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Divino niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

En 1636, Nuestro Señor Jesucristo hizo una promesa a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento que se ha vuelto muy famosa: “Lo que sea que desee obtener, solicítelo por los méritos de mi infancia, y su solicitud será atendida”.

Los Padres Carmelitas y las Hermanas Carmelitas, siguiendo el ejemplo de sus santos fundadores, Santa Teresita y San Juan de la Cruz, se han propuesto propagar a donde lleguen, la devoción al Divino Niño Jesús, que consiste en honrar a los primeros 12 años de la infancia de Jesús en la tierra, y por los méritos de Jesús durante esos 12 años de infancia, para pedirle a Dios todas las gracias necesarias.

A continuación, te presentamos la Novena al Divino Niño Jesús para pedir por cualquier necesidad al Niño Dios.

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PRIMER DÍA

El Amor del Niño Jesús al Padre Celestial

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el primer día

“Y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. (Lucas 3,22)

El amor con el cual el Niño Jesús ama a Dios su Padre, es el amor más ardiente, el más puro, el más perfecto; un amor superior a todo lo que podamos imaginar. Él ama plenamente. Lo ama constantemente y sin interrupción.

Todo lo que ama, no lo ama sino por su Padre. Éste es, pues, el amor con el cual debo conformar el mío.

Oh dulcísimo Niño Jesús. Sólo Tú amas al Padre de los cielos con un amor infinito; pero con tu ayuda, quiero de aquí en adelante, amarlo con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con todo mi corazón. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesare, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

Oh dulce Jesús, Palabra eterna hecha carne, te damos gracias por haberte encarnado, por adoptar nuestra naturaleza humana para ennoblecerla y restaurarla.

En la creación del universo, manifestaste tu inmenso poder, pero ahora es toda la ternura de tu misericordia que muestras en la redención de la humanidad caída.

Tú, Señor, Todopoderoso, te conviertes en nuestro hermano para guiarnos de regreso a nuestro Padre. Sólo Tú Amor infinito podría haberte inspirado a inventar esas locuras amorosas.

Niño Jesús, ¿cómo podemos hacernos dignos de semejante maravilla de amor y abnegación?.

Yo, un pecador vil, intento elevarme por encima de todos, ¡mientras que Tú te aniquilas hasta el punto de ocupar el último lugar!. ¡Basta, oh mi Dios!. Quiero seguirte en el camino de Tus humillaciones por mi amorosa aceptación de todas las ocasiones en que este último lugar me será ofrecido por Tu Divina Providencia. Amén.

A continuación, te presentamos la Novena al Divino Niño Jesús para pedir por cualquier necesidad al Niño Dios.

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SEGUNDO DÍA

El celo del Niño por la Gloria de Dios

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el segundo día

“…Y el Niño Jesús les dijo: ¿Por qué me buscaban?. ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”. (Lucas 2,49)

Ninguna criatura ha deseado jamás con más ardor alguna cosa, como deseó el Niño Jesús glorificar a su Padre Celestial. Jesús vivió y se esforzó desde su más tierna edad, en hacerlo conocer, adorar, servir y amar; esta gloria era el único objeto de sus anhelos.

Por ello, a la edad de doce años, se quedó en el templo de Jerusalén, dialogando con los maestros de la Ley, sin que lo supieran sus padres.

¡Oh, mi querido Niño Jesús!. Enciende en mi alma ese fuego divino; destruye de mi corazón el amor propio y a de todo lo que no sea Dios o  Dios no se refiera, y que sólo conserve afectos para lo que puede serle agradable y procurarle gloria y amor. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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TERCER DÍA

Amor a María Santísima

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el tercer día

“María conservaba todas estas cosas dentro de sí, meditándolas en su corazón”. (Lucas 2,19)

Después del amor a su eterno Padre, es María, su Madre, el más ardiente y tierno amor del Niño Jesús, el dulce objeto de sus eternas complacencias. Ella es la virginal doncella que desde siempre eligió para madre suya, colmada desde el primer instante de su ser natural con la plenitud de todos sus dones y gracias divinas. Es la “llena de gracia”, porque está llamada a ser la Madre purísima del Verbo Encarnado. Por tanto, si queremos agradar al Divino Niño Jesús, amemos y honremos a María. ¡Oh mi amado Jesús Niño!, graba en mi alma la semejanza con tu querida Madre, y concédeme la gracia de encomendarme siempre a Ella y de amarla con los mismos sentimientos filiales de tu divino corazón. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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CUARTO DÍA

El amor del Niño Jesús a San José

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el cuarto día

“Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos”. (Lucas 2,51)

Ciertamente que el esposo de María no era el padre natural de Jesús, sino la sombra en la tierra de su Padre Celestial. Por ello, el Niño Jesús le profesó a José respeto, veneración y un filial amor. Amor que se manifestó especialmente en la obediencia. El Evangelio nos cuenta que “les estaba sujeto”. Con eso lo dice todo. Durante toda su vida oculta, Jesús es conocido como el “hijo del carpintero”. El ayudante capaz y laborioso en el taller de Nazaret, el hijo sumiso a las enseñanzas y normas de su padre legal, a quien llamó con el dulce nombre de papá.

En su infancia, José fue todo para Jesús: su guardián y custodio, pues, recién nacido, lo sabrá defender de Herodes y sus secuaces. Luego será su guía y maestro que lo inicia en la vida religiosa y social de Israel, que le enseña a leer las Sagradas Escrituras. José, como todo padre judío, supo enseñar a Jesús, desde muy niño, a orar con los salmos, como lo hacían todos los niños israelitas; con paciencia paternal lo fue introduciendo en los usos, costumbres y tradiciones del pueblo de Israel. Jesús supo retribuirle con inmenso amor y gratitud todos sus cuidados solícitos y estuvo junto a José “sometido a su autoridad paternal hasta que el Santo Patriarca tuvo la dicha de morir en los brazos de Jesús y María”. ¡Oh mi adorable Niño Jesús!. Regálame la gracia de amar intensamente a San José, el árbol que no dio fruto, pero sí la sombra que te cobijó en la tierra y ahora lo glorificas en el cielo. Que yo también tenga la gracia de pasar de este mundo a la eternidad, asistido por Ti y tu Madre Santísima. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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DÍA QUINTO

Amor a la humanidad

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el quinto día

“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”. (Juan 13,34)

Todas las acciones del Niño Jesús cuando vivía en Nazaret con su Santísima Madre y el patriarca San José, tuvieron por principio, después de la gloria de su Padre, el amor universal, el amor a los hombres. En efecto, este amor fue el que lo obligó a dejar su gloria para revestirse de nuestra pobre y mortal naturaleza, y llevar una vida oscura, sometida a extrema pobreza y a toda clase de privaciones, fatigas y persecuciones, hasta morir en una cruz, y todo lo aceptó y sufrió con gusto para hacernos eternamente felices.

¡Oh mi adorable Niño Jesús!. Tan amante y tan poco amado… Perdona mis olvidos y los del mundo ingrato que no piensa en Ti. Tú corazón dulcísimo que tanto ha amado a los hombres, sólo ha recibido de ellos ofensas e ingratitudes. Por este corazón herido por nuestros pecados, haz que en adelante no tenga corazón sino para amarte a Ti que eres mi único y sumo Bien. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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SEXTO DÍA

Sumisión del Niño Jesús a la voluntad del Padre

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el sexto día

“Jesús les respondió: Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra”. (Juan 4,34)

El Niño Jesús no tuvo jamás otro anhelo que el de cumplir la voluntad de Dios su Padre; a Él ofreció el sacrificio de su corazón, rendido en todo a su órdenes, y el sacrificio fue cumplido perfectamente hasta exhalar, por obediencia, el último aliento sobre la cruz. El Niño Jesús llamaba su alimento la obediencia a la voluntad del que lo había enviado.

¡Oh amabilísimo Niño Jesús, que eres la santidad y la bondad misma!. Te amo, y quiero constantemente estar unido a Ti. Deseo con todo mi corazón que tu santísima voluntad se cumpla en mí, en todos los instantes de mi vida. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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SEPTIMO DÍA

El amor del Niño Jesús al sufrimiento

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el séptimo día

“Jesús les respondió: Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. (Mateo 8,20)

El Niño Jesús, a quien se debe todo honor y amor en sumo grado, como el Unigénito del Padre que es, el Dios de la gloria, la inocencia y santidad misma, y que viniendo a la tierra pudo haber escogido una manera de vivir más feliz, según el mundo, con todo eso escogió para cuna un pesebre. Fue tan pobre mientras vivió que, en palabras suyas, “no tuvo dónde reclinar la cabeza”; toda su vida fue cruz y martirio perpetuo hasta morir entre las ignominias y los más crueles tormentos. Pero, el pensar que sus penas nos salvarías, le hizo no sólo soportable sino amable el padecer.

¡Oh amabilísimo Niño Jesús!, quiero por tu amor tener mi corazón dispuesto a hacer todos los sacrificios que exijas de mí, sabiendo que esos sacrificios que exijas de mí, sabiendo que esos sacrificios me purificarán el corazón y me acercarán a Ti. Jesús, mi dulce amor, hiere e inflama mi corazón para que siempre arda de amor por Ti.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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OCTAVO DÍA

Humildad del Niño Jesús

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el octavo día

“Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y así encontrarán alivio”. (Mateo 11,29)

El Niño Jesús fue humilde de corazón. Humilde en su nacimiento, humilde en su infancia, humilde en toda su vida, no queriendo ser reconocido sino como el hijo de un sencillo artesano, “el hijo del carpintero”. Más tarde, cargado de oprobios delante de los tribunales de Jerusalén, rodeado de verdugos y calumniadores, no permitió a su corazón el más ligero desahogo.

¡Oh Santísimo Niño Jesús, mi único Modelo, manso y humilde de corazón!. Dadme la gracia para que, a ejemplo tuyo, sea también manso y humilde de corazón en todas las penas, enfermedades y contrariedades que en adelante me sobrevengan. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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Divino Niño Jesús, Tú conoces todos nuestros pesares, y todo te lo confiamos, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

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NOVENO DÍA

La bondad y la dulzura del Niño Jesús

Muchos devotos de todo el mundo han pedido gracias a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido gracias admirables.

1.- Señal de la Cruz

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

3.- Oración Inicial

¡Oh Divino Niño Jesús!. Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales. Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena. Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

4.- Oración para el noveno día

“El Niño Jesús crecía y se fortalecía; estaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él”. (Lucas 2,40)

“Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres”. (Lucas 2,52)

La bondad y dulzura fueron siempre las principales características del Divino Niño. ¡Con qué encantadora bondad y dulzura recibió a los pastores en la gruta de Belén, y a los magos… y más tarde en Nazaret, era tan atractiva la celestial irradiación de su bondad y la celestial dulzura de su hermoso rostro y divina mirada, que cautivaba a cuantos le conocían, los cuales llenos de confianza y admiración se decían unos a otros: “Vayamos a ver al hijo de José y María”

Adorable Niño Jesús, mi único tesoro… dígnate, dulce Bien mío, derramar sobre mi corazón, con la unción de tu gracia, la dulzura y bondad de tus sentimientos divinos, y por los méritos infinitos de tu Santa Infancia, regálame la gracia de un día contemplar tu hermoso Rostro en el cielo. Amén.

Oremos: Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

5.- Oración final

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste al Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades. Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo…. (pedir la gracia que se desea obtener).

Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

“Divino Niño Jesús, bendícenos”. ( 7 veces)

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

6.- Gozos al Divino Niño Jesús

Oh sapiencia suma del Dios soberano que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino Infante ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias siempre recordemos que nos has salvado.

.  “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!”. Oh lumbre de oriente sol de eternos rayos que entre las tinieblas tú esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!.” Rey de las naciones Emmanuel preclaro de Israel anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ábrase los cielos y lleva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados el gran compromiso del amor cristiano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz de desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tú amor y tú paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

. “Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven no tardes tanto!. Ven Salvador nuestro por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Amen.

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PRIMER DÍA

Invocación

Divino Niño Jesús, que por la salvación del mundo, quisisteis nacer en un establo, y ser reclinado en un pesebre un poco de paja: tened piedad de mí.

María y José, rogad al Niño Jesús por mí.

Gloria al Padre…

El Verbo Eterno se hizo hombre.

¡Oh dulce Jesús!. Verbo Eterno hecho carne. Os agradezco por haberos encarnado, tomando la naturaleza humana a fin de elevarla y restaurarla. Pues, si en la creación habéis manifestado Vuestro poder, es toda la ternura a  Vuestra misericordia que habéis desplegado para la redención de las naturaleza caída. Os hacéis hombre, sujeto al sufrimiento. Os hacéis nuestro hermano para traernos de nuevo a nuestro Padre. Sólo Vuestro amor infinito pudo inspiraros tales locuras de amor.

Niñito Jesús, ¿cómo podré llegar a ser digno de tal prodigio de amor y de rebajamiento?. Yo, vil pecador, busco elevarme encima de todos, mientras que Vos, ¡os anonadáis hasta tomar el último puesto!. ¡Ya Señor!. Quiero seguiros en el camino de Vuestras humillaciones, aceptando con amor todas las circunstancias en que este último lugar me será presentado por Vuestra Providencia. Amén.

SEGUNDO DÍA

Invocación

Divino Niño Jesús, que por la salvación del mundo, quisisteis nacer en un establo, y ser reclinado en un pesebre sobre un poco de paja; tened piedad de mí.

María y José, rogad al Niño Jesús por mí.

Gloria al Padre…

El Verbo Eterno, siendo grande se hizo niño pequeño.

¡Oh dulce Jesús!. Verbo Eterno hecho carne. Os agradezco por haber escondido la grandeza de Vuestra Divinidad bajo las apariencias de un Niño pequeño. Como Príncipe de paz, venís para ser Mediador entre el hombre pecador y el Dios ofendido. Os volvéis para atraer nuestros corazones. Obedecéis para expiar. Frágiles pañales aprisionan Vuestra omnipotencia, para demostrar claramente que por la fuerza de Vuestra obediencia es que operáis la salvación del mundo.

Querido Niñito mío, quiero imitaros y volver a ser niño también, puesto que sólo así podré agradaros y entrar en Vuestro Reino. Envolved mi voluntad rebelde en los paños de Vuestra divina Voluntad, porque estoy resuelto a conformar mis deseos a los Vuestros con la docilidad de un niño pequeño. Por los méritos de Vuestra santa infancia, haced en adelante, que Vuestra Santa Voluntad sea la regla de todos mis deseos y de todas mis acciones. Amén.

 

Novena de Navidad


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Primer día

1.- Oración para comenzar

Benignísimo Dios de infinita caridad que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno, te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo, a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

Padre Nuestro.

2.- Oración para la familia

Señor, haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Has Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en  el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.

3.- Oración a la Virgen

Soberana María, te pedimos por todas la familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidad las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.

Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.

4.- Oración a San José

Santísimo San José, esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padre de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles con un esfuerzo continuo,  lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.

Padre Nuestro.

5.- Meditación del día

Vamos a afianzar nuestros valores de modo que la navidad sea lo que debe ser; una fiesta dedicada a la RECONCILIACIÓN. Dedicada al perdón generoso y comprensivo que aprenderemos de un Dios compasivo.

Con el perdón del Espíritu Santo podemos reconciliarnos con Dios y con los hermanos y andar en una vida nueva. Es la buena noticia que San Pablo exclamó en sus cartas, tal como leemos en su epístola a los Romanos 5.1-11. Vivir la Navidad es cancelar los agravios si alguien nos ha ofendido, y es pedir perdón si hemos maltratado a los demás.

Así, del perdón nace la armonía y construimos esa paz que los ángeles anuncian en Belén: paz en la tierra a los hombres que aman al Señor y se aman entre sí. Los seres humanos podemos hacernos daño con el odio o podemos ser felices en un amor que reconcilia. Y esa buena misión es para cada uno de nosotros: ser agentes de reconciliación y no de discordia, ser instrumento de paz y sembradores de hermandad.

6.- Oración al niño Dios

Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro Padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro Hermano.

Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.

Gloria al Padre.

7.- Gozos

Dulce Jesús mío, mi Niño adorado. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino infante, ven para enseñarse la prudencia que hace verdaderos sabios.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto.

-Niño del pesebre, nuestro Dios y Hermano, Tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias, siempre recordemos que nos has salvado.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado.¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Oh lumbre de oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, Pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ábrase los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado; luce hermosa estrella, brota flor del campo.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados, el gran compromiso del amor cristiano.

Dulce Jesús mío, ni niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Del débil auxilio, del doliente amparo; consuelo del triste, luz del desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado; mi constante amigo, mi divino hermano.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tu amor y tu paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ven Salvador nuestro por quien suspiramos. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

 

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Segundo día

1.- Oración para comenzar

Benignísimo Dios de infinita caridad que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno, te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo, a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

Padre Nuestro.

2.- Oración para la familia

Señor, haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Has Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en  el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.

3.- Oración a la Virgen

Soberana María, te pedimos por todas la familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidad las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.

Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.

4.- Oración a San José

Santísimo San José, esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padre de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles con un esfuerzo continuo,  lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.

Padre Nuestro.

5.- Meditación del día

Segundo día dedicado a la COMPRESIÓN. Compresión es una nota distintiva de todo verdadero amor.

Podemos decir que la Encarnación de un Dios que se hace hombre puede leerse en clave de ese gran valor llamado compresión. Es un Dios que se pone en nuestro lugar, que rompe las distancias y comparte nuestros afanes y nuestras alegrías. Es gracias a ese amor comprensivo de un Dios padre que somos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Dios, como afirma San Juan, nos muestra la grandeza de su amor y nos llama a vivir como hijos suyos. Leer la primera carta de Juan 3,1-10. Si la verdad actuamos como hijos de Dios no imitamos a Caín si no que “damos la vida por hermanos” (3,16).

Con un amor comprensivo somos capaces de ver las razones de los demás y ser tolerantes con sus fallas.

Si la NAVIDAD nos torna compresivos en una excelente Navidad.

Feliz Navidad es aprender a ponernos en el lugar de los demás.

6.- Oración al niño Dios

Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro Padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro Hermano.

Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.

Gloria al Padre.

7.- Gozos

Dulce Jesús mío, mi Niño adorado. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a nivel de un niño te hayas rebajado. Oh Divino infante, ven para enseñarse la prudencia que hace verdaderos sabios.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto.

-Niño del pesebre, nuestro Dios y Hermano, Tú sabes y entiendes del dolor humano; que cuando suframos dolores y angustias, siempre recordemos que nos has salvado.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado.¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Oh lumbre de oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos, Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, Pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca ya el cordero manso.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ábrase los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven hermoso niño, ven Dios humanado; luce hermosa estrella, brota flor del campo.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Tú te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí congregados, el gran compromiso del amor cristiano.

Dulce Jesús mío, ni niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Del débil auxilio, del doliente amparo; consuelo del triste, luz del desterrado. Vida de mi vida, mi sueño adorado; mi constante amigo, mi divino hermano.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ven ante mis ojos de ti enamorados, bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos y aún más que mis frases te dice mi llanto.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tu amor y tu paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.

Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

-Ven Salvador nuestro por quien suspiramos. ¡Ven a nuestras almas!. ¡Ven, no tardes tanto!.

 


Hoy 13 de Diciembre celebramos el día de Santa Lucía, invocada en las enfermedades de los ojos y considerada como protectora de la vista.

ORACIÓN

Bendita Santa Lucía, tu que eres poderosa protectora de nuestra vista, recurrimos a ti llenos de confianza, para que mantengas sanos nuestros ojos; para que podamos ver bien el camino justo que nos conduce a Dios. Que seamos un instrumento fiel que haga ver la verdad a nuestros hermanos, y así se ilumine el mundo entero con la palabra de salvación. Que todo lo que por nuestros ojos entre sea para dar gloria a Dios, ya que deseamos encontrarnos un día en el cielo y poder ver al Señor, para alabarlo y glorificarlo por los siglos de los siglos. Amén.

LA VIDA DE SANTA LUCIA

Es muy antigua la devoción a Santa Lucía tanto en el oriente como en el occidente. Su nombre figura en el canon de la misa romana, lo que probablemente se debe al Papa Gregorio Magno.

Santa Lucía nació en Siracusa, Italia, de padres nobles y ricos y fue educada en la fe cristiana.

Perdió a su padre durante su niñez.

Se consagró a Dios siendo muy joven, pero mantuvo en secreto su voto de castidad.

Su madre, que se llamaba Eutiquia, la exhortó a contraer matrimonio con un joven pagano. Lucía persuadió a su madre de que fuese a Catania a orar ante la tumba de Santa Agata para obtener la curación de unas hemorragias. Ella misma acompañó  a su madre, y Dios escuchó sus oraciones. Entonces, la santa dijo a su madre que deseaba consagrarse a Dios y repartir su fortuna entre los pobres. Llena de gratitud por el favor del cielo, Eutiquia le dio permiso. El pretendiente de Lucía se indignó profundamente y delató a la joven como cristiana ante el pro-consul Pascasio. La persecución de Diocleciano estaba entonces en todo su furor.

El juez la presionó cuanto pudo para convercerla a que negar de la fe cristiana. Ella le respondió: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”.

El juez le preguntó: “Y si la sometemos a torturas, ¿será capaz de resistir?”.

La jovencita respondió:  “Si, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos el Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor”.

El juez entonces la amenazó con llevarla a una casa de prostitución para someterla a la fuerza a la ignominia. Ella le respondió: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma es consciente”. Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Iglesia, admiraba esta respuesta de Santa Lucía. Corresponde con un profundo principio de moral: No hay pecado si no se consiente al mal.

No pudieron llevar a cabo la sentencia pues Dios impidió que los guardias pudiesen mover a la joven del sitio en que se hallaba. Entonces, los guardias trataron de quemarla en la hoguera, pero también fracasaron. Finalmente, la decapitaron. Pero aún con la garganta cortada, la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra “amén”.

Aunque no se puede verificar la historicidad de las diversas versiones griegas y latinas de las actas de Santa Lucía, está fuera de duda que, desde antiguo, se tributaba culto a la Santa de Siracusa. En el siglo VI, se le veneraba ya también en Roma entre las vírgenes y mártires más ilustres. En la Edad Media se invocaba a la Santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz. Ello dio origen a varias leyendas, como la de que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos y ella recobró la vista.

Cuando ya muchos decían que Santa Lucí es pura leyenda, se probó su historicidad con el descubrimiento, en 1894, de la inscripción sepulcral con su nombre en las catacumbas de Siracusa. Su fama puede haber sido motivo para embelezar su historia pero no cabe duda de que la Santa vivió en el siglo IV.

El nombre de Lucía significa “luz”. Dante Alighieri en la Divina Comedia, atribuye a Santa Lucía el papel de gracia iluminadora.

Santa Lucia



ORACIÓN

Oh Dios, nuestro Creador y Redentor, escucha nuestras plegarias con misericordia al venerar Tu sierva Santa Lucía, por la luz de la fe que derramaste sobre ella.

Con tu bondad, danos la capacidad de aumentar y preservas esa misma luz en nuestras almas, para que podamos evitar el mal, hacer el bien y aborrecer la ceguera y la obscuridad producto del mal y del pecado.

Confiando en Tu bondad, Oh Dios, humildemente te pedimos, por la intercesión de Tu sierva Santa Lucía, que nos brindes perfecta visión a nuestros ojos, para que puedan servir a Tu honra y gloria, y por la salvación de nuestra alma en este mundo para gozar de la luz perenne del Cordero de Dios en el Paraíso.

Santa Lucía, Virgen y mártir, escucha nuestras plegarias y atiende nuestras peticiones. 

Amén.


Maravillosa Oración a la Virgen de Guadalupe de Juan Pablo II

Durante el primer viaje apostólico, San Juan Pablo II, visitó el Santuario de Guadalupe en Enero de 1979, esta peregrinación ha guiado a sus siguientes viajes realizados en su pontificado. El propósito del viaje fue reforzar los vínculos espirituales que unen en una sólo Iglesia a hombres de diferentes naciones. Durante esta visita él realiza una oración a la Virgen de Guadalupe.

ORACIÓN

¡Oh Virgen de Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!.

Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a Tí, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y las prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia: No nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.

Virgen Santa Maria, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión; enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a ÉL, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

San Juan Pablo II

México, Enero de 1979

 

 


 

VIRGEN DE GUADALUPE


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VIRGEN DE GUADALUPE

Festividad 12 de Diciembre

CARTA DE DIOS


CARTA DE DIOS

Tú que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Cuenta con tus dones y talentos. Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien si te lo propones y te llenas de entusiasmo. Y sobre todo, si te das cuenta de toda la felicidad que puedes conseguir con solo desearlo.

Eres mi creación más grande. ¡Eres mi milagro!.

No temas: comienza un nueva vida.

No te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te deprimas. ¿Cómo puedes temer si eres milagro?. 

Estas dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del universo.

¡Eres ÚNICO!. Nadie es igual a ti. Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo y seguir siempre adelante, hasta el fin, simplemente porque eres libre.

En ti esta el poder de no atarte a las cosas.

Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyeras con las tonterías.

Te di el poder de PENSAR. Te di el poder de IMAGINAR. te di el poder de AMAR. Te di el poder de CURAR. Te di el poder de DETERMINAR. te di el poder de PLANIFICAR. Te di el poder de REIR. Te di el poder de HABLAR. Te di el poder de ORAR… y te situé por encima de los Ángeles, cuando te di el poder de elección. Te di el poder de elegir tu propio destino usando tu voluntad.

¿Qué has hecho de esas tremendas fuerzas que te di?.

¡No importa!. De hoy en adelante, olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de ELECCION.

Elige AMAR, en  lugar de ODIAR.

Elige REIR, en lugar de LLORAR.

Elige CREAR. en lugar de DESTRUIR.

Elige ALABAR, en lugar de CRITICAR.

Elige PERSEVERAR, en lugar de RENUNCIAR.

Elige ACTUAR, en lugar de APLAZAR.

Elige CRECER, en lugar de CONSUMIRTE.

Elige VIVIR, en lugar de MORIR.

Elige BENDECIR, en lugar de BLASFEMAR.

…Y, aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida.

Crece cada día un poco más en el optimismo y la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derrota.

Yo estoy a tu lado siempre: LLÁMAME, BÚSCAME, ACUÉRDATE DE MI.

Vivo en ti desde siempre y siempre te estoy esperando para amarte.

Si has de venir hacia mi algún día… ¡Que sea en este momento!.

Cada instante que vivas en mí, es un instante que pierdes paz.

¡Trata de volverte niño: simple, inocente, generoso, con capacidad de asombro y capacidad para convertirte ante la maravilla de sentirte humano!.

Porque puedes conocer mi amor, puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor… ¡No te olvides que eres el milagro!. Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú… aprendas a reír… eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente, contagiando esperanza y optimismo sin temor, por que.. YO ESTOY A TU LADO.

Dios.


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Novena a la Virgen de Guadalupe

Primer día

(4 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Primer día

“¡Oh Santísima Señora de Guadalupe!. Esa corona con que ciñes tus sagradas sienes publica que eres Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como Madre y como Esposa del Altísimo tienes absoluto poder y justísimo derecho sobre todas las criaturas. 

Siendo esto así, yo también soy tuyo; también pertenezco a ti por mil títulos; pero no me contento con ser tuyo; también pertenezco a ti por mil títulos; pero no me contento con ser tuyo por tan alta jurisdicción que tienes sobre todos; quiero ser tuyo por otro título más, esto es, por elección de mi voluntad.

Ved que, aquí postrado delante del trono de tu Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y con este motivo quiero doblar el señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero depender de ti y quiero que los designios que tiene de mí la Providencia divina, pasen por tus manos. Dispón de mi como te agrade; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Confío en tu benignidad, que todos se enderezarán al bien de mi alma y honra y gloria de aquel Señor que tanto complace al mundo. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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Novena a la Virgen de Guadalupe

Segundo día

(5 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Segundo día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe!. ¡Qué bien se conoce que eres Abogada nuestra en el tribunal de Dios, pues esas hermosísimas manos que jamás dejan de beneficiarnos las juntas ante el pecho en ademán de quien suplica y ruega, dándonos con esto a ver que desde el trono de gloria como Reina de los Ángeles y hombres haces también oficio de abogada, rogando y procurando a favor nuestro. ¿Con qué afectos de reconocimiento y gratitud podré pagar tanta fineza?. Siendo que no hay en todo mi corazón suficiente caudal para pagarlo.

A tí recurro para que me enriquezcas con los dones preciosos de una caridad ardiente y fervorosa, de una humildad profunda y de una obediencia pronta al Señor.

Esfuerza tus súplicas, multiplica tus ruegos, y no ceses de pedir al Todopoderoso me haga suyo y me conceda ir a darte las gracias por el feliz éxito de tu intermediación en la gloria. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Tercer día

(6 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Tercer día

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe!. ¿Qué puedo creer al verte cercada de los rayos del sol, sino que estás íntimamente unida al Sol de la Divinidad, que no hay en tu casa ninguna cosa que no sea luz, que nos sea gracia y que nos sea santidad!.

¡Qué puedo creer sino que Dios te tiene siempre en su Corazón!. Sea para bien, Señora, tan alta felicidad.

Yo, entre tanto, arrebatado del gozo que ello me causa, me presento delante del trono de tu soberanía, suplicándote te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con su luz mi entendimiento; enciende con su luz mi volunda.

Haz que acabe yo de persuadirme de que vivo engañado todo el tiempo que no empleo en amarte ti y en amar a mi Dios: haz que acabe de persuadirme que me engaño miserablemente cuando amo alguna cosa que no sea mi Dios y cuando no te amo a Ti por Dios. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Cuarto día

(7 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Cuarto día

¡Oh Santísima María de Guadalupe!. Si un ángel del cielo tiene por honra tan grande suya estar a tus pies y que en prueba de su gozo abre los brazos y extiende las alas para formar con ellas repisa a tu Majestad, ¿qué deberé yo hacer para manifestar mi veneración a tu persona, no ya la cabeza, ni los brazos, sino mi corazón y mi alma para santificándola con tus divinas plantas se haga trono digno de tu soberanía?.

Dígnate, Señora, de admitir este obsequio; no lo desprecies por indigno a tu soberanía, pues el mérito que le falta por mi miseria y pobreza lo recompenso con la buena voluntad y deseo.

Entra a registrar mi corazón y verás que no lo mueven otras alas sino las del deseo de ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo. Forma trono de mi corazón, y ya no se envilecerá dándole entrada a la culpa y haciéndose esclavo demonio. Haz que no vivan en él sino Jesús y María. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Quinto día

(8 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Quinto día

¿Qué correspondía a quien es un cielo por su hermosura, sino uno lleno de estrellas?. ¿Con qué podía adornarse una belleza toda celestial, sino con los brillos de unas virtudes tan lúcidas y tan resplandecientes como las tuyas?.

Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir en tu hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y gala tan brillante y rica con humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera que mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi corazón no se dejara arrastrar en otro afecto que no sea el amor tuyo.

No podré lograr este deseo si esos resplandecientes astros con que estás adornada no infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que ame de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Ti, como objeto digno de que lo amemos todos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Sexto día

(9 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Sexto día

¿Qué correspondía a quien es un cielo por su hermosura, sino uno lleno de estrellas?. ¿Con qué podía adornarse una belleza toda celestial, sino con los brillos de unas virtudes tan lúcidas y tan resplandecientes como las tuyas?.

Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir en ti hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y gala tan brillante y rica con humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera que mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi corazón no se dejara arrastrar en otro afecto que no sea el amor tuyo.

No podré lograr este deseo si esos resplandecientes astros con que estás adornada no infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que ame de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Ti, como objeto digno de que lo amemos todos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Séptimo día

(10 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Séptimo día

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe!. Nada, nada veo en perfecciones de que te dotó el Señor a tu alma inocentísima. Ese lienzo grosero y despreciable; ese pobre pero feliz ayate en que se ve estampada tu singular belleza, dan claro a conocer la profundísima humildad que le sirvió de cabeza y fundamento a tu asombrosa santidad.

No te desdeñaste de tomar la pobre tilma de Juan Diego, para que en ella estampase tu rostro, que es encanto de los ángeles, maravilla de los hombres y admiración de todo el universo. Pues, ¿cómo no he de esperar yo de tu benignidad, que la miseria y pobreza de mi alma no sean embarazo para que estampes en ella tu imagen graciosísima?.

Yo te ofrezco las telas de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus manos y no lo dejes jamás, pues mi deseo es que no se emplee en otra cosa que en amarte y amar a Dios. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena a la Virgen de Guadalupe

Octavo día

(11 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Octavo día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe!. ¡Qué misteriosa y qué acertada estuvo la mano del Artífice Supremo, bordando tu vestido con esa orla de oro finísimo que le sirve de guarnición!. Aludió sin duda a aquel finísimo oro de la caridad y del amor de Dios con que fueron enriquecidas tus acciones. Y ¿quién duda, Señora, que esa tu encendida caridad y amor de Dios estuvo siempre acompañada del amor al prójimo y que no, por verte triunfante en la patria celestial, te has olvidado de nosotros?.

Abre el seno de tus piedades a quien es tan miserable; dale la mano a quien caído te invoca para levantarse; tráete la gloria de haber encontrado en mí una misericordia proporcionada, más que todas, a tu compasión y misericordia. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Novena de la Virgen de Guadalupe

Noveno día

(12 de Diciembre)

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice lo siguiente:

Acto de contricción

“Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén”.

Hágase la petición…

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Oración del Noveno día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe!. ¿Qué cosa habrá imposible para Ti, cuando multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la grosería del ayate le sirven de embarazo para formar tan primoroso tu retrato, ni la voracidad del tiempo en más de cuatro siglos ha sido capaz de destrozarle ni borrarle?.

¿Qué motivo tan fuerte es este para alentar mi confianza y suplicarte que abriendo el seno de tus piedades, acordándote del amplio poder que te dio la Divina Omnipotencia del Señor, para favorecer a los mortales, te dignes estampar en mi alma la imagen del Altísimo que han borrado mis culpas!.

No embarco a tu piedad la grosería de mis perversas costumbres, dígnate solo mirarme, y ya con esto alentaré mis esperanzas; porque yo no puedo creer que si me miras no se  conmuevan tus entrañas sobre el miserable de mí. Mi única esperanza, después de Jesús, eres Tú, Sagrada Virgen María. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 

PRIMER VIERNES DE MES


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PRIMER DÍA

Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica (Gn. 3,9-15)
Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”, Este contestó: “Te oí caminar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo: por eso me escondí”. Dios le replicó: “¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo?. Acaso comiste del árbol del que te prohibí comer?”. Dijo el hombre: “La mujer que me diste por compañera me dió del árbol y comí”. Dios le dijo entonces a la mujer:”¿Por qué lo hiciste?”. Contestó la mujer: “La serpiente me engañó y comí”. Entonces Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, serás maldita entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Caminarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él aplastará tu cabeza, mientras tu le atacarás el talón”.
PALABRA DE DIOS.
Oración para el primer día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo redentor nuestro!. Así como preservaste a María del pecado original en su Inmaculada Concepción y a nosotros nos hiciste el gran beneficio de librarnos de él por medio de tu santo Bautismo, así te rogamos humildemente nos concedas la gracia de portarnos siempre como buenos cristianos, regenerados en Tí. Amén.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
SEGUNDO DIA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (Est.15,4-7,12-13. 9.10,5,3. 7.3,4)
Al terminar la oración, Esther se vistió con todo lujo. Luego, invocando al Dios y salvador que vela sobre todos, marchó con el rostro alegre, pero con el corazón angustiado. Atravesó todas las puertas, hasta quedar de pie ante el rey. Este levantó la cabeza y miró a Esther. La reina palideció, se apoyó en el hombro de una doncella y se desmayó. El rey entonces se inquietó; saltó de su trono y tomó a Esther en sus brazos preguntándole: “Qué te pasa, reina Esther?. Pídime lo que sea y te daré hasta la mitad de mi reino”. La reina Esther respondió: “Si he encontrado gracia a tus ojos, perdóname mi vida y la de mi pueblo. Eso es lo que quiero y lo que te pido”. El rey extendió hacia Esther el centro de oro y ella se levantó y quedó en pie ante el rey.
PALABRA DE DIOS.
Oración del segundo día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como preservaste a María de todo pecado mortal en toda su vida y a nosotros nos das gracia para evitarlo y el sacramento de la confesión para remediarlo, así Te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de no cometer nunca pecado mortal, y si incurrimos en tan terrible desgracia, la de salir de él cuanto antes, por medio de una buena confesión.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
TERCER DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (Lc.1,26-38)
Dios envió al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José de la familia de David: el nombre de la Virgen era María. El ángel le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está Contigo”. Ella se turbó y pensaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su antepasado. Reinará sobre la casa de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin”.
María entonces dijo al ángel: “¿Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre?”. Contestó al ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre Tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso tu hijo será Santo y con razón lo llamarán hijo de Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la esclava del Señor. Hágase en mí, según tu palabra”. 
PALABRA DE DIOS.
Oración del tercer día
¡Oh santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como preservaste a María de todo pecado venia en toda su vida, y a nosotros nos pides que purifiquemos más y más nuestras lamas, para ser dignos de Ti, así Te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de evitar los pecados veniales y de procurar y obtener cada día más pureza y delicadez de conciencia.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
CUARTO DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura Bíblica. (Lc. 1,46-55)
María dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su Nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace maravillas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre”.
PALABRA DE DIOS.
Oración del cuarto día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como libraste a María del pecado y le diste dominio perfecto sobre todas sus pasiones, así Te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de ir domando nuestras pasiones y destruyendo nuestras malas inclinaciones, para que Te podamos servir con verdadera libertad de espíritu y sin imperfección ninguna.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
QUINTO DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura Bíblica. (Jn. 2,1-11)
Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la Madre de Jesús. Fue invitado a la boda Jesús con sus discípulos. El vino faltó y le dijo a Jesús su Madre: “No tienen vino”. Jesús contesta: “Mujer, ¿cómo se te ocurre?. Todavía no ha llegado mi hora”. Su madre, sin embargo, dijo a los servidores: “Hagan todo lo que Él les diga”. Jesús les dice: “llenen las tinajas de agua”. Los sirvientes las llenaron hasta el borde. Entonces Jesús les dijo: “Saquen ahora y llévenle a mayordomo para que lo pruebe”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino y como él no sabía de dónde era, llamó al novio y le dijo: “Todos sirven primero el vino bueno y después el peor, pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora”. Así Jesús comenzó sus signos y manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
PALABRA DE DIOS.
Oración del quinto día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como desde el primer instante de su Concepción diste a María más gracia que a todos los Santos y Ángeles del cielo, así te rogamos humildemente por intercesión de tu Madre Inmaculada nos inspires un aprecio singular de la divina gracia que tú nos adquiriste con tu sangre y nos concedas el aumentarla más y más con nuestras buenas obras y con la recepción de tus santos sacramentos, especialmente el de la comunión.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
SEXTO DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (Ef. 1,3-ó.11-12)
Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que por Él nos ha bendecido desde el cielo con toda bendición del Espíritu.
Porque nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia por el amor; destinándonos ya entonces a ser adoptados por hijos suyos por medio de Jesucristo, conforme a su querer y a su designio, a ser un himno a su gloriosa generosidad.
A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, para que nosotros alabanza de su gloria.
PALABRA DE DIOS.
Oración del sexto día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como desde el primer instante infundiste en María, con toda plenitud, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo, así Te suplicamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas a nosotros la abundancia de estos mismos dones y virtudes, para que podamos vencer todas las tentaciones y hagamos muchos actos de virtud dignos de nuestra profesión de cristianos.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
SEPTIMO DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (Lc. 11,27-28)
Sucedió, pues, que mientras Jesús hablaba a la muchedumbre, una mujer de entre la gente le digo gritando: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”.
Jesús repuso: “Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. 
PALABRA DE DIOS.
Oración del Séptimo día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como diste a María, entre las demás virtudes, una pureza y castidad eximia, por la cual es llamada Virgen de las Vírgenes, así te suplicamos, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la dificilísima virtud de la castidad, que nos se puede conservar sin tu gracia, pero que tantos han conservado mediante la devoción de la Virgen y tu protección.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.
OCTAVO DÍA
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (AP. 12,1-6.10.17)
Apareció una señal portentosa en el cielo. Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal y coronada con doce estrellas. Estaba en cinta y gritaba porque iba a dar a luz.
Apareció otro portento en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió el cielo la tercera parte de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño en cuanto naciera.
La mujer dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. El niño fue arrebatado y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto, la mujer escapaba al desierto.
Se oyó una gran voz: Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mesías.
Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de sus descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. 
PALABRA DE DIOS.
Oración del octavo día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como diste a María la gracia de una ardentísima caridad y amor de Dios sobre todas las cosas, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas un amor sincero a ti, oh Dios y Señor nuestro, nuestro verdadero bien, nuestro bienhechor, nuestro Padre, y que antes queramos perder todas las cosas que ofenderte con un solo pecado.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.

NOVENO DÍA

 Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén. 
Oración preparatoria
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A tí, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.
No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.
Lectura bíblica. (Ecco. 24, 5-6.14.24.30-31) 
Yo salí de la boca del Altísimo engendrada primero que existiese ninguna criatura. Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente y como nube cubrí toda la tierra. Desde el principio y antes de los siglos fui creada y no dejaré de existir en todos los siglos venideros. Yo soy la Madre del amor hermosos y del temor y de la ciencia y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad; en mí toda esperanza de vida y de virtud. Vengan a mí todos los que me desean y sáciense de mis frutos. El que me escucha, jamás tendrá que avergonzarse; aquellos que se guían por mí, no pecarán. Los que me dan a conocer tendrán la vida eterna. 
PALABRA DE DIOS.
Oración del noveno día
¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro!. Así como has concedido a María la gracia de ir al cielo y de ser en él colocada en el primer lugar después de ti, así te suplicamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas una buena muerte, que recibamos bien los últimos sacramentos, que expiremos sin mancha ninguna de pecado en la conciencia y vayamos al cielo para siempre gozar en tu compañía y la de nuestra Madre, con todos los que se han salvado por ella.
(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario).
Letanías a la Virgen
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración final
Bendita sea tu pureza, y eternamente los sea,  pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A tí, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día: Alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión!. ¡No me dejes, madre mía!. Amén.

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Oración para dar gracias a la DIVINA PROVIDENCIA el día primero de cada mes.

¡Oh Divina Providencia!. ¡Concédeme tu clemencia y tu infinita bondad!.

Arrodillado a tus plantas, a Ti caridad portento. Te pido para los míos: casa, vestido y sustento. Concédeles la salud, llévalos por buen camino.

Que sea siempre la virtud la que los guíe en su destino. Tú eres toda mi esperanza. Tú eres el consuelo. En lo que a mi mente alcanza, en Tí creo, en Tí espero en Tí confío. 

Divina Providencia se extiende a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

Divina Providencia, que riges los destinos del mundo, sin cuya voluntad no se mueve la hoja de un árbol, y cuya solicitud viste a los lirios del campo y no desampara ni al más pequeño gusano: míranos con ojos de misericordia y guárdanos siempre bajo tu paternal cuidado.

Derrama sobre nosotros y sobre los nuestros, presentes y ausentes, sobre nuestro hogar, sobre nuestra familia, sobre nuestra casa, sobre nuestros bienes, proyectos y trabajos, la eficacia de tus bendiciones y favores.

Danos el pan, el techo, el abrigo y la salud, provee a todas nuestras necesidad del cuerpo y del alma. Conserva la unión, La Paz y tranquilidad entre nuestra familia; procúranos el trabajo honrado y suficiente para satisfacer las necesidades nuestras y las de aquellos que nos han confiado.

Apártanos del mal; defiéndenos en los peligros. Protege nuestra honra, presérvanos del pecado. Asístenos en toda hora, principalmente en el trance de la muerte. Guíanos en la vida y más tarde recíbenos en la eternidad.

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

Encomendamos a tu Providencia Divina a todos los Enfermos, dales la salud. Te rogamos por los Agonizantes, no permitas que mueran sin tu auxilio.

Ten Misericordia, Oh Providencia Divina, de todas las almas del Purgatorio, en especial de nuestros familiares, bienhechores y amigos, haz que pronto gocen de la felicidad eterna.

Te pedimos por todos los que viajan, haz que regresen felices a sus hogares.

Te pedimos que concedas el Arrepentimiento a los que viven en pecado por todos los que se encuentran agobiados por las aflicciones o sufren calumnias o se encuentran perseguidos, te rogamos no les niegues tu ayuda, haz que se sientan protegidos y consolados por tú Providencia Divina.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

¡Oh Providencia Divina!. Te pedimos humildemente que te compadezcas de todos los que no tienen Trabajo, mira sus necesidades, dales tu ayuda.

¡Oh Providencia Divina!. Te rogamos por todos los que no tienen Hogar, concédeles un techo que los cobije.

Te suplicamos en favor de todos los que padecen: Hambre, dales el pan que les alimente.

Te rogamos también por todas las Viudas y todos los Huérfanos, se Tú, Providencia Divina, su amparo y su consuelo.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

¡Oh Providencia Divina!. Te rogamos por nosotros mismos, Divina Providencia que conoces lo más íntimo de nuestros corazones, Tú que conoces todas nuestras necesidades, de nuestros males espirituales y temporales, por esos humildemente y con toda confianza, te pedimos que vengas en nuestro auxilio, líbranos de las tentaciones y las acechanzas del demonio, líbranos de todos aquellos que quieran ocasionarnos algún mal.

Te rogamos Oh Providencia Divina que bendigas nuestro hogar, que bendigas nuestro trabajo, y que nunca nos falte tu protección y amparo en todos los días de nuestra vida.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento, ni Los Santos Sacramentos en el último momento. (3 veces).

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ORACIÓN POR LAS ALMAS MÁS ABANDONADAS

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¡Jesús, por el amor de la agonía que Tú soportaste durante el temor a la muerte en el Huerto de Getsemaní, en la flagelación y coronación, en el camino al Monte Calvario, en tu crucifixión y en tu muerte, ten piedad de las Almas del Purgatorio y especialmente de aquellas que están totalmente olvidadas!.

¡Líbralas de sus amargos dolores, llévalas a Tí y envuélvelas con tus brazos en el cielo!.

Padrenuestro. Avemaría.

Señor, concédeles el descanso eterno y brille para ellas La Luz que no tiene fin.

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SAN MARTÍN DE PORRES


¡Oh San Martín!.

Si en la tierra vivías sólo para Dios y tus semejantes,

hoy que te hallas ya junto al trono de la misericordia, 

puedes disponer mejor de sus tesoros.

Si aquí conocías dónde estaba la necesidad para remediarla,

mejor la ves desde el cielo donde moras.

No defraudes las esperanzas de los que deseamos verte ensalzado en la tierra

y alcánzanos lo que te pedimos. Amén.

 

 

 

 


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28 de Octubre 

San Judas Tadeo Apóstol

NOMBRE

Se suele considerar junto con Simón Cananeno o Zelotes porque en la lista de los Doce siempre aparecen juntos (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; He 1,13). Además las noticias que se refieren a ellos no son muchas, exceptuando el hecho de que el canon del Nuevo Testamento conserva una Carta atribuida a Judas Tadeo.

Era hermano de San Santiago el menor, así como de Simón y de un José, a quien se les llama hermanos de nuestro Señor. (Mt 13,55).

Es llamado así por la tradición uniendo dos nombres diverso: mientras Mateo y Marcos lo llaman simplemente “Tadeo” (Mt 10,3; Mc 3,18), Lucas lo llama  “Judas de Santiago” (Lc 6,16; He 1,13). No se sabe a ciencia cierta de dónde viene el sobre nombre Tadeo y se explica como proveniente del arameo taddà, que quiere decir “pecho” y por tanto significaría “magnánimo”, o como una abreviación de un nombre griego como “Teodoro, Teódoto”.

Se sabe poco de él. Sólo San Juan señala una petición que hizo a Jesús durante la última Cena. Tadeo le dice al Señor: “Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?”. Es un cuestión de gran actualidad; también nosotros preguntamos al Señor: ¿por qué el Resucitado no se ha manifestado en toda su gloria a sus adversarios para mostrar que el vencedor es Dios?. ¿Por qué sólo se manifestó a sus discípulos?. La respuesta de Jesús es misteriosa y profunda. El Señor dice: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,22-23). Esto quiere decir que al Resucitado hay que verlo y percibirlo también con el corazón, de manera que Dios pueda poner su morada en nosotros. El Señor no se presenta como una cosa. Él quiere entrar en nuestra vida y por eso su manifestación implica y presupone un corazón abierto. Solo así vemos al Resucitado.

A Judas Tadeo se le atribuye la autoría de una de las cartas del Nuevo Testamento que se suelen llamar “católicas” por no estar dirigidas a una Iglesia local determinada, sino a un círculo mucho más amplio de destinatarios. En ella se presenta así mismo como “servidor de Jesucristo”, y “hermano de Santiago” (el Menor), (Jds 1,1). Se dirige “a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo” (v.1). Esta carta tiene como preocupación central alertar a los cristianos ante todos los que toman como excusa la gracia de Dios para disculpar sus costumbres depravadas y para desviar a otros hermanos con enseñanzas inaceptables, introduciendo divisiones dentro de la Iglesia “alucinados en sus delirios” (Jds. 8), que es como define Judas esas doctrinas e ideas particulares. Los compara incluso con los ángeles caídos y, utilizando palabras fuertes, dice que “se han ido por el camino de Caín” (Jds.11). Además sin reticencias los tacha de “nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos, arrancados de raíz; son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre” (Jds 12-13).

La carta, hablándonos a todos nosotros, prosigue así: “Pero vosotros queridos edificándoos sobre vuestra santísima Fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A los que vacilan, tratad de convencerlos…” (Jds 20-22). La carta concluye con estas bellísimas palabras: “Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaos sin tacha ante su gloria con alegría, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén. (Jds 24-25).

No se conoce cuándo y cómo se convirtió en discípulo de Cristo, al no decirse nada de él en los Evangelios antes de que lo encontremos enumerado en el catálogo de los Apóstoles. Después de la Ascensión de nuestro Señor y la bajada del Espíritu Santo, San Judas partió para expulsar al príncipe de las tinieblas de su trono usurpado.

RELIQUIAS DE JUDAS TADEO

Según la tradición -que es más bien tardía, y que fue recogida desde el siglo VIII en el Martirologio Romano- predicó el Evangelio en Mesopotamia y luego marchó con Simón a Persia, donde ambos sufrieron juntos el martirio. San Paulinus dice que San Judas Tadeo implantó la Fe en Libia.

SÍMBOLOS

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones, que el Señor la exhortó a invocar a este apóstol con confianza. Actualmente la devoción a San Judas Tadeo es muy viva en la piedad popular, ya que se le atribuye la ayuda en trances desesperados. Se le representa a veces con una imagen de Cristo en el pecho, a causa de su parentesco con el Señor, de quien -según la tradición- era muy parecido. Otro atributo más clásico es la maza, supuesto instrumento de su martirio (hasta el siglo XIV se lo representaba con espada, alabarda y hacha).

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DIA PRIMERO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por se Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Te ofrezco mis sufrimientos como expiación de mis pecados, propongo confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Ayudado de tu gracia propongo firmamente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración a San Judas Tadeo.

¡Oh gloriosísimo Apóstol San Judas!. Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra e invoca universalmente como patrón delos casos difíciles y desesperados. Ruega por mí que soy tan miserable y haz uso, te ruego, de ese privilegio especial a tí concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (haga aquí cada una de sus súplicas especiales), y para que bendiga a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción. Amén.

Letanías de San Judas Tadeo.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Oh Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Oh Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

San Judas, pariente de Jesús y María. (Ruega por nosotros).

San Judas, que viviendo en la tierra fuiste digno de ver a Jesús y María y de gozar de su compañía. (Ruega por nosotros).

San Judas, elevado a la dignidad de Apóstol. (Ruega por nosotros).

San Judas, que tuviste el honor de contemplar a tu Divino Maestro humillarse a lavar tus pies. (Ruega por nosotros).

San Judas , que en la última cena recibiste la Sagrada Eucaristía de las manos de Jesús. (Ruega por nosotros).

San Judas, que después del profundo dolor que te causó la muerte de tu querido Maestro, tuviste el consuelo de contemplarlo resucitado de entre los muertos y de asistir a su gloriosa Ascensión. (Ruega por nosotros).

San Judas, que fuiste lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. (Ruega por nosotros).

San Judas, que predicaste el Evangelio en Persia. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste grandes milagros con el poder del Espíritu Santo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que volviste la salud de alma y cuerpo a un rey idólatra. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste callar a los demonios y confundiste sus oráculos. (Ruega por nosotros).

San Judas, que pronosticaste a un príncipe débil una paz honrosa con su poderoso enemigo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que quitaste de las serpientes mortíferas el poder de dañar al hombre. (Ruega por nosotros).

San Judas, que despreciando las amenazas de los impíos predicaste valerosamente la doctrina de Cristo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que sufriste gloriosamente el martirio por amor a tu divino Maestro. (Ruega por nosotros).

 

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

 

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

 

Que por tu intercesión, así los sacerdotes como el pueblo fiel de la Iglesia reciban un celo ardiente por la Fe de Jesucristo. (Te rogamos, óyenos).

Que defiendas al Soberano Pontífice y alcances la paz y la unidad a la Iglesia Santa. (Te rogamos, óyenos).

Que los paganos e incrédulos se conviertan a la verdadera fe. (Te rogamos, óyenos).

Que la fe, la esperanza y la caridad aumenten en nuestros corazones. (Te rogamos, óyenos).

Que nos veamos libres de todos los malos pensamientos y de todas la acechanzas del demonio. (Te rogamos, óyenos).

Que nos guardes de todo pecado y de toda ocasión de pecar. (Te rogamos, óyenos).

Que nos defiendas en la hora de la muerte contra la furia del demonio y de sus malvados espíritus. (Te rogamos, óyenos).

Ruega por nosotros, para que antes de la muerte expiemos todos nuestros pecados con sincero arrepentimiento y la recepción digna de los Santos Sacramentos.

Ruega por nosotros para que alcancemos un juicio favorable.

Ruega por nosotros para que seamos admitidos en la compañía de los bienaventurados para gozar de la presencia de Dios eternamente.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, San Judas Tadeo. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

 

Oración a Dios.

Oh Dios, que nos concediste la gracia de que llegásemos a conocer tu santo nombre, mediante la predicación de tu Apóstol San Judas Tadeo, concédenos también que adelantemos en la virtud. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

PRIMER DÍA: Vocación de San Judas

El que me sigue, no anda en tinieblas, dice el Señor. Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos exhorta a que imitemos su vida y costumbres, si queremos ser librados de la ceguera del corazón y alumbrados verdaderamente. (Imitación de Cristo, Capítulo I).

Qué tan pronta y generosamente siguió San Judas e imitó a Jesucristo, puede deducirse de su vida enteramente consagrada al servicio de Jesús, especialmente desde que fue llamado a ser uno de sus doce Apóstoles. Fue siempre fiel a Cristo, del cual era pariente y uno de sus más celosos apóstoles, predicando el reino de Dios y enseñando con toda libertad, sin que nadie se lo prohibiese, lo tocante a Nuestro Señor Jesucristo. (Hechos, Capítulos XXVII, 31).

También tú, oh cristiano, tienes una vocación aquí en la tierra, aunque no sea de predicador del Evangelio y de extender el reino de Dios como el sacerdote, el misionero y la religiosa en lejanas misiones;  pero sí que eres llamado a ser buen cristiano, a dar buen ejemplo al prójimo con tu paciencia, humildad, obediencia y todas la demás virtudes cristianas.

Padre Nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oraciones Finales

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve Maria, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

DIA SEGUNDO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contricción.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por se Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Te ofrezco mis sufrimientos como expiación de mis pecados, propongo confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Ayudado de tu gracia propongo firmamente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración a San Judas Tadeo.

¡Oh gloriosísimo Apóstol San Judas!. Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra e invoca universalmente como patrón de los casos difíciles y desesperados. Ruega por mí que soy tan miserable y haz uso, te ruego, de ese privilegio especial a tí concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (haga aquí cada una de sus súplicas especiales), y para que bendiga a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción. Amén.

Letanías de San Judas Tadeo.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Oh Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Oh Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

San Judas, pariente de Jesús y María. (Ruega por nosotros).

San Judas, que viviendo en la tierra fuiste digno de ver a Jesús y María y de gozar de su compañía. (Ruega por nosotros).

San Judas, elevado a la dignidad de Apóstol. (Ruega por nosotros).

San Judas, que tuviste el honor de contemplar a tu Divino Maestro humillarse a lavar tus pies. (Ruega por nosotros).

San Judas, que en la última cena recibiste la Sagrada Eucaristía de las manos de Jesús. (Ruega por nosotros).

San Judas, que después del profundo dolor que te causó la muerte de tu querido Maestro, tuviste el consuelo de contemplarlo resucitado de entre los muertos y de asistir a su gloriosa Ascensión. (Ruega por nosotros).

San Judas, que fuiste lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. (Ruega por nosotros).

San Judas, que predicaste el Evangelio en Persia. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste grandes milagros con el poder del Espíritu Santo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que volviste la salud de alma y cuerpo a un rey idólatra. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste callar a los demonios y confundiste sus oráculos. (Ruega por nosotros).

San Judas, que pronosticaste a un príncipe débil una paz honrosa con su poderoso enemigo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que quitaste de las serpientes mortíferas el poder de dañar al hombre. (Ruega por nosotros).

San Judas, que despreciando las amenazas de los impíos predicaste valerosamente la doctrina de Cristo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que sufriste gloriosamente el martirio por amor a tu divino Maestro. (Ruega por nosotros).

 

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

 

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

 

Que por tu intercesión, así los sacerdotes como el pueblo fiel de la Iglesia reciban un celo ardiente por la Fe de Jesucristo. (Te rogamos, óyenos).

Que defiendas al Soberano Pontífice y alcances la paz y la unidad a la Iglesia Santa. (Te rogamos, óyenos).

Que los paganos e incrédulos se conviertan a la verdadera fe. (Te rogamos, óyenos).

Que la fe, la esperanza y la caridad aumenten en nuestros corazones. (Te rogamos, óyenos).

Que nos veamos libres de todos los malos pensamientos y de todas la acechanzas del demonio. (Te rogamos, óyenos).

Que nos guardes de todo pecado y de toda ocasión de pecar. (Te rogamos, óyenos).

Que nos defiendas en la hora de la muerte contra la furia del demonio y de sus malvados espíritus. (Te rogamos, óyenos).

Ruega por nosotros, para que antes de la muerte expiemos todos nuestros pecados con sincero arrepentimiento y la recepción digna de los Santos Sacramentos.

Ruega por nosotros para que alcancemos un juicio favorable.

Ruega por nosotros para que seamos admitidos en la compañía de los bienaventurados para gozar de la presencia de Dios eternamente.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, San Judas Tadeo.  Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

 

Oración a Dios.

Oh Dios, que nos concediste la gracia de que llegásemos a conocer tu santo nombre, mediante la predicación de tu Apóstol San Judas Tadeo, concédenos también que adelantemos en la virtud. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

SEGUNDO DÍA: Amor de San Judas

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús y despreciarse a sí mismo por Jesús. Conviene dejar un amor por otro amor, porque Jesús quiere ser amado, El sólo sobre todas las cosas. El amor de la criatura es falaz y mudable; el amor de Jesús es fiel y constante. “Ama y ten por amigo a Aquel que, aunque todos te desamparen, no te desamparará, ni te dejará perecer en el fín”. (Kempis, Lib. II, Cap. VII).  Grande fue el amor de San Judas a Jesús, y quería que todo el mundo le amase como le dio a entender después de la última cena al decirles Nuestro Señor. (Evangelio de San Juan, Cap. XIV, 21). “El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré, y yo mismo me manifestaré en él”. Dice Judas, no el Iscariote, sino nuestro Santo: “Señor, ¿qué causa hay para que te hayas manifestado claramente a nosotros, y no al mundo?”. Jesús le respondió así: “Cualquier que me ama observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos mansión dentro de él”. Este amor grande de San Judas a Jesús lo manifiesta en su carta al decirnos: “Manténganse constantes en el amor de Dios, esperando la misericordia de Nuestro Señor Jesucristo para alcanzar la vida eterna”.

Pidámosle que nuestro corazón esté siempre inflamado del amor a Jesús.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

 

Oraciones Finales

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 


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VISITA

Divino niño Jesús de Praga, atraído por tus palabras de confianza y de tu mirada de paz, vengo a Tí para conservar de amigo a amigo. Sólo en Ti, Salvador mío, podré encontrar la paz que mi corazón ansía, y que en ninguna parte puedo encontrar. Perdona mis pecados, buen Jesús, sé que mucho te he ofendido, pero tú prometiste perdonar a quien acudiera a ti con fe y con amor… Necesito tu gracia y tu fortaleza para seguir el camino del bien. Sé Tú el Maestro que me guíe por este mundo de tinieblas y de confusión. El ejemplo de Tu infancia sea para mí norma y recuerdo en todas mis actividades y ocupaciones, y me haga merecedor de Tu promesa: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”. Amén.
ACTO DE CONSAGRACIÓN

Amabilísimo Niño Jesús de Praga, aclamado por todos como milagroso por los innumerables y extraordinarios favores que concedéis a cuentos os invocan. Cautiva nuestra alma de tus divinos hechizos de niño, nunca te olvidará y se acoge hoy bajo tu manto de Rey para gozar de la paz que nos tienes prometida, y allí poder recibir tu bendición, que como de Dios, la hará crecer en santidad y virtudes. Por eso nos consagramos rendidamente a tu santo servicio; seremos devotos fervientes de Praga. Hijos de tu amor, responderemos a tu predilección por nuestras almas, ofreciéndote desde ahora y para siempre cuanto somos, cuanto anhelamos; la vida de nuestros sentidos, las aspiraciones de nuestro corazón, los amores de nuestras almas que te pertenecen por derecho de filiación y deuda de conquista, al crearnos y redimirnos.
Niño Divino, Rey de Praga, Dios de la Infancia. Recibe nuestro ofrecimiento, hazlo eficaz con tu poder infinito para ser tuyos por siempre en la tierra y en el cielo. Así sea. Seguir leyendo »


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La Sabiduría.


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“Si quieres, cumplirás sus mandatos: ante ti tienes el agua y el fuego, la muerte y la vida, echa mano de lo que quieras”. Pero es sabiduría escuchar a Dios, elegir fiándose de él.

El gran Sermón del Monte de Jesús es sabiduría de Jesús, sabiduría de Dios. Sabiduría más profunda que la de los doctores y fariseos, más plena que la Antigua Ley. Sabiduría humilde y exigente a la vez, sabiduría de gente sencilla, que no tiene los ojos enturbiados por el poder, la conveniencia, la avaricia, la mentira: sabiduría del pobre, como era Jesús, el de los ojos limpios que veía a Dios en todo y se dejaba llevar por el Viento de Dios, que trae Sabiduría.

Una sabiduría que no es de este mundo, que ninguno de los importantes del mundo ha podido descubrir. U todo esto para ser feliz, todo lo feliz que se puede ser en este mundo. Los antiguos pensaban que ser rico, tener larga vida y muchos hijos eran preciosos dones de Dios y que en eso consistía la felicidad. Pero no es así para Jesús. Y tenemos que elegir de quién nos fiamos.

ORACIÓN

Señor Jesús aumenta mi fe, esperanza y caridad. Derrama con abundancia tu gracia sobre mi alma tan necesitada del verdadera alimento de la vida. Te ofrezco esta meditación por todos los cristianos, especialmente por aquellos que no tienen la posibilidad y las disposiciones habituales para recibirte en comunión. Abre nuestros corazones para acoger tu gracia con fervor y constancia, para cumplir tu voluntad en nuestra vida y alcanzar la salvación.

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PETICIÓN

Señor, que comprenda un poco más el Don de ti mismo en el Pan Eucarístico. Que en esta meditación aprenda a valorar y agradecer el amor infinito que me tienes al hacerte tan accesible y cercano. Concédeme la gracia de purificar constantemente mi alma para recibir atenta y fervorosamente la comunión.

REFLEXIÓN

Cristo, Pan de Vida, es el alimento de nuestras almas. La Eucaristía es fuente inagotable de la Gracia. Es fuerza fecunda y renovadora de la vida sobrenatural. El alimento eucarístico es el viático dispensador de la fuerza espiritual en el peregrinar por la vida. Cristo quiere ser medicina de inmortalidad en las enfermedades que hacen sucumbir nuestra alma. Cada comunión, cada encuentro con Cristo Sacramentado es un momento que abre nuestras almas a la contemplación y nos dispone a la posesión del cielo. Que nuestra vida cotidiana esté siempre acompañada con su gracia salvadora. Que la grandeza del misterio eucarístico nos ayude a disponer nuestra alma al encuentro definitivo y pleno con Dios.

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PROPÓSITO

Renovar la conciencia del Don Eucarístico y disponer nuestro corazón a la recepción fervorosa de la Eucaristía.

DIÁLOGO CON CRISTO

¡Jesús, qué alegría saber que eres mi alimento, mi medicina, mi sostén!. Gracias por concederme la gracia de estar tan cerca de tu amor. Concédeme acercarme siempre a Ti con la fe y la sencillez del niño que todo lo espera de su padre. Que mi amor a tu amistad vaya siempre en aumento y el deseo de poseerte eternamente sea mi única ilusión.

Descubrir el rostro de Cristo supone la fe; una fe abierta con sencillez y confianza a Cristo, a su Persona, Palabra y Obra; una fe alimentada en la Eucaristía, el Evangelio y la contemplación de los misterios de su vida.

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ORACIÓN

Apóstol San Judas Tadeo,

fiel discípulo de Cristo, que predicaste la fe,

lleno de celo ardiente por la salvación de las almas

y la confirmaste con el martirio;

alcánzame de Jesucristo:

aumento en la fe, firmeza en la esperanza y mayor fervor en mi caridad 

y amor para con Dios y el prójimo.

Hoy te ruego, glorioso apóstol San Judas Tadeo,

me alcances las gracias que pido a Dios por tu intercesión,

sin han de ser para mayor gloria suya 

y salvación de mi alma.

Amén.

(ABOGADO DE CAUSAS DIFÍCILES)

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El sonido de la conciencia son los susurros de DIOS. No pierdas el contacto con Jesús. Se hizo hombre para demostrarnos que en el Amor se salvan todos los abismos. Que solo el Amor salva al hombre. El Amor es la energía, es la luz de la vida, Amor es DIOS.

Toda su vida en la tierra, Jesús, sus 33 años los pasó derramando Amor, curando enfermedades físicas, pero más aún, salvando almas desconsoladas, llenas de miedo y temor, faltas de amor. Jesús es el resplandor, es nuestra salvación, sus palabras son nuestro despertar a la nueva vida, a la nueva dimensión en Dios. Nada termina, todo se renueva, déjate abrazar por Jesús.

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La cruz de la vida que sentimos, se aligera en su peso, con la fe radiante y luminosa, que nos hace sentir a Dios como promesa de vida que en  Él nos espera. Esta fe, radiante y serena nos hace sentir también la energía de Jesús. Nos hace sentir brisas de paz, de dicha, de luz y amor en nuestras almas.

Que la bendición de Dios nos haga sentir la alegría y dulzura infinita que derrama PADRE-MADRE sobre todos sus hijos.

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Dios es la fuente eterna y la fuente de todo lo que es bueno y verdadero

y todo lo que es bueno y verdadero se manifiesta en las aguas purificadoras 

de la Conciencia de Cristo.

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Parece como si estuviéramos esperando que nos den la señal “Ya es la hora” , <y la hora de cada uno ya está>.

Aquellos que se llaman cristianos y no tienen, no perciben la Luz Divina es porque han descuidado eliminar de su mundo interno las semillas malignas de la soberbia y el egoísmo y no dejan lugar para que penetre la Luz Divina.

Todos tenemos conocimientos, conocemos escrituras sagradas. Biblia. N T libros espirituales, etc.

Es la hora de crecer en esos conocimientos, de volver a la meditación, oración, como medicina y sabiduría de nuestra vida.

La pureza de corazón es necesaria para recibir la Luz Divina. ¿Qué exige esta pureza de corazón?. (nos podemos preguntar). AMOR, nada más que amor para toda criatura de Dios que se cruce en nuestro camino. “Donde vive el egoísmo no vive el amor”.

No es fácil ser herederos de las cosas Divinas, hay mucho que sufrir, mucho que soportar y mucho que perdonar Jesús decía en el sermón de la montaña: bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados. Seguramente no se refería a ese llorar por la pérdida de bienes materiales, de fortuna o sentimentales. Él lo decía por ese llorar del ideal, llorar del ama.

Él lloró viéndose incomprendido por sus hermanos.

Es hora de amar como Cristo amaba.

Tenemos la ayuda de San Judas Tadeo para realizarlo.

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ORACIÓNSAN JUDAS TADEO

Apóstol San Judas Tadeo, fiel discípulo de Cristo,

que predicaste la Fe lleno de celo ardiente por la salvación de las almas

y la confirmaste con el martirio;

alcánzame de Jesucristo: aumento en la Fe,

firmeza en la Esperanza y

mayor fervor en mi caridad y amor con Dios y el prójimo.

Hoy te ruego, glorioso Apóstol San Judas Tadeo,

me alcances las gracias que te pido a Dios por tu intercesión,

si han de ser para mayor gloria suya y salvación de mi alma.

Amén.

Bendito sea Dios.

Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo verdadero, Dios y verdadero hombre.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea María Santísima la excelsa Madre de Dios.

Bendita sea su Santa Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendita sea María Santísima Madre de la Iglesia.

Bendito sea su castísimo esposo San José.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Cofradía San Judas Tadeo.

Catedral Santa María- Calahorra (La Rioja), España.

¿Quién es San Judas Tadeo?

San Judas Tadeo es uno de los Santos más populares, a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con FE.

En España, Francia, Alemania, Italia, América y muchos sitios más, tiene numerosos devotos que consiguen por su intercesión admirables ayudas de Dios, especialmente en cuanto a conseguir empleo, casa u otros beneficios más.

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.

Judas es una palabra hebrea que significa: “alabanzas sean dadas a Dios”.

Tadeo quiere decir: “valiente para proclamar su fe”.

Simón significa: “Dios ha oído mi súplica” . 

A San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día, el 28 de Octubre, porque según una antigua tradición, los dos iban siempre juntos predicando la Palabra de Dios por todas partes.

San Judas Tadeo estaba íntimamente relacionado con nuestro Señor por su parentesco con San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen. Sobrino nieto de estos dos santos, es a la vez sobrino de María y José, de donde resulta ser primo de nuestro Señor Jesucristo.

San Judas es hermano del Apóstol Santiago el Menor. Tenía otros dos hermanos a quienes llama el Evangelio “hermanos” de Jesús. Cuando nuestro Señor regresó de Judea a Nazaret, comenzó a enseñar en la sinagoga. Las gentes que le oían estaban asombradas y decían: “¿De dónde le ha llegado tanta sabiduría y ese poder de hacer milagros?. ¿No es el hijo del carpintero?. ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?. (Mt. 13,54). La palabra “hermanos” en hebreo comúnmente significa un pariente próximo. El padre de San Judas Tadeo era Cleofás. El nombre de su madre era María, que era pariente próxima de la Virgen Santísima. Ella también permaneció junto a la Cruz cuando murió nuestro Señor Jesucristo. “Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre María, esposa de Cleofás, y María Magdalena”. (Jn 19,25).

Durante su adolescencia y juventud, Judas fué compañero de Jesús. Cuando Jesús comenzó su vida pública, Judas dejó todo por seguirle. A San Judas se le llama Tadeo para diferenciarlo de Judas Iscariote que fue el que vendió a Jesús. En la noche de la Última Cena le preguntó a Jesús: “¿Por qué revelas tus secretos a nosotros y no al mundo?” . Jesús le respondió que esto se debía a que ellos lo amaban a Él y cumplían sus mandatos y que a quien lo ama y obedece, vienen al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y forman habitación en su alma. (Jn 14,22). Como Apóstol predicaron el Evangelio a los habitantes de aquel país.

Refiere la tradición que San Judas y San Simón sufrieron martirio en Suanis, ciudad de Persia, donde habían trabajado como misioneros. A San Judas le dieron muerte con una cachiporra. Por eso se le representa con una porra sobre la cabeza. Luego, le cortaron la cabeza con un hacha. Trasladaron su cuerpo a Roma y sus restos se veneran ahora en la Basílica de San Pedro.

San Judas es conocido principalmente como autor de la Carta de su nombre en el Nuevo Testamento. Carta probablemente escrita antes de la caída de Jerusalén, por los años 62 al 65. En ella, San Judas denuncia las herejías de aquellos primeros tiempos y pone en guardia a los cristianos contra la seducción de las falsas doctrinas. Anima a los cristianos a permanecer firmes en la fe.

A la soberbia de los malos contrapone la humilde lealtad del Arcángel San Miguel. Anima a los cristianos a levantar un edifico espiritual llevando una vida fundada en la fe, el amor a Dios, la esperanza y la oración. Alienta la práctica del amor al prójimo; exhorta a los cristianos a que sean pacientes y con sus vidas virtuosas. San Judas concluye su carta con una oración de alabanza a Dios por la Encarnación, pues por ella Jesucristo, Palabra eterna de Dios, tomó sobre sí nuestra naturaleza humana para redimirnos.

Leyenda Noruega

El viejo Haakón cuidaba una cierta ermita. En ella se conservaba un Cristo muy venerado que recibía el significado nombre de “Cristo de los Favores“. Todos acudían a él para pedirle ayuda. Un día, también el ermitaño Haakón decidió solicitar un favor y, arrodillado ante la imagen dijo: “Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tus puesto. Quiero reemplazarte en la cruz”. Quiero reemplazarte en la cruz. Y se quedó quieto, con los ojos puestos en la imagen, esperando una respuesta. De repente “oh maravilla”, vio cómo el Crucificado comenzaba a mover los labios y le decía: “0h, maravilla”, vio cómo el Crucificado comenzaba a mover los labios y le decía: “Amigo mío, accedo a tu deseo; pero ha de ser con una condición: que suceda lo que suceda y veas 10 que veas, has de guardar siempre silencio. Te lo prometo, Señor. Y se efectuó el cambio. Nadie se dio cuenta de que era Haakón quien estaba en la cruz, sostenido por los cuatro clavos, y que el Señor ocupaba el puesto del ermitaño. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores, y Haakón, fiel a su promesa, callaba. Has que un día…

Llego un ricachón, el cual, después de haber orado, dejó allí olvidada su bolsa. Haakón lo vio, pero guardó silencio. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas más tarde, se apropió de la bolsa del rico. Y tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedir su protección antes de emprender un viaje. Pero no pudo contenerse cuando vio regresar al hombre rico, el cual, el cual, creyendo que era aquel muchacho, el que se había apoderado de la bolsa, insistía en denunciarlo. Se oyó entonces una voz fuerte: Detente.

Ambos miraron hacia arriba y vieron que era la imagen la que había gritado. Haakón aclaró cómo habían ocurrido realmente las coas. El rico quedó anonadado y salió de la ermita. El joven salió también, porque tenía prisa por emprender su viaje. Cuando, por fin, la ermita quedó sola, Cristo se dirigió a Haakón y le digo: “Baja de la cruz. No vales para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio. Señor, dijo Haakón confundido, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?. Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, le contesto Cristo, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una mujer. El pobre, en cambio, tenía necesidad de ese dinero e hizo  bien en llevárselo. En cuanto al muchacho último, si hubiera quedado retenido en la ermita, no habría llegado a tiempo de embarca y habría salvado la vida, porque has de saber que en estos momentos su barco está hundiéndose en alta mar”.

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A veces en la vida, se nos tuercen los caminos.

Vamos tan bien y de repente una curva que parece que no vamos a ser capaces de tomarlo bien.

Yo creo que debemos ponernos en situación de alumnos, no dejamos de ser alumno cuando comprendamos que sólo estamos aprendiendo a amar, a la vida, al prójimo… Entonces habremos llegado el remanso de paz. He leído que la Paz es uno de los perfumes de Dios, ¡¡¡qué bonito!!!, ¿no?.

Todos somos uno, mis acciones pueden ayudarte o perjudicarte. Todos venimos del mismo lugar y todos tenemos el mismo destino. ¿Por qué no nos lo creemos?.

Dentro de que una persona sea de una manera y otros de otra, en esencia somos iguales todos, cada cual será responsable de sus actos de su vida y de las acciones que siendo suyas han perjudicado a otros.

Puede parecer muy repetitivo, ¡pero, es la verdad!. Todo se soluciona poniendo Amor, viendo todo con luz de Amor.

Nada se resiste, poniendo Amor aparece el perdón, y el perdón sana, sana espectacularmente cuando el perdón ocupa nuestro interior, no deja sitio para el rencor ni la envidia, que, aunque parezca mentira, hoy, que todos vivimos mejor que nunca sigue habiendo envidia.

Estos tiempos de crisis creo que a todos nos van a cambiar. ¿Os dais cuenta que en la tierra no hay nada seguro?. Parece que un país, un país es lo más grade y serio ¿no?. Pero, como le vayan las cosas como a nosotros ahora… Y nadie les ayude, les enseñe, ¿qué pasa?. Imaginaros que a nuestro país le fueran las cosas peor, porque pueden ir (que no será así), que nos dejarán sin poder adquirir medicinas, educación…, uno sale a la calle dispuesto a gritar antes de que lo pisen, dispuesto a todo.

Tal vez esta situación nos haga reflexionar sobre esos hermanos que tenemos en otros lugares, que de vez en cuando damos algo, pero que es como si con nosotros no fuera… ¿y si fuéramos tú y yo?.

Yo cada día estoy más convencida que mientras no nos veamos todos iguales, esto será siempre injusto.

Y lo piensas fríamente y dices ¿para qué?. ¿Qué me voy a llevar?. Si mientras intento tener más y mejor, pero no nunca tengo suficiente, dejo que pase la vida, que crezcan mis hijos que no pueda estar tiempo con mis amigos…, o peor conmigo mismo.

Y de repente, “caracoles”: reuma, artrosis, etc. Pero,… si yo no soy mayor. Cuando era joven, una persona de 40 años soltera decíamos: “este/a se queda para casa”, y ahora solteros a los 40 son chiquillos, (jajaja…).

Pues, ni lo de antes, ni lo de ahora ¿verdad?.

Pero la vida no ha parado nunca, siempre, siempre es como si se repitiera, de formas y edades distintas, pero con los mismos problemas: salud, trabajo, hijos, vejez, etc…

Una cosas si ha cambiado, mucho. Antes me parece a mí, me imagino que opináis igual, amábamos a Dios por miedo, ¿no?. TODO PECADO, TODO MALO. Ahora nada, todo está bien, todo vale, tampoco es eso ¿no?. Pero, si sabemos, si estamos aprendiendo que sólo nosotros somos responsables de nuestro actos. Pero, en cambio actuamos como si no fuéramos nosotros los responsables; tiene la culpa la sociedad, el gobierno, la familia… Pero, es que nosotros somos eso, todo eso, y somos nosotros los que debemos cambiar y responsabilizarnos de todo, y actuar como si el otro fuéramos nosotros mismos; no quiero esto para mí, pues para ti tampoco.

Sabemos que DIOS es la energía del Amor, que nos ama y nos conoce por encima de todo, que es nuestro Creador.

¿Por qué no le pedimos más Amor?.

¿Por qué no hablamos más con Él?.

¿Por qué no nos damos cuenta que Él será el único que siempre nos este esperando?.

Los caminos de Dios son limpios, son bellos, son universales y distintos, pero todos no llevan al mismo Divino destino: EL PADRE CREADOR.

Las llamadas de Dios también son muy distintas y desconocidas para nosotros. Dios puede darnos un coscorrón y asís aprovechar para decirnos, que nos espera, que nos espera en el Amor, pero como hemos hablado otras veces igual no nos interese acordarnos mucho de Él.

Acordarse de Dios es ponernos una media, un freno, llamémoslo así.

Si nos acordamos de Dios en nuestro camino diario, no somos egoístas con los demás, porque Él siempre nos recuerda que “amemos al prójimo”, nada más y nada menos que como Él nos Ama, ¡casi nada!.

Por eso cuando nos toca el camino recto, sin piedras ni obstáculos de la vida, vamos tan majos todos. Pero, cuando una curva de esas que nos avisa que el camino se puede acabar en cualquier momento y lugar, nos recuerda que no somos nada sin Él, ¿verdad?.

Sólo pasará aquello que nos tenga que pasar, pero si vamos de la mano de Dios, se saltan mejor todas las piedras…, porque en su mano quedamos unidos a su energía, activamos la vibración del Universo.

La vibración que se desprende de nuestras palabras y de nuestros actos es tal que llega a todos los rincones del Universo activando o despertando a todos los seres deluz, que existen de verdad, que los apóstoles son seres de luz, que los ángeles son seres de luz, que los cirios de piedad nos ayudan.

Tenemos que tomar conciencia, de lo que somos, de dónde venimos, de que hemos venido a hacer y a dónde vamos.

Tenemos que vivir cada día más felices.

Tenemos que mandar bendiciones a todos y a todos.

Tenemos que desear el bien para todos.

Ese es un proyecto que limpia nuestros caminos, ya que todo vuelve y si sólo piensas en bien y para bien… ¿Qué recibirás?.

Vamos a tener un tiempo maravilloso, el tiempo del saber.

El tiempo de mirarnos en nuestro camino, en nuestras actitudes y conductas.

DIOS ES AMOR.

 

Rosa Mármol.

Presidenta de la Cofradía de San Judas Tadeo.

Catedral Santa María en Calahorra (La Rioja), España.


¿Aceptas el reto?


Solicito personal.



Espíritu Santo…



Año de la Fe.


 

El Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI, comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y concluirá el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.
Al anunciar el Año de la Fe, el Papa dijo que este tiempo busca “dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente”. Benedicto XVI convocó al Año de la Fe con la Carta apostólica Porta fidei del 11 de octubre de 2011.

http://youtu.be/roQaioSNxfA

Desde la localidad de Calahorra (La Rioja), España; se da comienzo la celebración del Año de la Fe, con la celebración de Apertura en la Catedral de Santa María.

ORACIÓN

para cada día del Año de la Fe

Carta Apostólica en forma de Motu Propio

PORTA FIDEI

del Sumo Pontífice Benedicto XVI

con la que se convoca el Año de la Fe

1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.

2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[1]. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado[2]. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.
3. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna» (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.
4. A la luz de todo esto, he decidido convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrarán también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,[3]con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis[4], realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica. Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe. No es la primera vez que la Iglesia está llamada a celebrar un Año de la fe. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenario de su supremo testimonio. Lo concibió como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese «una auténtica y sincera profesión de la misma fe»; además, quiso que ésta fuera confirmada de manera «individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca»[5]. Pensaba que de esa manera toda la Iglesia podría adquirir una «exacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla»[6]. Las grandes transformaciones que tuvieron lugar en aquel Año, hicieron que la necesidad de dicha celebración fuera todavía más evidente. Ésta concluyó con la Profesión de fe del Pueblo de Dios[7], para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado.
5. En ciertos aspectos, mi Venerado Predecesor vio ese Año como una «consecuencia y exigencia postconciliar»[8], consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo con respecto a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación. He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9]. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia»[10].
6. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la Constitución dogmática Lumen gentium, afirmaba: «Mientras que Cristo, “santo, inocente, sin mancha” (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación “en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios”, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Co 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz»[11].
En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17).
7. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo»[12]. El santo Obispo de Hipona tenía buenos motivos para expresarse de esta manera. Como sabemos, su vida fue una búsqueda continua de la belleza de la fe hasta que su corazón encontró descanso en Dios.[13]Sus numerosos escritos, en los que explica la importancia de creer y la verdad de la fe, permanecen aún hoy como un patrimonio de riqueza sin igual, consintiendo todavía a tantas personas que buscan a Dios encontrar el sendero justo para acceder a la «puerta de la fe».
Así, la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.
8. En esta feliz conmemoración, deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe. Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo.
9. Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es «la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza»[14]. Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada[15], y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año.
No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un sermón sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy habéis recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […] Recibisteis y recitasteis algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón»[16].
10. En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios. En efecto, existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: «con el corazón se cree y con los labios se profesa» (cf. Rm 10, 10). El corazón indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la persona hasta en lo más íntimo.
A este propósito, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y el «Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo» (Hch 16, 14). El sentido que encierra la expresión es importante. San Lucas enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.
Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso.
La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: «“Creo”: Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. “Creemos”: Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. “Creo”, es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: “creo”, “creemos”»[17].
Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor[18].
Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de «lo que vale y permanece siempre»[19]. Esta exigencia constituye una invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido[20]. La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.
11. Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial… Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial»[21].
Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.
En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.
12. Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.
En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad[22].
13. A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.
Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.
Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).
Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).
Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.
Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).
Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.
También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.
14. El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13). Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2, 14-18).
La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1).
15. Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.
«Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.
Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011, séptimo de mi Pontificado.
BENEDICTO XVI.

 

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Tú Altar.


Tú Altar

Dios nos bendiga a todos.

Bendiga también a nuestras familias y amigos y a nuestros pensamientos y acciones.

Cuando nos reunimos aquí, en la Catedral de Santa María, con el motivo de acompañar al apóstol San Judas Tadeo, el altar está preparado y dispuesto, es fácil y bonito mirarlo, el lugar es perfecto, es grande, majestuoso y le debemos tener un enorme respeto, en todo.

Pero, y… ¿cuándo no podemos estar aquí, tú altar, lo tienes preparado?.

Tú Altar es también un lugar sagrado en el mismo momento en el que te acercas a Dios.

Tú interior, tú corazón, es tú Altar.

Desde el momento en que tenemos vida, Dios está en él, en tu corazón. (Alma-Espíritu).

Nunca, nunca estamos solos, y conforme voy a mayor, vamos cumpliendo años, Él se hace más presente, se deja notar más, o tal vez nosotros estemos más pendientes, un poco más consciente de su Ser.

En la Catedral es fácil preparar el Altar, cambiamos mante, colocamos libros de liturgia, ponemos unas flores y encendemos las velas.

Y el Altar personal, ¿lo podemos encender?. ¿Se verán manchas?. ¿Cómo está tu corazón?. ¿Salta de alegría en la presencia de Dios, o le da reparo dar la luz?.

Creo que dar la luz es poder mirar un poquito a Dios.

Él conoce de sobra nuestro altar, con luz y sin luz, no nos engañemos nosotros solos.

No debemos de tener mido, ningún tipo de miedo ante el Padre, es Padre  Misericordioso y podemos dialogar con Él.

Aquí es muy fácil cuando oímos el evangelio, salir emocionados y con grandes intenciones, queremos parecernos a los apóstoles, seguir Tú palabra. Pero, otra cosa es la vida diaria, los conflictos diarios e insignificantes, que sin saber porque les damos un valor que no tienen y es eso lo que no tengamos el altar preparado.

Ayúdanos Padre, a tener siempre limpio nuestro altar, que no tenga murmullos, ni rencor, que no tenga celos y sobre todo que tenga mucho sitio para el prójimo y Dios.

Imaginaos que nos dicen, que mañana viene a nuestra casa alguien muy importante, una persona importante para ti. ¿Cómo prepararías la casa?. Seguro que haces limpieza casi general si te da tiempo y pondrías flores bonitas, todo lo mejor que tienes ¿verdad?.

Y, ¿por qué no le preparamos así a Dios, al Padre, nuestro corazón?. Ya tenemos una edad, es hora de dejarnos de tonterías y dar importancia a aquello que lo tiene, ¿qué te hace tener paz y bondad en tu interior?. Claro, ¡¡el altar preparado!!.

Tener siempre el perdón a punto, para pedirlo las veces que hagan falta y poder darlo sin que nos lo pidan, tener alegría en todo y por todo. Dios quiere que seamos felices, la vida es solo para aprender a amar. Ese es el motivo principal de la vida, AMAR, Amar a DIOS sobre todas las cosas y amarnos los unos a los otros como ÉL nos ama.

El sufrimiento, también nos lleva al mensaje de Dios, de Dios Amor.

Debemos de trabajar por nuestro propio altar, si, ser egoístas con nosotros mismos y tener todo listo siempre para ÉL. Eso lo conseguiremos conforme vayamos enriqueciendo nuestra vida espiritualmente, cada día, cada semana ser un poquito más espirituales.

Al levantarnos dar Gracias por todo aquello que sintamos y pedir, pedir ayuda a DIOS. ÉL, Jesús, está, es vivo, a veces creo que nos hemos quedado demasiado con la Cruz. Él, desde la Cruz, nos demostró el nuevo camino, el nuevo sendero que nos abrió Jesús por el Amor. Mantengamos limpios y vivos nuestros altares.

Debemos cambiar nuestro sentir, nuestros pensamientos, y deseos. Es difícil, pero Tadeo nos va a ir ayudando si lo pedimos en verdad y en amor. Que no nos deje hablar si con ello herimos a alguien, que nos ayude a tener energías buenas, energías del universo. Tengamos valor para ir cambiando, cambiemos nosotros primero, decimos que el mundo está mal, igual lo que peor esta, es nuestro altar.

Intentemos ser un poco ma´s conscientes en todo lo que hacemos.

Pongamos flores espirituales en nuestros actos, que cuando por la noche nos repasemos, podamos sonreír mirando a Jesús y mirar a nuestro altar.

Vive feliz, Cofradía San Judas Tadeo.


Catedral de Calahorra

(La Rioja) España.

La Catedral de Calahorra es la Sede histórica más antigua de la diócesis de Calahorra y la Calzada-Logroño. Surge del martirio de los legionarios romanos Emeterio y Celedonio decapitados según la tradición hacia el año 300 en el mismo lugar donde hoy está emplazado el templo. La veneración del martirio explica su emplazamiento, a extramuros de la ciudad, en su parte baja y a orillas del río Cidacos.

Ya en el siglo cuarto, la peregrinación a este santo lugar permitió la construcción de un baptisterio en la localización precisa donde tuvo lugar el martirio. El famoso poeta Aurelio Prudencio (quien como hijo de la ciudad compartía la admiración y devoción sentida por los calagurritanos hacia el coraje de los Santos) inmortalizó dicha construcción y homenajeó a sus Patronos escribiendo un himno, lleno de lirismo, en el que detalló tanto la confianza que los Santos habían depositado en Dios como su testimonio por la fe cristiana en la que creían.

La destrucción de este templo cuando la ciudad cayó en manos árabes no impidió que los calagurritanos mostrasen su respeto por los Santos. Continuaron transmitiendo la veneración que sentían por sus hazañas y milagros, generación tras generación, de tal forma que tan pronto como el rey de Navarra, Don García de Nájera, reconquistó la ciudad para la cristiandad en el año 1045, se erigió nuevamente un templo, esta vez de estilo románico, en el mismo lugar donde tiempo atrás estuviera el baptisterio antes de ser destruido por los árabes.

Algunos siglos después, la paz y la prosperidad de la ciudad proporcionó a sus habitantes los medios necesarios para comenzar la construcción de la que, con el tiempo, se convertiría en el magnífico edificio que admiramos hoy. Las obras comenzaron hacia el final del siglo XV, en el año 1484, y se prolongaron durante más de 200 años, de manera que sus capillas, retablos, así como el resto de los elementos del templo reflejan los desarrollos culturales y artísticos que tuvieron lugar en la región a lo largo de las obras, si bien no se ha conservado ningún resto románico.

Un poco de historia.

Al terminar la época de Diocleciano y después de que Constantino alcanzase la victoria frente a Majencio a orillas del Tiber, el nuevo emperador (que guiado por una visión, había hecho luchar a sus soldados luciendo la Santa Cruz de Cristo en sus escudos), proclamó la libertad de culto en el Imperio con la publicación, en el año 313, del edicto de Milán que ponía fina a las persecuciones que habían sufrido quienes no compartían la veneración por las deidades romanas. Esta apertura religiosa permitió a los calagurritanos sacar de la clandestinidad el culto que profesaban a los dos héroes martirizados en las orillas del río Cidacos, San Emeterio y San Celedonio; la solemnidad de cuya fiesta (según los calendarios mozárabes y algunos martirologios) era el 3 de Marzo, fecha que todavía coincide con las Fiestas de Invierno que se celebran en su honor en Calahorra (La Rioja), España.

Con la libertad religiosa, la comunidad cristiana calagurritana pudo dejar de esconderse para celebrar sus reuniones y honró la memoria de sus Santos Mártires con las construcción, ya en la segunda mitad del siglo IV, de una pequeña basílica junto a la que, en el mismo lugar en el los dos hermanos habían nacido a su nueva vida junto a Cristo, se levantó el baptisterio (Heron o martyrium) cuyas aguas estaban destinadas a dar paso al nacimiento, a la fe de todos los catecúmenos que lavasen allí sus faltas. Esta Iglesia, a la que se llamó principal, se convirtió en la sede de una gran diócesis, y con el paso del tiempo y numerosas reconstrucciones, pasó a convertirse en la Iglesia Episcopal y, finalmente, en la Catedral que podemos admirar hoy en día. El actual baptisterio ocupa la superficie en la que se erigió la primera Iglesia de nuestra comunidad, y dentro de él, la grandiosas pila lobulada de estilo gótico (Pila de los Santos), se sitúa en el emplazamiento original en el que tuvo lugar el martirio.

La diócesis de Calahorra, amparada por sus Santos Patronos, conoció momentos de gran prosperidad y se convirtió en el punto hacia el que miraban numerosos fieles, procedentes de muy diversos lugares, ansiosos de hallar una guía que ayudase y fortaleciese su fe. Junto a las épocas de esplendor, la sede episcopal también sufrió las consecuencias derivadas de la gran inestabilidad en determinados momentos de la vida de la población que la rodeaba. De este modo, en el siglo V, el obispo Silvano hubo de defenderse ante acusaciones presentadas a Roma porque, empujado por la necesidad y la urgencia de la situación, había nombrado un obispo para la vacante sede de la vecina Auca (Villafranca de Montes de Oca) sin aguardar la aprobación de Tarragona, ya que las vías con dicha ciudad estaban cortadas por la revuelta campesina de laos bagaudas. De cualquier modo, la Iglesia superó rápidamente esta crisis y no se enfrentó a un problema de verdadera magnitud hasta la llegada de los musulmanes.

Los archivos catedralicios confirman que en torno al 714, las tropas de infieles dirigidas por el emir Muza ibn-Nusayr ocuparon la Weled Assiqia (la Tierra de las Acequias), ala que pertenecía Calahorra, junto a la mayor parte de la actual Rioja Baja. A lo largo del siglo VIII, los cristianos fueron víctimas de los castigos y persecuciones a los que les sometieron los recién llegados. La opresión obligó a que hacia finales de la centuria, el obispo Teodomiro hubiera de vivir en  Oviedo, en el exilio. Desde allí, al amparo de la corte del rey, continuó la dirección de la diócesisi en el siglo IX, durante el que otros dos de los obispos calagurritanos también recibieron allí asilo real. Entretanto, la situación se recrudeció en Calahorra cuando, en el siglo X, Murtarrib al-Morrid mandó que se destruyese la Catedral de la ciudad en un intento por doblegar y someter a sus pobladores. En el año 914, dada la difícil situación en la que se encontraban los cristianos de la capital de la Ribera, se decidió que Nájera, siempre atenta al modelo establecido por la diócesis de Calahorra, a la que nunca suplantó, se ocupase de velar por los creyentes de la región hasta que la sede principal volviese a manos cristianas, lo cual sucedió en el siglo siguiente.

A pesar del fuerte yugo con el que los musulmanes querían oprimir a los cristianos, durante los años que se mantuvo la presencia árabe en Calahorra, los fieles no dejaron de honrar y dar culto a los Santos Mártires, quienes transmitieron su gallardía a sus protegidos para que superasen las duras pruebas que tenían ante ellos. Sin embargo, el temor a que la ira de los infieles pudiese acabar por completo con las reliquias de los nobles hermanos animó a que, tan pronto como se sintió el acecho de los hombres del Islam, un grupo de calagurritanos partiese hacia el norte con las Cabezas de los Santos para ponerlas a salvo tras las montañas. Los peregrinos avanzaron hacia Cantabria, siguiendo los pasos que diera San Millán en el siglo VI, cuando se había dirigido a cristianizar aquellas tierras, en las que había ayudado a fundar varios monasterios. Los viajeros se detuvieron en Somorrostro (cuya estratégica situación frente al mar ya había propiciado con anterioridad la ocupación romana) y en la cima del cerro, quizá recordando con nostalgia la pequeña meseta en la que se levantaba la querida Calahorra de la que habían partido, fundaron una abadía, que llegaría a transformarse en Catedral y, en torno a la cual, con el tiempo, comenzó a desarrollarse un núcleo de población que tomaría el nombre de uno de los Santos Mártires para darse a conocerse como Santander.

En el año 1045, mientras la abadía santanderina iba prosperando, García III de Nájera recuperó Calahorra para la cristiandad, y en el 1076 el Cid (con la bendición de los otros dos blasones de España, San Emeterio y San Celedonio), hizo posible que la ciudad se uniese a Castilla. Lejos del peligro árabe, la diócesis de Calahorra recuperó su antigua posición como cabeza de la comunidad de fieles entre los que predicar la fe en el Dios único y verdadero, que se conocía en la región desde que cientos de años antes su fundador Tubal predicase, al igual que lo hiciese en tierras cántabras y otros puntos de la Península Ibérica, las enseñanzas de la fe de su abuelo Noé. De nueva elegida como sede espiritual, la diócesis de Calahorra vio aumentar sus proporciones al recibir la anexión de los territorios de la diócesis de Álava, que le correspondían según una extraña interpretación de la división visigoda de Wamba. Más adelante sus límites llegaron a extenderse hasta incluir parte de Burgos y Vizcaya, y en varios momentos de la historia, los ojos de la cristiandad la miraron con atención. Durante la Edad Media la influencia de la diócesis se dejó sentir en diversos puntos de España, por donde se propagó el culto y la devoción hacia los Mártires de Calahorra, como lo demuestras las iglesias, monasterios y altares elegidas bajo su advocación.

La leyenda de los Santos Mártires se ha mantenido viva hasta la actualidad, de forma que cada 3 de marzo la ciudad honra a sus Patronos sacándolos en procesión durante la festividad que lleva su nombre. Este acto se repite nuevamente el 31 de agosto, durante la semana grande de las fiestas en honor a sus Santos, cuya celebración se trasladó a fechas estivales para que éstas no interfiriesen con la celebración de la cuaresma. Así, año tras año, los calagurritanos se acercan a la Catedral unidos por su veneración hacia las reliquias que recuerdan la valentía con la que sus Patronos dieron testimonio de su fe y que, guardadas en unas urnas moldeadas con el noble metal del oro, sirven para proclamar al mundo entero el gran amor que sienten hacia estos Santos cuyo nombre, según cantaba el ilustre poeta Prudencio “grabó Cristo en letras de oro”. Y una vez ante ellos, como siempre, llenos de admiración y respeto, entonan su himno para que los proteja y guíe en su fe: “Gloriosos Mártires, gloriosos Mártires, / pedid al Señor que conserve nuestra fe”.

San Emeterio y San Celedonio

A lo largo de la historia diversos autores han lanzado numerosas hipótesis acerca del lugar de nacimiento de estos valientes cristianos. El calagurritano Pedro Gutiérrez se esforzó buscando pruebas que corroborasen su afirmación de que los Mártires eran oriundos de Calahorra, sin duda en un afán de sentir todavía más cercanos los Santos Patronos, hacia los que profesaba un gran respeto y devoción. Su investigación aportó la luz necesaria para aclarar la cuestión y aunque la “Pasión de San Emeterio y San Celedonio”, compuesta ya en el siglo VIII, nos asegura que procedían de León, un análisis exhaustivo de los documentos permite concluir que los legionarios estaban estacionados en tal fortificación, si bien habían nacido en Calahorra, ciudad que también fue testigo de su ascensión a la vida inmortal de santidad que alcanzaron al ser martirizados en las orillas del Cidacos. Ambos hechos han otorgado a los calagurritanos el derecho de albergarlos en su corazón y rendirles culto por el modelo de corage y lealtad que proporiconaron para los futuros habitantes de la ciudad.

Hijos de un centurión romano, los dos hermanos habían seguido los pasos de su padre al alistarse bajo el servicio de las huestes romanas, donde estuvieron encargados de portar los estandartes de la Legión Gemina VII a la que pertenecían y que los apartó de Calahorra durante un tiempo. En aquellos años (finales del siglo III, principios del siglo VI de nuestra era), el Imperio Romano al que defendía, entre muchas otras, su legión ya había perdido parte del gran fausto y esplendor que le había caracterizado en épocas precedentes. Observando el discurrir de los acontecimientos, los hermanos pudieron darse cuenta de que la larga lista de personajes que se habían ido sucediendo en el trono romano gozaban de sus triunfos tan sólo gracias a un sinfin de traiciones a través de las que se infligían no menos sufrimientos sobre el pueblo. Envuelto en esta situación, Diócletes, más conocido como emperador Diocleciano, olvidando quizá que su padre era un liberto dálmata, clamaba ser una reencarnación del mismo Júpiter y, lleno de ira contra los cristianos que habían osado hacer la señal de la cruz en su presencia, había promulgado un edicto contra ellos en el que dictaba su persecución. El ansia de poder y reconocimiento que cegaba al emperador le había llevado, como en los tiempos de Decio, al recrudecimiento de las injusticias cometidas contra los seguidores de Cristo. Ante estos hechos, cansados probablemente de la vanidad y falsedad de la forma de vida promovida por los gobernantes del Imperio, nuestros dos heroicos legionarios de Cristo, que ya no al servicio de la corrupta Roma, siguieron también los pasos de su padre, San Marcelo, y lejos de amilanarse por el eminente peligro que suponía la profesión de la fe cristiana, no dudaron en proclamarla sin pudor ni temor alguno, lo que les llevó a reunirse nuevamente con la comunidad cristiana de su Calahorra natal.

Instruidos en las creencias de su progenitor, los dos hermanos eran miembros de una de las comunidades cristianas más antiguas de España, que llegada a la región procedente de los focos cristianos del norte de África, se había extendido por distintos puntos del valle del Ebro como Zaragoza, Alfaro, Varea y la propia Calahorra. De entre las doctrinas escuchadas por los valientes legionarios, quedó grabada en su corazón con una fuerza especial aquella de que “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto”. (Mt. 4,10), por lo que no dudaron en retirar la tela del estandarte que indicaba su pertenencia a la Legión Gemina VII para dejar al descubierto un asta en forma de cruz con la que, al alzarla, proclamaron abiertamente el orgullo que sentían por ser siervos del Dios verdadero, una confesión que les costó la vida, pero que, al mismo tiempo, abrió sus puertas al cielo y los inmortalizó como los Mártires a los que generaciones de cristianos veneran desde entonces con fervor.

Fieles a sus creencias, soportaron el presido en la cárcel ubicada en la antigua Casa Santa (hoy derruida) y padecieron un sinfín de torturas de tal crueldad que hizo sentir vergüenza a sus propios verdugos, quienes destruyeron las pruebas de los terribles castigos que habían impuesto sobre los estoicos cristianos para impedir que llegasen a conocimiento público. Retomando la historia, tras sufrir un auténtico calvario, que no disuadió a los jóvenes en mantener su lealtad al Rey de los Cielos, los soldados condujeron a Emeterio y Celedonio fuera de las murallas de la ciudad que defendián a sus habitantes de la amenaza de los francos y los alemanes, y en el descampado que había a orillas del río Cidacos, los devotos legionarios vencieron a sus verdugos al ofrecer su existencia terrenal como el sacrificio necesario para nacer a una vida nueva al amparo de Nuestro Señor. Así, un día V de las Nonas de Marzo de los comienzos del siglo IV de nuestra era, la comunidad calagurritana vio cómo, antes de que la espada del verdugo abriese a los dos hermanos el camino hacia la eternidad, éstos daban testimonio de su amor a Dios. Como último gesto, Emeterio arrojó a lo alto su anillo, simbolizando su compromiso con Dios, y Celedonio lanzó su pañuelo, como una prenda con la que dedicar sus acciones al Rey Celestial. Los presentes fueron testigos del legendario milagro según el cual las ofrendas de los Mártires ascendieron para ser acogidas en el cielo, sirviendo de llaave para abrir las puertas hacia el Santo destino de los legionarios.

La tradición continúa narrando el largo peregrinaje de las cabezas de los dos hermanos, que transportadas por la corriente del río Cidacos, llegaron al caudaloso Ebro, desde el que siguieron un difícil recorrido hasta alcanzar tierras cántabras.

Según narra una de las tradiciones, al llegar a la desembocadura del calagurritano “Señor de los meandros”, las Santas Cabezas, impulsadas por la santidad de Emeterio y Celedonio, remontaron el curso del Ebro.

Otra tradición continúa el ralato informando sobre cómo las aguas del Ebro escoltaron a las Santas Testas hasta el Mediterráneo, a través del cual, mecidas por sus olas, bordearon la costa española hasta Sevilla, donde un barco cántabro las recogió para, tras un largo viaje, depositarlas en la Peña Horadad (en la actual Península de la Magdalena), que se abrió para dar paso a la nave que transportaba a los que desde entonces serían Santos Patronos de la futura ciudad de Santander, nombrada asía en su honor del primero de los hermanos.

Ambas tradiciones explican el porqué de la existencia de las Santas Reliquias con los cuerpos de los Mártires en Calahorra, mientras que las correspondientes a sus Cabezas se hallan en la capital de la Bahía Santanderina.

Himnos dedicados a los San Emeterio y San Celedonio.

HINMOS A LOS MARTIRES

Gloriosos Mártires

¡Gloriosos Mártires!

¡Gloriosos Mártires!

Pedid al Señor que conserve nuestra fe,

Pedid al Señor que conserve nuestra fe.

De la Iglesia adalides Gloriosos

De la Iglesia adalides glorioso,

coronados de lauro inmortal,

vuestra sangre regó nuestro suelo,

dio nobleza a esta invicta ciudad.

Vuestros restos sagrados son joyas

que enriquecen de Cristo el altar.

Calahorra ante ellos proclama:

“sois sostén de su fe y su piedad”.

Cual nosotros aquí convivistéis

y hoy reináis cabe el trono de Dios.

El amor que no muere nos una

de la gloria en la eterna mansión.

El amor que no muere nos una

de la gloria en la eterna mansión.

De la Iglesia adalides gloriosos,

coronados de lauro inmortal,

vuestra sangre regó nuestro suelo,

de nobleza a esta invicta ciudad.

Vuestros restos sagrados son joyas

que enriquecen de Cristo el altar.

Calahorra ante ellos proclama:

“sois sostén de su fe y su piedad”.

Himno a los Mártires de Calahorra

(Traducción de Prudencio)

De dos Mártires los nombres

fijos en el cielo están

lo que Cristo en letras de oro

anotará un día allí

y a la tierra en sangre escritos

diera cual don singular.

Oh feliz región del Ebro:

gozas de honor sin par

de guardar sus santos cuerpos

por designio celestial:

Que a los que morir los viste,

muertos logras hopedar.

Ancha glera del Cidacos:

tu sorbiste sangre inmortal,

que manaron dos gargantas

cual un doble manantial;

desde entonces es santuario

de peregrinos tu arenal.

¿Quién de luengas tierras viene

de los Santos gracia a implorar

que no vuelva con consuelo

o aliviado en su pesar?,

que las penas y pesares

aquí no tienen lugar.

¡Gloria a Ti, Santo Dios Uno!.

¡Gloria, Santa Trinidad!.

Padre, Hijo y Santo Espíritu,

a los tres honor igual:

Dios, que a nuestros Santos Mártires

ciñes el lauro inmortal.

Oración

Dios todopoderoso y eterno que concediste a los Mártires Emeterio y Celedonio la gracia de morir por Cristo,

ayúdanos en nuestra debilidad para que como ellos no dudaron en morir por Ti,

así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

LA CATEDRAL

EDIFICIO

La Catedral de Calahorra está emplazada a extramuros de la ciudad, en su parte baja y a sus orillas del río Cidacos.

Su portada principal es barroca. Su torre consta de seis cuerpos. La portada de San Jerónimo gótico-renacentista, rompe la austeridad de su fachada norte. Construida en piedra de sillar, su estilo es gótico con aportaciones renacentista en su presbiterio. Dentro de la Catedral se recorren 16 capillas con sus correspondientes retablos realizados desde el siglo XVI hasta el XVIII, y otras obras de importancia.

Su sacristía esta divida en tres tramos. Dos antesacristías de los siglos XVI y XVII y la sacristía de los espejos del siglo XVII con ornamentación de estilo rococó del siglo XVIII. Un claustro gótico-renacentista que alberga importantes imágenes, retablos y orfebrería de los pueblos de la diócesis, en depósito para instalar un museo.

En la Catedral podremos encontrar entre otras muchas obras de arte la custodia del ciprés de estilo gótico, y el palio del pelicano de finales de siglo XVII.

CAPILLAS

-Capilla de San Juan Bautista

-Capilla Bautismal

-Capilla de la Visitación

-Capilla Mayor

-Capilla del Niño Jesús

-Capilla del Espíritu Santo

-Capilla de la Virgen del Pilar

-Capilla de los Santos Mártires

-Capilla del Cristo de la Pelota

-Capilla de San José

-Capilla de la Inmaculada

-Capilla de Santa Ana

-Capilla de San Pedro

-Capilla de Santa Lucía

-Capilla de la Virgen del Rosario

-Capilla de los Santos Reyes

CAPILLA DE SAN JUAN BAUTISTA

Se encuentra situada a los pies de la Catedral, en la nave denominada “del Evangelio”.

Cuenta con un retablo Churrigueresco de 1717, si bien la talla de San Juan Bautista situada en la hornacina principal es de estilo renacentista. En la parte superior del retablo hay un lienzo que representa el bautismo de Jesús.

Las pinturas del techo y de las paredes son obra de Domingo de Rada.

Cierra la capilla una reja de 1792 cuyos baluartes fueron los que se quitaron de la capilla del Santo Cristo.

Esta capilla estuvo relacionada con la cofradía de Hijosdalgo de la ciudad, que tenía a San Juan como patrono.

CAPILLA BAUTISMAL

Situada en la nave del Evangelio, la Pila Bautismal se haya en el lugar exacto donde sufrieron el martirio los Santos Emeterio y Celedonio.

Hasta el año 1.876 sólo había una pila bautismal en la ciudad de Calahorra, por lo que hasta entonces todos los calagurritanos se bautizaban en la Catedral. Posteriormente se autorizó a las iglesias de Santiago y San Andrés a disponer de sus propias pilas bautismales en sus templos, pudiendo ser recibido el sacramento del Bautismo en los mismos.

Es de piedra, de una sola pieza. Su estilo es gótico, de hacia el año 1.500, y su diámetro es de dos metros. Su forma de flor se compone de ocho lóbulos, que simbolizan la perfección y plenitud que da el bautismo a quien lo recibe. El significado iconográfico de la obra se competa con ocho argollas (una en cada lóbulo), el conjunto de las cuales representa la fortaleza que da el bautismo ante los pecados de la ira y la concupiscencia, representados por dos cabezas de serpientes, situadas debajo de las argollas.

Los lóbulos tienen relieves: una figura con una tiara representa al Papado; puede verse también un Pelícano, ave acuática en la que en la antigüedad se vio el símbolo del amor materno y paterno, debido al modo de abrir su boca para alimentar a sus crías con el producto de la pesca, lo que se interpretaba como si abriera el pico para dar su sangre a los polluelos. Esta interpretación expllica porqué en la iconografía cristiana ha pasado a considerarse símbolo de Cristo y figura de su sacrificio, ya que Cristo entrega su sangre para la redención de los hombres.

El relieve del apóstol Santiago encaja con el hecho de que Calahorra pertenece al Camino de Santiago del Ebro. Toda la pila bautismal está rodeada por 48 vieiras, representantes tanto del Camino de Santiago como del Bautismo.

A la izquierda de la capilla podemos contembplar un relieve con la Aparición de la Virgen del Rosario de los Santos Emeterio y Celedonio cuando estaban en la cárcel. Data del siglo XIX y proviene de la Casa Santa, que es la cárcel romana en la que los Santos estuvieron presos.

En frente de la Capilla hay un lienzo del siglo XIX que representa a los Santos cuando fueron conducidos ante el juez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También a la derecha de la capilla hallamos un retablo Churrigueresco del siglo XVIII que se modificó en el siglo XIX para colocar las imágenes de San Blas (abogado de la garganta) y San Antón (patrono de los animales), ambos muy venerados en la ciudad y cuyas fiestas se celebran el 3 de Febrero y el 17 de Enero respectivamente.


Al salir la Iglesia de la clandestinidad se afianza en su organización, se va haciendo con los monumentos oficiales y santuarios del Imperio Romano y los erige en sus propios templos… (las basílicas paganas se transforman en basílicas cristianas…). En Roma, en el mismo lugar donde se levantaba el templo de la diosa grecolatina Atenea – Minerva (símbolo de la sabiduría y de la guerra), se erige la iglesia de “Santa María ad Minervam”.

En el siglo XVI se crearon muchas cofradías, o se robustecieron las antiguas, en un intento de contrastar al protestantismo. Estas cofradías tenían una iglesia matriz en Roma, de donde las venían la aprobación, indulgencias y gracias espirituales… eran una manera de que estas hermandades de cristianos estuvieran unidas a la Iglesia Universal.

Nacen y toman un gran auge en este siglo las Cofradías del Santísimo Sacramento, que se llamarán “del Santísimo”, “del Señor”, o “de Minerva”, ya que su iglesia matriz era Sta. María de Minerva.

Actividad importante de estas cofradías era solemnizar el Jueves Santo y Corpus Christi en las distintas parroquias. Para mantener vivo durante el año ese deseo del culto a la Eucaristía, los terceros domingos de cada mes, tenían una pequeña procesión por el interior del templo. Esta procesión se llamó popularmente “de Minerva”, porque ése era el nombre popular de la cofradía que la organizaba. Era como un “Corpus pequeño” que mantenía a la gente en la devoción eucarística.

Esta práctica se mantuvo viva en casi todas las catedrales y parroquias de los pueblos de España. Durante el siglo XX se fue abandonando por varios motivos, (desaparición de las cofradías, falta de tiempo de los sacerdotes por la atención a varios pueblos, el nacimiento de otras maneras de honrar a la Eucaristía con el Santísimo expuesto, la práctica de la comunión frecuente, etc…)

En nuestra Catedral de Calahorra (La Rioja), tenemos un “caso excepcional” de mantenimiento de esta costumbre casi del todo perdida. ¿Qué hacer para mantenerla, no como una antigüedad museística, sino como algo que atraiga a los fieles como parte de su religiosidad, de su devoción, de su vivencia religiosa… de su manera de dar culto a la Eucaristía…, y en este templo catedralicio, iglesia matriz de la Diócesis, que nos entronca con toda la Iglesia Universal?.

De nosotros depende. Cada uno personalmente, desde nuestra situación, unos como miembros de la Junta Directiva, otros como parte de la Asociación AMIGOS DE LA CATEDRAL y todos unidos como Calagurritanos, podemos hacer algo en la tarea de mejorar y trasmitir a las generaciones posteriores este legado de la “Procesión de Minerva”, tan arraigada en nuestra Catedral desde el siglo XVI.

La Misa y Procesión se celebran cada tercer domingo de mes a las once de la mañana.

Sintámonos comprometidos.


 

Corazón Feliz

Dichoso el corazón enamorado 

que en solo Dios ha puesto el pensamiento,

por él renuncia todo lo criado,

y en él halla su gloria y su contento.

Aún de sí mismo vive descuidado,

porque en su Dios está todo su intento

y así alegre pasa muy gozoso

las ondas de este mar tempestuoso.

(Santa Teresa de Jesús)


DIOS ES EL DESTINO

EN EL CAMINO ESTA DIOS

QUE BRILLE DIOS EN TÚ CAMINO

De nuevo quiero estar contigo, busco Tú compañía, busco que mi luz cada día encuentre Tú energía,

es fácil de decir, pero hoy es difícil de realizar;  estamos pasando por todo aquello que sin pensar hemos ido sembrando,

engañándonos ingenuamente.

Nada pasa porque sí, todo tiene sentido, nada sucede de un modo inútil ó perdido.

Ayúdanos a que de esta crísis salgamos muy pronto, pero siendo todos mejores personas,

más conscientes de todo aquello que queremos, podamos o no.

Ayúdanos a salir mejor en todo aquello que este en nuestra mano mejorar.

Gracias, Jesús.


Queridos hermanos Tadeanos, Dios nos bendiga y ayude a todos los que nos encontramos aquí delante de Él, dejando nuestro corazón al descubierto.

Presentémonos con la mayor humildad y gratitud que sepamos ofrecerle.

Que feo está todo ¿verdad?. No se libra nadie, en estos casos nos damos cuenta de lo unidos que estamos, tarde o temprano te toca la cadena, todos somos engranajes de esta cadena y el mal comportamiento, es seguro que en algo te afectará a tí, y el buen comportamiento seguro que te hará bien a tí.

Lo que pasa es que hay personas que se creen que esto va solo, que funciona de la nada y no es así, cada cual tenemos nuestras obligaciones y si nos las cumplimos los que nos siguen lo pagarán.

Tenemos que pedir, pedir y rezar todo lo que podamos, para ver, para darnos cuenta de lo importantes que somos cada uno en su lugar de la vida y las responsabilidades que tenemos que cumplir.

 Que  todos nos demos cuenta de que la felicidad no la da el tener mucho, mucho. No es más feliz el que más tiene, sino el que sabe disfrutar y vivir con lo que tienes, teniendo todos, lo necesario para nuestros hogares y familia.

A veces me digo “menos mal que lo que más vale y nos hacer vivir es gratis”. ¿Os imagináis que alguien fuera dueño del aire que respiramos, de la luz del sol, del agua del cielo?. ¿Qué pasaría?. ¿Qué país tendría los derechos?. ¿Los repartirían por igual con toda la humanidad?. Pensar en ello por unos segundos. Personalmente creo que no, menos mal que el único dueño es Dios, es la naturaleza, su creación inigualable y maravillosamente sabía “Gracias Padre”.

No quiero ser hipócrita, se perfectamente que se vive mejor si te sobra un poco que si te falta, sin lugar a dudas. Pero, ahora pensamos solo en lo material, predomina el consumo sobre todo, quieres, quieren, queremos, quiero tener más, más de todo, pero eso sí, también trabajando menos y con más derechos y menos obligaciones,, a veces he oído cosas que digo… ¿pero estamos locos o qué?. Siempre ha habido y habrá familias pudientes y otras menos pudientes. Familias con suerte y otras menos suerte. Personas muy trabajadoras y responsables en sus gastos. Otras no tan trabajadoras que quieren tener como la que trabaja.

Si todos tuviéramos presente (yo la primera) que todos somos hermanos, hijos de Dios, *creo* que seríamos distintos. Todos por igual, empresarios y trabajadores. Ser justos y buenas personas todos, honrados y orgullosos de nuestros trabajos. No creernos, unos más que otros, privilegiados por ser esto o aquello, rico, famoso. Delante de Dios no. Nadie hay más que nadie. Pero, creo que si hay buenos y malos, hay personas que trabajando, viviendo su día, a día piensan en los demás, y eso es bondad interior que se refleja a su alrededor. Dios les bendiga su vida.

Solo nos faltan dos encuentros más para llegar a nuestra querida novena. Preparémonos, vayamos pensado en que queremos cambiar, que nos gustaría conseguir, personal y espiritualmente.

Toda la junta directiva de esta cofradía de San Judas Tadeo deseamos que nos orientéis en si os gustaría que se llegara a realizar algo especial en la novena, ¿encuentro entre nosotros sobre algún tema especial?. Esperamos vuestras ideas.

Quiero seguir en el camino de Jesús, quiero que cada mañana nuestro primer pensamiento sea para Él. Darle gracias por todo. Amar cada hora que vivimos. Tenemos tanta suerte de haber sido elegidos, tocados por la Gracia de tener necesidad de Dios. Me siento feliz de darme cuenta de cuánto necesito de Dios. Eso sí que es maravilloso, tener sed de Dios, buscar siempre su fuente misericordiosa con todos los corazones del planeta. No olvidemos nunca que…

La oración es la fuerza del hombre y debilidad de DIOS.

(San Agustín)

Rosa Mármol.

Presidenta Cofradía San Judas Tadeo. Calahorra (La Rioja) España.


Amo Señor tus sendas, y me es suave la carga que en mis hombros pusiste,

pero a veces encuentro que la jornada es larga, 

que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste, 

que el agua del camino es amarga,

que se enfría este ardiente corazón que me diste,

y una sombría y honda desolación me embarga, 

y siente el alma triste y hasta la muerte triste…

El espíritu es débil y la carne cobarde.

Lo mismo que el cansado labriego, por la tarde, de la dura fatiga quisiera reposar…

más entonces me miras… y se llena de estrellas, Señor, la oscura noche;

y detrás de tus huellas, con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.


Queridos hermanos Tadeanos. Ya estamos en la mitad del año, Junio. Ayer fue Navidad, corre tanto el tiempo que casi tenemos que coger impulso para ir a la misma velocidad de nuestra propia vida.

Me hacía esta pregunta y como cada mes hablamos un poco y os la hago a vosotros.

¿Qué os parece hoy en día muy difícil?. A mí lo más difícil me parece es educar.

¡Qué complicado!. lo que antes valía, ahora… (vale más y nos damos cuenta).

¿Hacia dónde aconsejamos a nuestros seres queridos?, hermanos, hijos, sobrinos, conocidos, etc. Me refiero a que les decimos para cuando sean mayores, que quieren ser o conseguir. La verdad es que pensando, pensando, me he dado cuenta, de que siempre hablamos de dinero, de trabajos que se consiga mucho dinero, con poco esfuerzo y que sean más, tener más y mejor que nadie.

Nadie les decimos, ni les educamos, para que vayan educando a su vez el corazón.

Cuando ya tenemos una edad, nos damos cuenta de la importancia de la paz interior, acostarnos y dormir en paz, a pierna suelta, que se suele decir, lo más importante de vida es sentirte orgulloso de uno mismo. Ser una persona lo más honrada y honorable posible, contigo, en el trabajo, con los tuyos, en la vida. Que cuando hablen de uno digan…, fulanito, ¡qué buena persona, que buen compañero de trabajo, buen vecino!, etc.

Qué cuando seas abuelo estés orgulloso de haber estado con los tuyos el mayor tiempo que te haya sido posible, es lo único que nos podemos llevar, el amor que lleve adquirido nuestro corazón, viviendo en familia, amando a los tuyos y enseñándoles lo más, pero más importante de conocer en la vida: el cariño, el amor por los demás.

Con el Amor, no puede la muerte. Te siguen y sigues amando.

Ser buena persona conlleva muchas cosas y tener muy buenas facultades, que yo pienso que todos nacemos extraordinariamente buenos. Pero, la vida y los ejemplos…

Dignidad de la persona, lo estamos perdiendo, es muy digno trabajar y ganar las cosas merecidamente, en cambio, hablamos del trabajo como si fuera un sacrificio y malo.

Una cosa que me pone de los nervios es cuando no se valora el trabajo de la persona, hombre ó mujer, que decide quedarse en el hogar, disponer de menos medios económicos, tener menos, gastar en menos cosas que a veces son innecesarias (mira que tenemos cosas en las casas) para atender a los hijos, en su educación.

Creo que es igual de digno ir a trabajar, que quedarse en casa a llevar una familia. ¿Por qué dudamos de eso ahora?. ¿Por qué hemos echado por tierra la labor del hogar?.

El hogar es el suelo de la felicidad. ¿Quién lo duda?.

Que ejemplos presentamos hoy en día la sociedad, gentes que sólo buscan enriquecerse a costa de lo que sea, o quien sea, que la responsabilidad no existe y esos es parte de culpa de las situaciones ó circunstancias que estamos viviendo en el mundo. Además, es de esas personas que más se les hace propaganda en los medios de comunicación. No hablamos de personas, estupendas a nivel humano, empresarios justos y nobles, no ¡venga!, hablamos de aquel que le han dado tantos € y no sabemos por qué, el otro que lo nombran director de un gran sueldo y no esta preparado y nos lleva a pique. En fin, que tenemos que esforzarnos para que las personas que queremos, sean maravillosas y sepan que todo lo que hacer por ser mejor persona, el primer beneficiario es uno mismo.

Amar al prójimos como a uno mismo, es uno de los mejores caminos, para ser buenísima persona. Amar es ayudar, no poner zancadillas, no envidiar, desear para los demás, lo mismo que para uno mismo, no abrir la boca si no tenemos cosas bellas que decir del otro, no juzgar, y sobre todo rezar por aquellos que no nos caemos bien.

¿Nos podemos imaginar un planeta en que todos pensáramos en ser buena gente?. En que todos tuviéramos los mismos derechos y por supuesto, también los mismos deberes, (que gente lista sobra). ¡¡¡Qué maravilla!!!, ¿verdad?.

Se han puesto de moda, no decir que está bien a los niños, y que está mal, y ellos por si solos y con los ejemplos que ven, no pueden ser capaces de actuar correctamente.

El sábado 2 de junio en la charla que nos dio el Sr. Obispo auxiliar de Barcelona D. Sebastiá, Taltavull en Logroño, insistió y volvía a insistir en la importantísima labor de la educación de los niños de 0 a 6 años. De las consecuencias que estamos viendo, por la falta de guía en los hijos. No solo a nivel religioso, que también, (ya sabemos que un niño educado en materia espiritual, tiene y brotan en él, unos valores maravillosos), sino a nivel de educación y responsabilidad de su propio comportamiento en familia y sociedad.

Pensar en Dios, solo eso, al levantarnos y ver, oír y sentir el nuevo día, dándole las Gracias al Padre-Madre, ya te hace ser mejor, sin esfuerzo ninguno, vivir, dándonos cuenta que somos hijos de DIOS. Nada puede superar esa felicidad interior y nos ayuda a ayudar y ser mejores a cada momento de nuestras vidas.

SAN JUDAS TADEO, ayúdanos a ser mejores en todo y para todos cada día. Gracias.

Rosa Mármol.

Presidenta de la Cofradía San Judas Tadeo, Calahorra (La Rioja), España.


La película, hecha en 1979 por John Krish y Peter Sykes, se ha convertido en una poderosa herramienta evangelizadora. El evangelio de San Lucas de la Santa Biblia fue escogido como la base del diálogo y acción para la película. Cinco años de cuidadosa preparación antecedieron la filmación en Israel en los lugares donde se llevaron a cabo los hechos originales. Se consultaron decenas de investigadores, arqueólogos, historiadores y teólogos. Talleres especializados fabricaron reproducciones exactas de la cerámica, herramientas y ropaje.


¿Cuántos secretos sabes y yo no?

Puedo pensar que no te conozco, que eres más fuerte que yo. Hay veces en la vida, que sólo me queda llorar del miedo a… ¿Qué será de esto, de aquello, de lo de más allá?. Sobre todo ante una enfermedad. Ante la partida de un ser.

Decían nuestros abuelos: “Que no nos da Dios, todo lo que podemos soportar”.  Y qué razón tienen. ¿Cuánto puede soportar un ser humano?.

Porque hay dolores que parece que se te van a llevar, hay disgustos que te dejan un ahogo, que tienes unos días de nervios por todos los lados…, parece que no van a acabar.

El tiempo es un bálsamo especial. El tiempo suaviza las penas, el paso del tiempo, los disgustos, te hace olvidar y vamos pasando la vida y nos volvemos a levantar.

También conozco a personas que al dolor por los motivos que sea, no le dejan marchar, siguen y siguen, no quieren olvidar y ahí se quedan atrapados, ese dolor se convierte en sufrimiento y es muy difícil salir, les atrapa la depresión y ya es cosa seria, no le encuentran valor a la vida, ni tampoco lo quieren buscar, es más, le dan vida a los recuerdos, los hacen presentes, no quieren que se siga adelante nada, no aceptan la necesidad de seguir viviendo con la vida, porque la vida no para, no frena nunca, aunque ellos quieran parar.

Como me gustaría decirles ¡¡¡ AGARRAROS A LA ESPERANZA!!!. Pensar que es la verdad, el corazón lo sabe, por eso no te deja a ti marchar. No te irás sin llegar tu hora.

Ya os he contado alguna vez, leí en un libro, que la hendidura que tenemos encima del labio superior nos la hace un ángel que cuando vamos a nacer nos dice: “sss…silencio, no cuentes nada, volverás a casa del Padre, pero ahora debes ir a aprender!. Y que aceptamos condiciones, porque sabemos que ÉL nos espera y nos va a guiar siempre. Y cada cual con su tarea a cumplir, aunque muchas veces estamos como perdidos, pero ahí está la búsqueda interior y todo, todo lo encontramos por el camino de hacer el bien. Recodáis esta frase: ” Haz bien y no mires a quien”, ¿a que tiene mucha razón?. Ponte la mano en el corazón, dile lo que te pasa, él sabe secretos, se los ha dicho DIOS.

PADRE, no comprendemos muchas cosas, pero danos la señal de Tú Amor, la necesitamos cada día. Pon la alegría en nuestro corazón, para que se alivie un poco cuando sintamos el dolor. Porque también es verdad que a veces tenemos tristezas, que no sabemos el motivo, solo notamos el dolor, y vemos, los días más grises y volvemos a preguntarnos. ¿Qué sabe mi corazón, que esto no lo entiendo yo?.

Nada más bello que una nueva vida, y la naturaleza Tú creación, son las fuentes en que nos inspiramos y en ellas nos mandan mensajes, y los recibe nuestro corazón.

No comprendemos muchas cosas, y cuando nos embarga el dolor, todo se vuelve oscuro, es como si Dios se hubiera ido, como si el mundo fuera de un lado a otro, y uno fuera la pelota sin control. Porque, no hay una sin dos…

 “Cuando en ciertos días te sientes sólo y necesitas de una mano amiga…

Aquí estoy, toma la mía”.

 

Yo quiero pensar, debo pensar y sé que estoy en Tú mano Señor.

Que todo pasa por algo, por muy duro que sea, y que Tú me darás la explicación, estoy segura que  lo comprenderé y que te tendré que pedir perdón, por todas estas cosas que he podido pensar hoy en mi dolor.

Es tan duro ver sufrir, no poder ayudar a quitar el dolor, que necesitamos que Dios nos proteja, y nos rebose de su Amor.

No hay mejor ingeniero que Dios. No hay obra más perfecta que el ser humano. Si Dios ha puesto comienzo y fin a las cosas, a la vida aquí en la tierra, tiene que tener motivos maravillosos. A veces nos creemos, ¡puf!, nos creemos dueños de todo y tenemos tanto. Pero, la verdad es que con nada llegamos y con nada nos vamos. Y con dolor, nada nos pertenece.

Pero también el más bello sentimiento que nos permite conocer DIOS, ese, ese no nos lo quita ni la muerte, ni la distancia, ni el tiempo, ni el dolor es el AMOR.

He perdido seres muy, muy queridos, como casi todas las personas, pero las sigo queriendo, las quiero con todo mi Amor, y la muerte no puede arrebatarme ni una pizca de este cariño que les sigo dando cada día, en cada recuerdo, en mi pensamiento, y sé que ellos me quieren, porque los bellos sentimientos, los atiende el universo y aquello que uno piensa, le llega devuelta.

Pero yo sin la ayuda de mi Fe, de la Esperanza, y de mis Oraciones y Coloquios que mantengo con el Padre, con los Santos y los Ángeles, no me sería posible. Necesito de la vida espiritual. Sin su ayuda no podría, la vida sin saber que DIOS nos espera es muy dura, y una servidora es débil, y no la podría soportar. Nunca le daré las suficientes gracias a SAN JUDAS TADEO, por el camino que me hizo tomar, por su ayuda en la vida para conocer a DIOS- PADRE-MADRE… y todo lo demás. Gracias San Judas Tadeo y ayuda a todas las personas que te invocan en la verdad.

Rosa Mármol.

Presidenta Cofradía San Judas Tadeo – Calahorra (La Rioja). España.


Tener FE es pensar que todo esto va a ser para bien, y a la vez comportarnos todos lo mejor posible, mejorarnos nosotros mismos, sin abusar ni engañar en las acciones de nuestras vidas, tenemos que hacer con el prójimo, lo mismo que harías contigo misma. La verdad que para ser sincera es que cuando una persona pierde a ser joven, o pasa por determinadas desgracias es difícil, muy difícil decir:  TEN FE. Pero ahí es cuando  más le pido a Jesús.

“Jesús, no me sueltes de la mano, dame fuerzas para saber comprender, ayúdame en este dolor, quiero sentir Tú bondad en mi cirazón para no desesperar, ten misericordia de mi, abrázame”.

Tener FE, es saber que la vida no termina aquí, que somos almas inmortales, que aquí sólo estamos tejiendo nuestro futuro. Ten FE.

Ten FE y auméntala, con el dialogo con Dios. Respetando la naturaleza, sabiendo lo importantes que somos, somos hijos e hijas de Dios.

Deja abierto tú corazón, expande tu mente un poquito más allá, ve descorriendo el velo, ese miedo a conocernos de verdad.

Ten FE y confianza en que Dios te ama tal y como eres, no intentes disimular, ni retorcer tu verdad antes Dios, Él lo sabe todo. Ama a Dios por el Amor que Él te tiene, si permites ese sentimiento en ti, tu vida va a cambiar, ten TE y practica el dialogo con Dios, aunque sea el dialogo del silencio, busca, sigue el Amor de Dios en cada lugar y segundo de la vida, cambiaras, en todo y para todo.

FE Y PARAGUAS

(Una historia que nos habla sobre la confianza en Dios).

En un pueblito de zona rural, se produjo una larga sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos sus habitantes debido a que subsistían con el fruto del trabajo del campo. A pesar de que la mayoría de sus habitantes eran creyentes, ante la situación límite, marcharon a ver al cura párroco y le dijeron:

-Padre, si Dios es tan poderoso, pidámosle que envíe la lluvia necesaria para revertir esta angustiante situación.

-Está bien, le pediremos al Señor, pero deberá haber una condición indispensable.

-¡Díganos cuál es!, respondieron todos.

-Hay que pedírselo con fe, con mucha fe, contestó el sacerdote.

-¡Así lo haremos, y también vendremos a Misa todos los días!.

Los campesinos comenzaron a ir a Misa todos los días, pero las semanas transcurrían y la esperada lluvia no se hacía presente.

Un día, fueron todos a enfrentarlo al párroco y reclamarle:

-Padre, usted nos dijo que si le pedíamos con fe a Dios que enviara las lluvia. Él iba a acceder a nuestras peticiones. Pero, ya van varias semanas y no obtenemos respuesta alguna…

-Hijos míos, ¿han pedido ustedes con fe verdadera?.

-¡Sí, por supuesto!, respondieron al unísono.

-Entonces, si dicen haber pedido con fe verdadera… ¿por qué durante todos estos días ni uno sólo de ustedes ha traído el paraguas?.

NUESTROS PENSAMIENTOS SE VUELVEN ACCIONES. PIDE Y SE TE DARÁ. TEN FE.

¿QUÉ NOS PASA CON LA FE?

¿Qué nos pasa hoy con la FE?.

¿En qué creemos?.

¿Queremos conocer a DIOS?.

No sé qué nos pasa, pero esto esta triste.

¿Por qué cuesta tanto mantener la FE?.

Si ya sé que ponernos en manos de DIOS como un niño sencillamente no puede ser, no somos niños.

¿Estamos confundidos?. Quiero decir, que ahora que para todos las cosas están más difíciles, hay quien dice:

“Dios no me trae el trabajo a casa, tengo esta enfermedad y no veo a Dios por ningún sitio”.

Verás querido herman@ Taedan@, buscar en el diccionario y veréis que pone muchas definiciones de FE. Pero, creo sinceramente, que la FE, tener FE o sentir FE es una decisión personal. ¡Claro está, que primero te tiene que regalar Dios ese don de percibir la esencia, el sentimiento de la FE!. Pero, si DIOS te ha dado la señal, solo tú puedes decidir si o no. Nadie más que tú. Perdonarme si no estáis de acuerdo conmigo, yo creo que la FE vive en el corazón, no el la cabeza, y ¿quién es dueño de tú corazón?.

Desde mi humilde opinión me atrevo a decir a estas personas que esperan que Dios “les lleve todo a casa”, que, entonces no existiría el libre albedrío y seríamos todos… (perdonarme), tontos e inútiles.

No hay nada, pero nada más perfecto en la creación que el hombre y mujer. El ser humano puede pensar, decidir, actuar, creer ser bueno, ser malo, trabajar, o ser un vago, y sobre todos sentir todas la emociones y sentimientos que hacen latir con fuerza el corazón, unas veces por un bien y otras por desilusiones.

Tener FE, creer en Dios es decisión propia, antes había milagros físicos, hoy no los vemos, pero siguen pasándonos cosas y siendo ayudados muchas, infinidad de veces en esta vida. Los santos, ángeles y cirios de piedad no descansan y viven para nuestra alma. Decidir tener FE, es vivir en alegría, es tener felicidad propia, sin depender de los demás. Todo esto que está pasando, si lo analizamos veremos que hacía falta, que estábamos enseñando que se puede vivir sin esfuerzo y no, no es así. Creo que después de esta crisis nada será como antes, es más, creo que hasta los gobiernos no piensen en todos los seres humanos por igual, esto estará sin terminar. No hay derecho, a tantas, pero tantas injusticias que tienen tantas personas que nacer en otros sitios. Ni tantos cara duras, por estar en según que situaciones o puestos de trabajo en esta vida.¡¡¡ Todos, todos tenemos gran parte de culpa!!!.

 Rosa Marmol – Presidenta Cofradía

Santo Judas Tadeo – Calahorra (La Rioja). España.


Dios nunca te mandará más de lo que puedes manejar.

¡Para que te cuiden!

Dios nunca te mandará más de lo que puedes manejar.

Te estoy mandando SEIS ARCÁNGELES.

Que tus problemas sean menos, tus Bendiciones más y que sólo la Felicidad entre por tu puerta.

Arcángel San Miguel a mi derecha,

Arcángel San Gabriel a mi izquierda,

Arcángel San Rafael a mis espaldas,

para que con sus alas me cubran de todo mal, y

Arcángel Uriel al frente de mi para abrirme los caminos y sobre mi la Gloria del Señor.

Amén.

ÁNGEL DE LA GUARDA

San Miguel, San Gabriel, San Rafael y San Uriel:

Mi dulce compañía, no me desamparen ni de noche ni de día, hasta que me pongan en presencia de Dios y de la Virgen María. Amén.

Dulce Madre no te alejes, tu vista de mi no apartes, ven conmigo a todas partes y nunca sólo me dejes, ya que me proteges como buena Madre implora por que nos Bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

ANGEL DE LA GUARDA

San Miguel, San Gabriel, San Rafael y San Uriel:

Mi dulce compañía, no me desamparen ni de noche ni de día, hasta que me pongan en Paz y Alegría con Jesús, José y María. Amén.

Concéntrate en esta frase:

“Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste”.

Cuando Dios te quita aquello que tenías agarrado, Él no está castigándote, sino simplemente abriendo tus manos para recibir algo mejor.

“La voluntad de Dios no te llevará donde la Gracia de Dios no te proteja”.


Tal vez no lo practiquéis demasiado, pero es una cura extraordinaria, para nuestro interior, es abrir una camino distinto, para recibir y saber del perdón. Dar Gracias.

Es poner atención en la vida diaria, no siempre lo hacemos. ¿Cuántas veces decimos?. “Dios mío, si ya es hora de dormir”, ha pasado el día y no me ha dado tiempo a nada. No me doy cuenta de cómo pasan las horas o mejor decir; la vida. ¿No?.

Pues si nos proponemos dar gracias nada más levantarnos y cada vez que recordemos, todo cambia, creerlo, todo de de verdad.

Al poner atención, te fijas y te das cuenta de más cosas. Por ejemplo: en vez de correr, cada mañana con el despertador, que ya te levantas como un autómata, respira y da gracias por la mañana tan maravillosa que te espera. Ya puede ser el día estupendo o un día de invierno; las gracias es por darnos cuenta de que vivimos, que podemos levantarnos y ser…

Muchas, pero muchas personas, no pueden abrir el grifo y tener agua. Nosotros sí, pues gracias. Por todo, por el aire, por las flores, por los animales, por la vida que es DIOS. Dios es la Vida. Gracias.

Pero también y con más conciencias, por lo menos bueno. Por los disgustos que nos dan. Gracias.

¿Quién no ha aprendido de un comportamiento malo de alguien?. Gracias.

¿Quién no ha aprendido de lo frágil que somos en las enfermedades?. Gracias.

¿Quién no se ha llevado un susto y ha visto que la línea de la vida, cambia en un segundo?. Gracias.

Al dar las gracias, nos reconocemos en humildad, que nos hace falta.

Dar las gracias por una respuesta tonta de alguien, lleva incluido sin darnos cuenta el perdón, y es maravilloso, saber dar las gracias, saber pedir perdón nos cambia, nos ayuda a ser mejores personas.

Este año me he propuesto decir siempre que recuerde: “Abro mi corazón a la paz y al amor”, voy a intentarlo, no sé si lo conseguiré, pero quiero sentir a todas las horas las chispas de la energía de la creación. Sólo conseguiré eso con la Paz en mi interior y poniendo Amor en todo y todos aquellos que me rodean: “Abro mi corazón a la paz y al amor”, y más, para los que me quieren.

Todo lo extraordinario del poder del Amor de Jesús, se hace presente en la gratitud hacia la vida.

Busco lo más adecuado, poner sentido común en las cosas, pero sobre todo, agrandar la fe, seguir en los encuentros con Jesús, por medio de la oración, meditación o charlas en silencio. Todo, pero todo, lo extraordinario, nos rodea, dejemos que entre en nosotros el amor de Jesús.

No hay nada más especia, más sagrado, más divino, que dejar brotar aquí, todo lo que esperamos que nos pasa allí, en el otro lado, no hay que buscar fuera, ya sabéis que Él está siempre aquí y ahora, mirar un poquito y darle gracias, sentiréis su respuesta al oír el silencio.

Rosa Mármol.

Cofradía San Judas Tadeo

Catedral Santa María, Calahorra (La Rioja). España


Me gusta juntar mis manos o ponerlas cerca del corazón.

Las junto, para que en momento que sienta el contacto ¡apretarlas!, y que no se vaya ese momento, procurar que se quede en mi. No es cosa de niños, es una pena que perdamos todo aquello que nos ayuda desde siempre a conectar.

Pon tu mano en el corazón y di Gracias Padre.

Desde el primer momento que expresamos nuestro deseo de conectar con Jesús, María o Ángeles; se abren las puertas del universo y salen a recibirlos, cada vez actúan las fuerzas del pensamiento más rápido.

Queridos Tadeanos, me daría muchas pena que no me creyerais, pero, no os voy a engañar, sigo y seguiré diciendo, contándoos, los beneficios de buscar el camino de felicidad, ya que el destino es para todos igual, llegar al Padre, volver a casa, hay muchos caminos, cada cual debe ser responsable del suyo.

La mano se nota enseguida, antes de actuar palabra, Él extiende su mano, porque hablar con Dios, es dejar salir las letras desde el corazón. También es verdad que no siempre tengo las palabras en mi mente, a veces se me va, pero sólo debo tener una gran certeza de que Él esta. Si tengo alguna tristeza, Él sabe y a veces las lágrimas sirven para limpiar el dolor. Él las recoge y es bálsamo de nuestro corazón.

Cuando me presento con la verdad, con aquella pureza que desde mi humilde persona puedo, sucede algo, es sagrado, es personal, es distinto para cada persona, ya que para Dios, cada uno es distinto, igual que nosotros como padres sabemos de las diferencias de nuestros hijos, Él sabe de las nuestras.

En el encuentro te notas ascender, notas que no estás aquí y quisieras llevarte esa sensación contigo y no tienes miedo a ir desprendiéndote, Él en cada encuentro, nos enseña y fortalece nuestro camino.

Gracias Jesús por atenderme, por permitir que siga buscándote, por dejar que siente en mi Tú respuesta. Déjame quedarme a Tú lado en silencio, que hable mi corazón, no me sueltes, yo no conozco palabras para hablarte, pero no olvides por favor, que Tú Luz siempre debe acompañarme, la vida es maravillosa, pero difícil en muchas cosas y solo en Tú Luz, todo adquiere, el color del cielo, que es la alegría de cada mañana. Gracias Jesús, que Tú Paz siempre, siempre nos acompañe.


Santo Tomás de Aquino

Festividad: 28 de Enero

Presbítero y Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de santo Tomás de Aquino, presbítero de la Orden de Predicadores y doctor de la Iglesia, que, dotado de gran inteligencia, con sus discursos y escritos comunicó a los demás una extraordinaria sabiduría. Llamado a participar en el Concilio Ecuménico II de Lyon por el papa beato Gregorio X, falleció durante el viaje en el monasterio de Fossanova, en el Lacio, el día siete de marzo, y muchos años después, en este día, sus restos fueron trasladados a Toulouse, en Francia (1274).

Fecha de canonización: 18 de julio de 1323 por el Papa Juan XXII.

Nació hacia el año 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió primero en el monasterio de Montecassino, luego en Nápoles.

A los 18 años, contra la voluntad del padre y hasta perseguido por los hermanos que querían secuestrarlo, ingresó en la Orden de Predicadores, y completó su formación en Colonia donde tuvo por Maestro a San Alberto Magno, y después en París. Mientras estudiaba en esta ciudad se convirtió de estudiante en profesor de filosofía y teología. Después enseñó en Orvieto, Roma y Nápoles.

Suave y silencioso (en París lo apodaron “el buey mudo”), gordo, contemplativo y devoto, respetuoso de todos y por todos amado, Tomás era ante todo un intelectual. Continuamente dedicado a los estudios hasta el punto de perder fácilmente la noción del tiempo y del lugar: durante una travesía por el mar, ni siquiera se dio cuenta de la terrible borrasca y el fuerte movimiento de la nave por el choque de las olas, tan embebido estaba en la lectura. Pero no eran lecturas estériles ni fin en sí mismas. Su lema, “contemplata aliis tradere”, o sea, hacer partícipes a los demás de lo que él reflexionaba, se convirtió en una mole de libros que es algo prodigioso, más si se tiene en cuenta que murió a los 48 años.

En efecto, murió en la madrugada del 7 de marzo de 1274, en el monasterio cisterciense de Fossanova, mientras se dirigía al concilio de Lyon, convocado por el B. Gregorio X. Su obra más famosa es la Summa theologiae, de estilo sencillo y preciso, de una claridad cristiana, con una capacidad extraordinaria de síntesis. Cuando Juan XXII lo canonizó, en 1323, y algunos objetaban que Tomás no había realizado grandes prodigios ni en vida ni después de muerto, el Papa contestó con una famosa frase: “Cuantas proposiciones teológicas escribió, tantos milagros realizó”.

El primado de la inteligencia, la clave de toda la obra teológica y filosófica del Doctor Angélico (como se lo llamó después del siglo XV), no era un intelectualismo abstracto, fin en sí mismo. La inteligencia estaba condicionada por el amor y condicionaba al amor. “Luz intelectual llena de amor – amor de lo verdadero pleno de alegría” -cantó Dante, que tradujo en poesía el concepto tomístico de inteligencia – bienaventuranza.

El pensamiento de Santo Tomás ha sido durante siglos la base de los estudios filosóficos y teológicos de los seminaristas, y gracias a León XIII y a Jacques Maritain ha vuelto a florecer en nuestros tiempos. Y tal vez particularmente actuales, más que las grandes Summae, son precisamente los Opúsculos teológico -pastorales y los Opúsculos espirituales.

Oración de San Tomás de Aquino
Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de vuestro unigénito Hijo mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida, como manchado a la fuente de misericordias, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y desvalido al Señor de los cielos y tierra.Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia, tengáis por bien sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo recibir el Pan de los Angeles, al Rey de los Reyes, al Señor de los señores, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tal fe y tal pureza, y con tal propósito e intención, cual conviene para la salud de mi alma.

Dame, Señor, que reciba yo, no sólo el sacramento del Sacratísimo Cuerpo y Sangre, sino también la virtud y gracia del sacramento ¡Oh benignísimo Dios!, concededme que albergue yo en mi corazón de tal modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María, que merezca incorporarme a su Cuerpo místico, y contarme como a uno de sus miembros.

¡Oh piadosísimo Padre!, otorgadme que este unigénito Hijo vuestro, al cual deseo ahora recibir encubierto y debajo del velo en esta vida, merezca yo verle para siempre, descubierto y sin velo, en la otra. El cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Catholic.net

¿Pensaremos igual?


¿Pensaremos igual?

Deseo de todo corazón, queridos cofrades Tadeanos, tengáis la Paz del Espíritu de Navidad en vosotros, en vuestro hogar, en vuestra vida.

Me gustaría nos hiciéramos una pregunta: ¿Seguiremos pensando igual este 2012?.

Vereis, creo que os habrá pasado también a vosotros, como Dios no esta de moda, es como si el hombre-mujer de hoy fuera distinto, se compusiera solo de materia.

Porque al querer hablar del espíritu, del alma, te dice: hija, es que eso de la religión ya no es, eso de ir a misa o la iglesia ya no hace falta.

Cada uno pensamos de una manera, yo tampoco necesito ir al fútbol (por ejemplo), pero se que debo practicar deporte, que debo mantener mi actividad física, porque es bueno para no quedarme oxidada y de una manera u otra, procuro informarme, mantenerme al día, eso no quiere decir que este todo el día en el gimnasio, pero ya me busco yo mis ratos para llenar mi cuerpo de oxígeno fresco y mover un poco mi corazón con mis piernas.

¿Qué tiene que ver?. Quiero decir, que no dejas nunca de ser un ser espiritual, que nuestra vida por aquí es un no darte tiempo a amarte, a ser feliz, porque pasa sin parar, no te preguntas, la vida lleva su destino fijo, y para ese destino también requiere de un ejercicio, pero espiritual, para llegar en mejores condiciones.

Tú eres dueño de ti mismo, en tus pensamientos, tu forma de actuar, de querer ser bueno o mejor, pero la suerte influye mucho y la vida que llevamos a veces se nos apodera, nos arrastra, y encima, es que no nos damos cuenta ni cuenta de ello.

El espíritu o el alma forma parte de lo más sagrado de nosotros.

Cuando te das cuenta de tu ser interior, te das cuenta que tienes un tesoro que cuidar.

Hay personas que se creen que eso es cosa de la iglesia, de las religiones.

Cada cual es dueño de su ser, sin olvidar nunca, que el hilo matriz no es tuyo, que eres de Dios, que perteneces a esta maravillosa creación. Es tan bonito darse cuenta…

Es curioso, ¿os habéis dado cuenta que caro es todo, cuánto cuesta todo?. Pero pensar también:

¿Hoy que tiene valor…?

¿Qué vale más para ti…?

¿Qué es lo más importante…?

¿Por qué vale todo y aceptamos casi toodo…?

¿Que difícil es la vida verdad?.

¿Quién no le ha fallado a alguien alguna vez?.

Yo creo que he fallado, fallo y casi seguro que fallare mucho. Intento pensar que si alguien me mira… raro, igual yo no le mire bien alguna vez. Eso es la vida, aprender y rectificar si podemos o sabemos.

¿Y cómo duele verdad?. Cuando alguien te falla, y … ¿cuando fallamos nosotros?.

Para mi es muy importante el contacto con Dios, por que además, sólo Él me deja vivir en la paz interior.

Le pido tanta ayuda para que mi alma este en paz, y llena de amor.

Sólo el mantenimiento del alma, de nuestro ser interior, nos deja dormir a pierna suelta.

Ya puede ser muy moderno con un tipo de compartimiento, que como cuando repases por la noche, tengas ahí al ángel de la guarda conciencia, que te hace dar mil vueltas, hay que repasar algo, seguro.

Nuestra mente no duerme. De ahí que le procuremos el descanso interior, de nuestros sentimientos más profundos.

La vida es tan maravillosamente difícil, que bueno a veces, has tenido que reaccionar de una manera, pues que tal vez no te guste. Pero es muy, muy importante que le puedas decir al Padre, estoy tranquila, pero guíame y sobre todo, que puedas presentarte ante Él, tranquila, mirándole, como a un Padre, sin tener que buscar excusas y contarle, en tú interior oirás las respuestas sin duda, y sabrás si…

La vida es tan maravillosamente difícil, que no podemos hacer a veces lo que queremos o deberíamos, eso es parte de la vida, aprender, ¿verdad?.

Una medicina que va muy bien para todo, ¡pero para todo!, y encima no hay dinero para comprarlo es el AMOR. Pon bálsamos de Amor y todo cambia.

Por eso me sigo preguntando: ¿Seguiremos pensando igual este 2012?. ¿Le daremos importancia a todo menos al Amor de Dios?.

Igual no nos interesa cuidad nuestro interior, porque nos haría pensar más y mirar más nuestros sentimientos, actos, pensamientos, ¿no?.

Como me gustaría, queridos tadeanos, que estas navidades todos hubiéramos empezado a ver a Jesús de distinta manera.

A ver su Palabra como señales de carreteras en nuestras vidas.

A sentirle diariamente: NOS DA SEÑALES A DIARIO.

A saber decirle: Jesús voy a cuidar la única maleta que me llevaré, quiero llevarla llenas de cosas que a Ti te agraden.

¿Qué piensas que le gustaría poder ver en nuestra alma (maleta) a la vuelta?.

Querido Judas Tadeo, ayúdanos a ser mejores personas. Que todas las personas que estamos aquí pidiéndote ayuda, nos acordemos siempre de Dios, que nada más levantarnos le demos gracias por toda la creación, y sobre todo por que nosotros formamos parte de ella.

El amor busca unificarse e identificarse con lo amado; por eso, nuestro amor a Dios nos impulsara a buscarle y encontrarle en todo cuanto alienta y vive en nuestro alrededor.

Ayúdanos a sentirnos de Dios, intercede ante Jesús para que sepamos vivir en su palabra y así, poco a poco, aprender a ser cristianos de verdad.

Ser cristiano es una forma de vivir mirando a Dios al lado de su Hijo Jesús.

Gracias.

Feliz Año Nuevo, les desea a todos la Cofradía de San Judas Tadeo.

Lágrimas en Navidad.


LÁGRIMAS EN NAVIDAD

Las lágrimas del ángel.

Cuenta una antigua leyenda que en la víspera de una Navidad, los ángeles estaban ensayando en el cielo el cántico navideño del “Gloria in éxcelsis deo”. “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombre que ama el Señor”.

Este cántico debían cantarlo los ángeles aquella misma noche, la “Noche bendita de Nochebuena”.

En lo mejor del ensayo, el Director se dio cuenta que uno de los ángeles no cantaba y estaba llorando. Interrumpió a la coral y le preguntó al ángel lloroso a ver qué le ocurría. Y el ángel bañado en lágrimas le contestó que podía cantar la primera parte, el “Gloria a Dios en el cielo”; pero no podía cantar la segunda parte, “Paz en la tierra a los hombres”.

-¿Por qué no puedes cantar esa segunda parte?. Le preguntó el Director.

-Porque recuerdo el dolor del mundo; las situaciones de guerras y crímenes; el desamor, las injusticias, el malvivir de mucha gente que muere de hambre… ¡y no puedo cantar una mentira!. Además, Dios se hace Niño en Belén; y todavía, millones de humanos no le conocen; y otros muchos no le reciben. No puedo cantar. Se me rompe el corazón y mis ojos se llenan de lágrimas. Mi alma muere de tristeza. ¡No puedo cantar”.

Mensajero de la paz.

El Director del coro, conmovido, le dijo al ángel que lloraba:

. Como prefieres la verdad a la alabanza, baja a la tierra; y tú vas a ser el mensajero del cielo sembrador de paz. Baja a la tierra para recordarles a los hombres que Dios ha nacido en Belén y que les invita a vivir de otra manera; que les invita a la plenitud, al “encuentro entre hermanos”. A rechazar el odio y la venganza y encontrarse con el hermano en el perdón y en el amor.

. Recorrerás sus casas, pueblos y ciudades y depositarás en sus corazones nostalgias de paz. Te sentarás en sus reuniones para que se escuche en ellas el rumor del amor entre las diferencias de opiniones; el murmullo del amor y de la paz entre la diversidad de razas, lenguas y colores.

. No tendrás que cantar nada; pero, si, llorar a su lado, comprenderles, unirte a sus angustias, serenarles el corazón, acompañar sus vidas y llenarlas de cariño.

. Que el hombre, todo el hombre, niño y mujer, más que hambre de pan, tienen hambre y sed infinita de cariño y de amor.

Termina la leyenda asegurándonos que aquel ángel todavía sigue por el mundo sembrando la paz, el cariño y el amor. Quizás te lo encuentres tú, hoy mismo, en esta Noche Bendita de Nochebuena. Ábrele las puertas de tu corazón para que lo llene de paz, de cariño y de amor. Y así, tú también serás entre los tuyos en esta Noche Bendita de Nochebuena, el ángel de la Navidad.


Bendición de la Nochebuena

Bendito seas, Señor, porque en tu Amor nos reuniste para formar nuestra familia.

En esta Noche Bendita, te damos gracias por vivir juntos. Te pedimos que protejas y conserves nuestro hogar.

Que tus puertas estén siempre abiertas para los que quieran entrar en él y compartir nuestra alegría y nuestra amistad.

Enséñanos a aceptarnos como somos, con nuestras cualidades y defectos; a presentarte nuestros planes y sueños; a pedirte tu ayuda; a ofrecerte nuestras alegrías y nuestras penas; a recomenzar después de cada caída. 

Te pedimos, como miembros de tu Iglesia, que sepamos llevar tu mensaje de amor a todos los que nos rodean.

Que tu amor nos conserve siempre unidos y en paz. Te lo pedimos por tu Hijo el Niño Jesús que esta misma noche nace en Belén para salvarnos a todos. 

Amén.


EL ESPÍRITU DE NAVIDAD

La noche del 21 de Diciembre baja el Espíritu de Navidad con la misión de DAR, es tu oportunidad.

Esa noche toma uno o varios papeles y después de saludar al Espíritu de Navidad, pasa a hacer tus peticiones para el año que va ha comenzar.

Escribe un saludo al Espíritu de Navidad y comienza a hacer tus peticiones:

Puedes hacer peticiones de todo orden, pero es bueno que pidas también para los demás, pide salud para ti, para tus familiares, para el mundo entero. Pide mejores ingresos, pide ropa, pide abundante provisión, pide una casa propia, pide lo que se te antoje, no te limites, que nuestro Padre Celestial es riquísimo, su poder y sus bienes no tienen límites.

Antes de comenzar a pedir, confiésate ante el Señor, pide perdón de todo corazón por tus faltas reconocidas y aún por la que no reconoces. Ofrece y proponte corregirlas de veras. Luego perdona de toda corazón a todo el que tu creas que te a hecho algo que te ha disgustado, perdona, perdona, perdona de veras. Has un acto de amor y gratitud. Ante este DIOS paciente que siempre esta dispuesto a perdonar, y ahora limpiecito, con el corazón radiante de alegría y esperanza, comienza tus peticiones. Cada petición ha de ir escrita en una tira de papel. La puedes guarda en una caja, bolsa o lo que sea. A medida que se van cumpliendo las quemas y das gracias, o bien el otro año antes de comenzar a pedir, miras tus peticiones del año que paso y cada petición cumplida la quemas y das las gracias. Verás que es mucho lo que has alcanzado.

Que sepas pedir y que la LUZ te envuelva.

¡¡¡Ah, y que sepas hacer uso de los bienes que recibas!!!.

Un gran abrazo de Luz, en Amor, en Dios.

Cris.

http://www.simbolosdeluz.com.ar


Evangelio del día 19 de Diciembre

Cuarta Semana de Adviento

«Hubo en tiempos de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la familia de Abías, cuya mujer descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. Ambos eran justos ante Dios, y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor; no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada. Sucedió que, al ejercer él su ministerio sacerdotal delante de Dios, cuando le tocaba el turno, le cayó en suerte, según la costumbre del Sacerdocio, entrar en el Templo del Señor para ofrecer el incienso; y toda la concurrencia del pueblo estaba fuera orando durante el ofrecimiento del incienso. 

Se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Y Zacarías se turbó al verlo y le invadió el temor Pero el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, así que tu mujer Isabel dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Será para ti gozo y alegría; y muchos se alegrarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor será lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre, y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios; e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto.

Entonces Zacarías dijo al ángel: ¿Cómo podré yo estar cierto de esto? pues yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada. Y el ángel le respondió: Yo soy Gabriel, que asisto ante el trono de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta buena nueva. Desde ahora, pues, te quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no has creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo». (Lucas 1, 5-20)


ORACIÓN EN CONTRA DE LA TENTACIÓN

Amado Jesucristo: mi Señor, mi Rey, mi Salvador, mi Dios. Tú que eres Dios, pero que también fuiste hombre, tú que fuiste tentado por el demonio como cualquier otro ser humano, por favor, dame la fortaleza de rechazar el pecado y la gracia de permanecer puro como tú eres.

Reina en mi corazón con tu Poder, Sabiduría, Amor, Paz, Gracia, Pureza, Misericordia, Gloria y Alabanza.

Tú dijiste a Satanás: “Los seres humanos no viven solamente del pan, sino de cada palabra que viene de la boca de Dios”.

Cuántas veces te he fallado mi Señor, cuando no obedecí tus mandamientos, te rechace como mi Rey cuando permití que las tentaciones de este mundo reinaran en mi corazón, te he olvidado mi Dios cuando mi mente ha estado tan llena de las cosas terrenales.

Mi Señor y mi Dios, dame hambre de tu pan viviente, aliméntame con tu Palabra y con el Sacramento de tu carne y tu sangre. Dame la fortaleza para controlar el apetito de mis sentidos, purifica y nutre mi alma con tu alimento, el cual es hacer la voluntad del Padre Celestial.

Tú dijiste a Satán: “Tú debes hacerle homenaje al Señor tu Dios, solamente a Él debes servir”.

Cuántas veces las riquezas de este mundo, las tentaciones del orgullo, de la avaricia, de la envidia, de los celos y del egoísmo te han destronado mi Dios de mi corazón. Sinceramente me arrepiento de este insulto a tu Majestad.

Jesús dame la gracia de poder rechazar las cosas de este mundo, de separarme de todo lo que me rodea, y de aferrarme fuertemente a tu espíritu dentro de mi.

Te amo con todo mi corazón, con toda mi mente, con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con el espíritu que has dado. Te adoro y te obedezco mi Señor, te honro mi Rey, te alabo y te bendigo, y mi corazón esta lleno de agradecimiento. Te serviré amado a mis hermanos y hermanas y con tu fortaleza conquistaré el mundo, el demonio y la carne.

Tú dijiste a Satanás: “No pongas al Señor tu Dios a prueba”.

Jesús, cada vez que he pecado, he lanzado mi alma contra las rocas de la muerte, hiriéndola mortalmente. Te he puesto a prueba. Jesús, tú el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, por tus santas heridas sana mi cuerpo, mi mente y mi alma.

Jesús, te he ofendido muchas veces, por favor perdona mis pecados. Lava mis iniquidades, límpiame de mi pecado, purifícame, protégeme y sálvame con tu preciosa sangre, santifícame con tu Espíritu Santo, hazme de nuevo con tu imagen y semejanza.

Jesús, en la presencia del Inmaculado Corazón de María por favor dime ahora: “Esta es tu Madre”. Santa Madre de Dios, mi madre, protégeme, guíame y nútreme con el pan celestial que tu el has dado al mundo. Cúbreme con tu manto maternal de pureza para que yo pueda siempre decir NO a las tentaciones de tu adversario, el enemigo de mi alma.

Autor: José de Jesús y María.

Fuente: http://www.theworkofgod.org

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