. La Última Cena, ha sido el tema de numerosas pinturas, siendo quizás la obra de Leonardo da Vinci la más conocida de todas.
En el nuevo testamento
Cronología
La cena es considerada por la mayoría de los teóricos como una de la Pascua celebrada en la noche del jueves santo antes de la crucifixión el viernes santo. Esta creencia se basa en la cronología de los evangelios, pero la cronología del Evangelio de Juan indica que se celebró antes de Pascua (Juan 13:1, 18:28). Las referencias en el evangelio de Juan marcan el día de la preparación para la pascua (Juan 19:14, 31, y 42), se toman por muchos para indicar que la muerte de Cristo ocurrió en el tiempo de la matanza de los corderos de la Pascua (esta cronología posterior es la aceptada por la iglesia Ortodoxa). Sin embargo, aquellos que sitúan la última cena en la tarde del jueves, generalmente le atribuyen a Marco 14:12 y Lucas 22:7 las únicas referencias explícitas en los evangelios a que en el momento de la cruxifixión de cristo se da la matanza de corderos, y se da lugar el Día de la Preparación en el Evangelio de Juan como una posible referencia al Viernes de pascua durante el cual se realizan las preparaciones para el descanso del Sabbath.
Además, muchos teóricos han cuestionado estas cronologías, y han rechazado sus afirmaciones de que los evangelios hacen referencia a la pascua y sostienen que coinciden con Juan.[1] Algunos cristianos creen que un exhaustivo examen de los evangelios indican que la Última Cena tuvo lugar en martes, y que Jesús fue crucificado en un miércoles. [2]
La cena se discute a través de los cuatro evangelios de la biblia canónica. Los evangelios sinópticos afirman que en la mañana del mismo día el cordero pascual para la cena, sea sacrificado. Sin embargo, bajo el método judío de tiempo recogimiento, el día era considerado que empieza justo al amanecer, por lo tanto la festividad de la pascua se contempla que ocurra en el día posterior en que fue sacrificado. Esto implica que o los sinópticos no están instruidos en el conocimiento del recogimiento judío, o que ellos usaron la técnica literaria de ver los eventos que pasaron en varios días en solo uno. Otros interpretan el lenguaje de los Evangelios sinópticos como suficientemente permisivos para tener una tarde sacrificando a los corderos pascuales.
Lugar
El propietario de la casa en la que estaba el cenáculo no es mencionado en la Escritura; pero debe haber sido uno de los discípulos, puesto que Cristo ordena a Pedro y Juan que digan, “El Maestro dice”. Algunos dicen que era Nicodemo, o José de Arimatea, o la madre de Juan Marcos. La sala era amplia y amueblada como un comedor. En ella se presentó Cristo tras su Resurrección; aquí tuvo lugar la elección de Matías al Apostolado y el envío del Espíritu Santo; aquí se reunían los primeros cristianos para la fracción del pan; Pedro y Juan vinieron aquí cuando dieron testimonio tras la curación del cojo de nacimiento, y Pedro tras su liberación de la prisión; aquí quizá se celebró el concilio de los Apóstoles. Fue por un tiempo la única iglesia de Jerusalén, la madre de todas las iglesias, conocida como la Iglesia de los Apóstoles o de Sión. Fue visitada el año 404 por Sta. Paula de Roma. En el Siglo XI fue destruida por los sarracenos, posteriormente reconstruida y dada al cuidado de los agustinos. Restaurada tras una segunda destrucción, fue puesta a cargo de los franciscanos que fueron expulsados en 1561. En la actualidad es una mezquita musulmana
Secuencia de los acontecimientos
Algunos críticos dan el siguiente orden armonizado: lavado de pies de los Apóstoles, predicción de la traición y partida de Judas, institución de la Sagrada Eucaristía. Otros, creyendo que Judas hizo una comunión sacrílega, colocan la institución del sacramento antes de la partida de Judas.
¿Qué pasó en la Ultima Cena?
Las horas que precedieron a la Pasión y Muerte de Jesús, quedaron grabadas con singular fuerza en la memoria y el corazón de quienes estuvieron con EL. Por eso, en los escritos del Nuevo Testamento, se conservan bastantes detalles acerca de lo que Jesús hizo y dijo en su última cena. Según Joachim Jeremias, es uno de los episodios mejor atestiguados de su vida. “En esa ocasión estaba Jesús sólo con los doce Apóstoles” (Mt 26,20; Mc 14,17 y Lc 22,14). “No le acompañaban ni María, su madre, ni las santas mujeres.”
Según el relato de San Juan, al comienzo, en un gesto cargado de significado, “Jesús lava los pies a sus discípulos dando así ejemplo humilde de servicio” (Jn 13,1-20). A continuación tiene lugar uno de los episodios más dramáticos de esa reunión: “Jesús anuncia que uno de ellos lo va a traicionar, y ellos se quedan mirando unos a otros con estupor ante lo que Jesús está diciendo y Jesús de un modo delicado señala a Judas” (Mt 26,20-25; Mc 14,17-21; Lc 22,21-23 y Jn 13,21-22).
En la propia celebración de la cena, el hecho más sorprendente fue la institución de la Eucaristía. De lo sucedido en ese momento se conservan cuatro relatos: _los tres de los sinópticos (Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20) y el de San Pablo (1 Co 11,23-26) _muy parecidos entre sí. Se trata en todos los casos de narraciones de apenas unos pocos versículos, en las que se recuerdan los gesto y las palabras de Jesús que dieron lugar al Sacramento y que constituyen el núcleo del nuevo rito: “Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: _Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía”_ (Lc 22,19 y par). Son palabras que expresan la radical novedad de lo que estaba sucediendo en esa cena de Jesús con sus Apóstoles con respecto a las cenas ordinarias. Jesús en su Ultima Cena no entregó pan a los que con Él estaban en torno a la mesa, sino una realidad distinta bajo las apariencias de pan: “Esto es mi cuerpo”. Y trasmitió a los Apóstoles que estaban allí el poder necesario para hacer lo que Él hizo en aquella ocasión: “Haced esto en memoria mía”. Al final de la cena también sucede algo de singular relevancia: “Del mismo modo el cáliz después de haber cenado, diciendo: _Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc 22,20 y par).
Los Apóstoles comprendieron que si antes habían asistido a la entrega de su cuerpo bajo las apariencias del pan, ahora les daba a beber su sangre en un cáliz. De este modo, la tradicón cristiana percibió en este recuerdo de la entrega por separado de su cuerpo y su sangre un signo eficaz del sacrificio que pocas horas después habría de consumarse en la cruz.
Además, durante todo ese tiempo, Jesús iba hablando con afecto dejando en el corazón de los Apóstoles sus últimas palabras. En el evangelio de San Juan se conserva la memoria de esa larga y entrañable sobremesa. En esos momentos se sitúa el mandamiento nuevo, cuyo cumplimiento será la señal distintiva del cristiano: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13,34-35).











