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Oración para dar gracias a la DIVINA PROVIDENCIA el día primero de cada mes.

¡Oh Divina Providencia!. ¡Concédeme tu clemencia y tu infinita bondad!.

Arrodillado a tus plantas, a Ti caridad portento. Te pido para los míos: casa, vestido y sustento. Concédeles la salud, llévalos por buen camino.

Que sea siempre la virtud la que los guíe en su destino. Tú eres toda mi esperanza. Tú eres el consuelo. En lo que a mi mente alcanza, en Tí creo, en Tí espero en Tí confío. 

Divina Providencia se extiende a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

Divina Providencia, que riges los destinos del mundo, sin cuya voluntad no se mueve la hoja de un árbol, y cuya solicitud viste a los lirios del campo y no desampara ni al más pequeño gusano: míranos con ojos de misericordia y guárdanos siempre bajo tu paternal cuidado.

Derrama sobre nosotros y sobre los nuestros, presentes y ausentes, sobre nuestro hogar, sobre nuestra familia, sobre nuestra casa, sobre nuestros bienes, proyectos y trabajos, la eficacia de tus bendiciones y favores.

Danos el pan, el techo, el abrigo y la salud, provee a todas nuestras necesidad del cuerpo y del alma. Conserva la unión, La Paz y tranquilidad entre nuestra familia; procúranos el trabajo honrado y suficiente para satisfacer las necesidades nuestras y las de aquellos que nos han confiado.

Apártanos del mal; defiéndenos en los peligros. Protege nuestra honra, presérvanos del pecado. Asístenos en toda hora, principalmente en el trance de la muerte. Guíanos en la vida y más tarde recíbenos en la eternidad.

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

Encomendamos a tu Providencia Divina a todos los Enfermos, dales la salud. Te rogamos por los Agonizantes, no permitas que mueran sin tu auxilio.

Ten Misericordia, Oh Providencia Divina, de todas las almas del Purgatorio, en especial de nuestros familiares, bienhechores y amigos, haz que pronto gocen de la felicidad eterna.

Te pedimos por todos los que viajan, haz que regresen felices a sus hogares.

Te pedimos que concedas el Arrepentimiento a los que viven en pecado por todos los que se encuentran agobiados por las aflicciones o sufren calumnias o se encuentran perseguidos, te rogamos no les niegues tu ayuda, haz que se sientan protegidos y consolados por tú Providencia Divina.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

¡Oh Providencia Divina!. Te pedimos humildemente que te compadezcas de todos los que no tienen Trabajo, mira sus necesidades, dales tu ayuda.

¡Oh Providencia Divina!. Te rogamos por todos los que no tienen Hogar, concédeles un techo que los cobije.

Te suplicamos en favor de todos los que padecen: Hambre, dales el pan que les alimente.

Te rogamos también por todas las Viudas y todos los Huérfanos, se Tú, Providencia Divina, su amparo y su consuelo.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento.

¡Oh Providencia Divina!. Te rogamos por nosotros mismos, Divina Providencia que conoces lo más íntimo de nuestros corazones, Tú que conoces todas nuestras necesidades, de nuestros males espirituales y temporales, por esos humildemente y con toda confianza, te pedimos que vengas en nuestro auxilio, líbranos de las tentaciones y las acechanzas del demonio, líbranos de todos aquellos que quieran ocasionarnos algún mal.

Te rogamos Oh Providencia Divina que bendigas nuestro hogar, que bendigas nuestro trabajo, y que nunca nos falte tu protección y amparo en todos los días de nuestra vida.

Padre Nuestro…

Que tu Divina Providencia se extienda a cada momento; para que nunca nos falte tu gracia, salud, casa, vestido y sustento, ni Los Santos Sacramentos en el último momento. (3 veces).

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ORACIÓN POR LAS ALMAS MÁS ABANDONADAS

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¡Jesús, por el amor de la agonía que Tú soportaste durante el temor a la muerte en el Huerto de Getsemaní, en la flagelación y coronación, en el camino al Monte Calvario, en tu crucifixión y en tu muerte, ten piedad de las Almas del Purgatorio y especialmente de aquellas que están totalmente olvidadas!.

¡Líbralas de sus amargos dolores, llévalas a Tí y envuélvelas con tus brazos en el cielo!.

Padrenuestro. Avemaría.

Señor, concédeles el descanso eterno y brille para ellas La Luz que no tiene fin.

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28 de Octubre 

San Judas Tadeo Apóstol

NOMBRE

Se suele considerar junto con Simón Cananeno o Zelotes porque en la lista de los Doce siempre aparecen juntos (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; He 1,13). Además las noticias que se refieren a ellos no son muchas, exceptuando el hecho de que el canon del Nuevo Testamento conserva una Carta atribuida a Judas Tadeo.

Era hermano de San Santiago el menor, así como de Simón y de un José, a quien se les llama hermanos de nuestro Señor. (Mt 13,55).

Es llamado así por la tradición uniendo dos nombres diverso: mientras Mateo y Marcos lo llaman simplemente “Tadeo” (Mt 10,3; Mc 3,18), Lucas lo llama  “Judas de Santiago” (Lc 6,16; He 1,13). No se sabe a ciencia cierta de dónde viene el sobre nombre Tadeo y se explica como proveniente del arameo taddà, que quiere decir “pecho” y por tanto significaría “magnánimo”, o como una abreviación de un nombre griego como “Teodoro, Teódoto”.

Se sabe poco de él. Sólo San Juan señala una petición que hizo a Jesús durante la última Cena. Tadeo le dice al Señor: “Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?”. Es un cuestión de gran actualidad; también nosotros preguntamos al Señor: ¿por qué el Resucitado no se ha manifestado en toda su gloria a sus adversarios para mostrar que el vencedor es Dios?. ¿Por qué sólo se manifestó a sus discípulos?. La respuesta de Jesús es misteriosa y profunda. El Señor dice: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,22-23). Esto quiere decir que al Resucitado hay que verlo y percibirlo también con el corazón, de manera que Dios pueda poner su morada en nosotros. El Señor no se presenta como una cosa. Él quiere entrar en nuestra vida y por eso su manifestación implica y presupone un corazón abierto. Solo así vemos al Resucitado.

A Judas Tadeo se le atribuye la autoría de una de las cartas del Nuevo Testamento que se suelen llamar “católicas” por no estar dirigidas a una Iglesia local determinada, sino a un círculo mucho más amplio de destinatarios. En ella se presenta así mismo como “servidor de Jesucristo”, y “hermano de Santiago” (el Menor), (Jds 1,1). Se dirige “a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo” (v.1). Esta carta tiene como preocupación central alertar a los cristianos ante todos los que toman como excusa la gracia de Dios para disculpar sus costumbres depravadas y para desviar a otros hermanos con enseñanzas inaceptables, introduciendo divisiones dentro de la Iglesia “alucinados en sus delirios” (Jds. 8), que es como define Judas esas doctrinas e ideas particulares. Los compara incluso con los ángeles caídos y, utilizando palabras fuertes, dice que “se han ido por el camino de Caín” (Jds.11). Además sin reticencias los tacha de “nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos, arrancados de raíz; son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre” (Jds 12-13).

La carta, hablándonos a todos nosotros, prosigue así: “Pero vosotros queridos edificándoos sobre vuestra santísima Fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A los que vacilan, tratad de convencerlos…” (Jds 20-22). La carta concluye con estas bellísimas palabras: “Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaos sin tacha ante su gloria con alegría, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén. (Jds 24-25).

No se conoce cuándo y cómo se convirtió en discípulo de Cristo, al no decirse nada de él en los Evangelios antes de que lo encontremos enumerado en el catálogo de los Apóstoles. Después de la Ascensión de nuestro Señor y la bajada del Espíritu Santo, San Judas partió para expulsar al príncipe de las tinieblas de su trono usurpado.

RELIQUIAS DE JUDAS TADEO

Según la tradición -que es más bien tardía, y que fue recogida desde el siglo VIII en el Martirologio Romano- predicó el Evangelio en Mesopotamia y luego marchó con Simón a Persia, donde ambos sufrieron juntos el martirio. San Paulinus dice que San Judas Tadeo implantó la Fe en Libia.

SÍMBOLOS

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones, que el Señor la exhortó a invocar a este apóstol con confianza. Actualmente la devoción a San Judas Tadeo es muy viva en la piedad popular, ya que se le atribuye la ayuda en trances desesperados. Se le representa a veces con una imagen de Cristo en el pecho, a causa de su parentesco con el Señor, de quien -según la tradición- era muy parecido. Otro atributo más clásico es la maza, supuesto instrumento de su martirio (hasta el siglo XIV se lo representaba con espada, alabarda y hacha).

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Novena a SAN JUDAS TADEO


DIA PRIMERO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por se Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Te ofrezco mis sufrimientos como expiación de mis pecados, propongo confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Ayudado de tu gracia propongo firmamente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración a San Judas Tadeo.

¡Oh gloriosísimo Apóstol San Judas!. Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra e invoca universalmente como patrón delos casos difíciles y desesperados. Ruega por mí que soy tan miserable y haz uso, te ruego, de ese privilegio especial a tí concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (haga aquí cada una de sus súplicas especiales), y para que bendiga a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción. Amén.

Letanías de San Judas Tadeo.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Oh Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Oh Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

San Judas, pariente de Jesús y María. (Ruega por nosotros).

San Judas, que viviendo en la tierra fuiste digno de ver a Jesús y María y de gozar de su compañía. (Ruega por nosotros).

San Judas, elevado a la dignidad de Apóstol. (Ruega por nosotros).

San Judas, que tuviste el honor de contemplar a tu Divino Maestro humillarse a lavar tus pies. (Ruega por nosotros).

San Judas , que en la última cena recibiste la Sagrada Eucaristía de las manos de Jesús. (Ruega por nosotros).

San Judas, que después del profundo dolor que te causó la muerte de tu querido Maestro, tuviste el consuelo de contemplarlo resucitado de entre los muertos y de asistir a su gloriosa Ascensión. (Ruega por nosotros).

San Judas, que fuiste lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. (Ruega por nosotros).

San Judas, que predicaste el Evangelio en Persia. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste grandes milagros con el poder del Espíritu Santo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que volviste la salud de alma y cuerpo a un rey idólatra. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste callar a los demonios y confundiste sus oráculos. (Ruega por nosotros).

San Judas, que pronosticaste a un príncipe débil una paz honrosa con su poderoso enemigo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que quitaste de las serpientes mortíferas el poder de dañar al hombre. (Ruega por nosotros).

San Judas, que despreciando las amenazas de los impíos predicaste valerosamente la doctrina de Cristo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que sufriste gloriosamente el martirio por amor a tu divino Maestro. (Ruega por nosotros).

 

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

 

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

 

Que por tu intercesión, así los sacerdotes como el pueblo fiel de la Iglesia reciban un celo ardiente por la Fe de Jesucristo. (Te rogamos, óyenos).

Que defiendas al Soberano Pontífice y alcances la paz y la unidad a la Iglesia Santa. (Te rogamos, óyenos).

Que los paganos e incrédulos se conviertan a la verdadera fe. (Te rogamos, óyenos).

Que la fe, la esperanza y la caridad aumenten en nuestros corazones. (Te rogamos, óyenos).

Que nos veamos libres de todos los malos pensamientos y de todas la acechanzas del demonio. (Te rogamos, óyenos).

Que nos guardes de todo pecado y de toda ocasión de pecar. (Te rogamos, óyenos).

Que nos defiendas en la hora de la muerte contra la furia del demonio y de sus malvados espíritus. (Te rogamos, óyenos).

Ruega por nosotros, para que antes de la muerte expiemos todos nuestros pecados con sincero arrepentimiento y la recepción digna de los Santos Sacramentos.

Ruega por nosotros para que alcancemos un juicio favorable.

Ruega por nosotros para que seamos admitidos en la compañía de los bienaventurados para gozar de la presencia de Dios eternamente.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, San Judas Tadeo. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

 

Oración a Dios.

Oh Dios, que nos concediste la gracia de que llegásemos a conocer tu santo nombre, mediante la predicación de tu Apóstol San Judas Tadeo, concédenos también que adelantemos en la virtud. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

PRIMER DÍA: Vocación de San Judas

El que me sigue, no anda en tinieblas, dice el Señor. Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos exhorta a que imitemos su vida y costumbres, si queremos ser librados de la ceguera del corazón y alumbrados verdaderamente. (Imitación de Cristo, Capítulo I).

Qué tan pronta y generosamente siguió San Judas e imitó a Jesucristo, puede deducirse de su vida enteramente consagrada al servicio de Jesús, especialmente desde que fue llamado a ser uno de sus doce Apóstoles. Fue siempre fiel a Cristo, del cual era pariente y uno de sus más celosos apóstoles, predicando el reino de Dios y enseñando con toda libertad, sin que nadie se lo prohibiese, lo tocante a Nuestro Señor Jesucristo. (Hechos, Capítulos XXVII, 31).

También tú, oh cristiano, tienes una vocación aquí en la tierra, aunque no sea de predicador del Evangelio y de extender el reino de Dios como el sacerdote, el misionero y la religiosa en lejanas misiones;  pero sí que eres llamado a ser buen cristiano, a dar buen ejemplo al prójimo con tu paciencia, humildad, obediencia y todas la demás virtudes cristianas.

Padre Nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oraciones Finales

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve Maria, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

DIA SEGUNDO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contricción.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por se Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Te ofrezco mis sufrimientos como expiación de mis pecados, propongo confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Ayudado de tu gracia propongo firmamente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración a San Judas Tadeo.

¡Oh gloriosísimo Apóstol San Judas!. Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra e invoca universalmente como patrón de los casos difíciles y desesperados. Ruega por mí que soy tan miserable y haz uso, te ruego, de ese privilegio especial a tí concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (haga aquí cada una de sus súplicas especiales), y para que bendiga a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción. Amén.

Letanías de San Judas Tadeo.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Oh Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Oh Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

San Judas, pariente de Jesús y María. (Ruega por nosotros).

San Judas, que viviendo en la tierra fuiste digno de ver a Jesús y María y de gozar de su compañía. (Ruega por nosotros).

San Judas, elevado a la dignidad de Apóstol. (Ruega por nosotros).

San Judas, que tuviste el honor de contemplar a tu Divino Maestro humillarse a lavar tus pies. (Ruega por nosotros).

San Judas, que en la última cena recibiste la Sagrada Eucaristía de las manos de Jesús. (Ruega por nosotros).

San Judas, que después del profundo dolor que te causó la muerte de tu querido Maestro, tuviste el consuelo de contemplarlo resucitado de entre los muertos y de asistir a su gloriosa Ascensión. (Ruega por nosotros).

San Judas, que fuiste lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. (Ruega por nosotros).

San Judas, que predicaste el Evangelio en Persia. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste grandes milagros con el poder del Espíritu Santo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que volviste la salud de alma y cuerpo a un rey idólatra. (Ruega por nosotros).

San Judas, que hiciste callar a los demonios y confundiste sus oráculos. (Ruega por nosotros).

San Judas, que pronosticaste a un príncipe débil una paz honrosa con su poderoso enemigo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que quitaste de las serpientes mortíferas el poder de dañar al hombre. (Ruega por nosotros).

San Judas, que despreciando las amenazas de los impíos predicaste valerosamente la doctrina de Cristo. (Ruega por nosotros).

San Judas, que sufriste gloriosamente el martirio por amor a tu divino Maestro. (Ruega por nosotros).

 

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!.

 

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!.

 

Que por tu intercesión, así los sacerdotes como el pueblo fiel de la Iglesia reciban un celo ardiente por la Fe de Jesucristo. (Te rogamos, óyenos).

Que defiendas al Soberano Pontífice y alcances la paz y la unidad a la Iglesia Santa. (Te rogamos, óyenos).

Que los paganos e incrédulos se conviertan a la verdadera fe. (Te rogamos, óyenos).

Que la fe, la esperanza y la caridad aumenten en nuestros corazones. (Te rogamos, óyenos).

Que nos veamos libres de todos los malos pensamientos y de todas la acechanzas del demonio. (Te rogamos, óyenos).

Que nos guardes de todo pecado y de toda ocasión de pecar. (Te rogamos, óyenos).

Que nos defiendas en la hora de la muerte contra la furia del demonio y de sus malvados espíritus. (Te rogamos, óyenos).

Ruega por nosotros, para que antes de la muerte expiemos todos nuestros pecados con sincero arrepentimiento y la recepción digna de los Santos Sacramentos.

Ruega por nosotros para que alcancemos un juicio favorable.

Ruega por nosotros para que seamos admitidos en la compañía de los bienaventurados para gozar de la presencia de Dios eternamente.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, San Judas Tadeo.  Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

 

Oración a Dios.

Oh Dios, que nos concediste la gracia de que llegásemos a conocer tu santo nombre, mediante la predicación de tu Apóstol San Judas Tadeo, concédenos también que adelantemos en la virtud. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

SEGUNDO DÍA: Amor de San Judas

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús y despreciarse a sí mismo por Jesús. Conviene dejar un amor por otro amor, porque Jesús quiere ser amado, El sólo sobre todas las cosas. El amor de la criatura es falaz y mudable; el amor de Jesús es fiel y constante. “Ama y ten por amigo a Aquel que, aunque todos te desamparen, no te desamparará, ni te dejará perecer en el fín”. (Kempis, Lib. II, Cap. VII).  Grande fue el amor de San Judas a Jesús, y quería que todo el mundo le amase como le dio a entender después de la última cena al decirles Nuestro Señor. (Evangelio de San Juan, Cap. XIV, 21). “El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré, y yo mismo me manifestaré en él”. Dice Judas, no el Iscariote, sino nuestro Santo: “Señor, ¿qué causa hay para que te hayas manifestado claramente a nosotros, y no al mundo?”. Jesús le respondió así: “Cualquier que me ama observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos mansión dentro de él”. Este amor grande de San Judas a Jesús lo manifiesta en su carta al decirnos: “Manténganse constantes en el amor de Dios, esperando la misericordia de Nuestro Señor Jesucristo para alcanzar la vida eterna”.

Pidámosle que nuestro corazón esté siempre inflamado del amor a Jesús.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

 

Oraciones Finales

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

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VISITA

Divino niño Jesús de Praga, atraído por tus palabras de confianza y de tu mirada de paz, vengo a Tí para conservar de amigo a amigo. Sólo en Ti, Salvador mío, podré encontrar la paz que mi corazón ansía, y que en ninguna parte puedo encontrar. Perdona mis pecados, buen Jesús, sé que mucho te he ofendido, pero tú prometiste perdonar a quien acudiera a ti con fe y con amor… Necesito tu gracia y tu fortaleza para seguir el camino del bien. Sé Tú el Maestro que me guíe por este mundo de tinieblas y de confusión. El ejemplo de Tu infancia sea para mí norma y recuerdo en todas mis actividades y ocupaciones, y me haga merecedor de Tu promesa: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”. Amén.
ACTO DE CONSAGRACIÓN

Amabilísimo Niño Jesús de Praga, aclamado por todos como milagroso por los innumerables y extraordinarios favores que concedéis a cuentos os invocan. Cautiva nuestra alma de tus divinos hechizos de niño, nunca te olvidará y se acoge hoy bajo tu manto de Rey para gozar de la paz que nos tienes prometida, y allí poder recibir tu bendición, que como de Dios, la hará crecer en santidad y virtudes. Por eso nos consagramos rendidamente a tu santo servicio; seremos devotos fervientes de Praga. Hijos de tu amor, responderemos a tu predilección por nuestras almas, ofreciéndote desde ahora y para siempre cuanto somos, cuanto anhelamos; la vida de nuestros sentidos, las aspiraciones de nuestro corazón, los amores de nuestras almas que te pertenecen por derecho de filiación y deuda de conquista, al crearnos y redimirnos.
Niño Divino, Rey de Praga, Dios de la Infancia. Recibe nuestro ofrecimiento, hazlo eficaz con tu poder infinito para ser tuyos por siempre en la tierra y en el cielo. Así sea. (más…)

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La Sabiduría.


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“Si quieres, cumplirás sus mandatos: ante ti tienes el agua y el fuego, la muerte y la vida, echa mano de lo que quieras”. Pero es sabiduría escuchar a Dios, elegir fiándose de él.

El gran Sermón del Monte de Jesús es sabiduría de Jesús, sabiduría de Dios. Sabiduría más profunda que la de los doctores y fariseos, más plena que la Antigua Ley. Sabiduría humilde y exigente a la vez, sabiduría de gente sencilla, que no tiene los ojos enturbiados por el poder, la conveniencia, la avaricia, la mentira: sabiduría del pobre, como era Jesús, el de los ojos limpios que veía a Dios en todo y se dejaba llevar por el Viento de Dios, que trae Sabiduría.

Una sabiduría que no es de este mundo, que ninguno de los importantes del mundo ha podido descubrir. U todo esto para ser feliz, todo lo feliz que se puede ser en este mundo. Los antiguos pensaban que ser rico, tener larga vida y muchos hijos eran preciosos dones de Dios y que en eso consistía la felicidad. Pero no es así para Jesús. Y tenemos que elegir de quién nos fiamos.

ORACIÓN

Señor Jesús aumenta mi fe, esperanza y caridad. Derrama con abundancia tu gracia sobre mi alma tan necesitada del verdadera alimento de la vida. Te ofrezco esta meditación por todos los cristianos, especialmente por aquellos que no tienen la posibilidad y las disposiciones habituales para recibirte en comunión. Abre nuestros corazones para acoger tu gracia con fervor y constancia, para cumplir tu voluntad en nuestra vida y alcanzar la salvación.

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PETICIÓN

Señor, que comprenda un poco más el Don de ti mismo en el Pan Eucarístico. Que en esta meditación aprenda a valorar y agradecer el amor infinito que me tienes al hacerte tan accesible y cercano. Concédeme la gracia de purificar constantemente mi alma para recibir atenta y fervorosamente la comunión.

REFLEXIÓN

Cristo, Pan de Vida, es el alimento de nuestras almas. La Eucaristía es fuente inagotable de la Gracia. Es fuerza fecunda y renovadora de la vida sobrenatural. El alimento eucarístico es el viático dispensador de la fuerza espiritual en el peregrinar por la vida. Cristo quiere ser medicina de inmortalidad en las enfermedades que hacen sucumbir nuestra alma. Cada comunión, cada encuentro con Cristo Sacramentado es un momento que abre nuestras almas a la contemplación y nos dispone a la posesión del cielo. Que nuestra vida cotidiana esté siempre acompañada con su gracia salvadora. Que la grandeza del misterio eucarístico nos ayude a disponer nuestra alma al encuentro definitivo y pleno con Dios.

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PROPÓSITO

Renovar la conciencia del Don Eucarístico y disponer nuestro corazón a la recepción fervorosa de la Eucaristía.

DIÁLOGO CON CRISTO

¡Jesús, qué alegría saber que eres mi alimento, mi medicina, mi sostén!. Gracias por concederme la gracia de estar tan cerca de tu amor. Concédeme acercarme siempre a Ti con la fe y la sencillez del niño que todo lo espera de su padre. Que mi amor a tu amistad vaya siempre en aumento y el deseo de poseerte eternamente sea mi única ilusión.

Descubrir el rostro de Cristo supone la fe; una fe abierta con sencillez y confianza a Cristo, a su Persona, Palabra y Obra; una fe alimentada en la Eucaristía, el Evangelio y la contemplación de los misterios de su vida.

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