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Posts Tagged ‘Novena a SAN JUDAS TADEO 2012.’


ORACIÓNSAN JUDAS TADEO

Apóstol San Judas Tadeo, fiel discípulo de Cristo,

que predicaste la Fe lleno de celo ardiente por la salvación de las almas

y la confirmaste con el martirio;

alcánzame de Jesucristo: aumento en la Fe,

firmeza en la Esperanza y

mayor fervor en mi caridad y amor con Dios y el prójimo.

Hoy te ruego, glorioso Apóstol San Judas Tadeo,

me alcances las gracias que te pido a Dios por tu intercesión,

si han de ser para mayor gloria suya y salvación de mi alma.

Amén.

Bendito sea Dios.

Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo verdadero, Dios y verdadero hombre.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea María Santísima la excelsa Madre de Dios.

Bendita sea su Santa Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendita sea María Santísima Madre de la Iglesia.

Bendito sea su castísimo esposo San José.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Cofradía San Judas Tadeo.

Catedral Santa María- Calahorra (La Rioja), España.

¿Quién es San Judas Tadeo?

San Judas Tadeo es uno de los Santos más populares, a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con FE.

En España, Francia, Alemania, Italia, América y muchos sitios más, tiene numerosos devotos que consiguen por su intercesión admirables ayudas de Dios, especialmente en cuanto a conseguir empleo, casa u otros beneficios más.

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.

Judas es una palabra hebrea que significa: “alabanzas sean dadas a Dios”.

Tadeo quiere decir: “valiente para proclamar su fe”.

Simón significa: “Dios ha oído mi súplica” . 

A San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día, el 28 de Octubre, porque según una antigua tradición, los dos iban siempre juntos predicando la Palabra de Dios por todas partes.

San Judas Tadeo estaba íntimamente relacionado con nuestro Señor por su parentesco con San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen. Sobrino nieto de estos dos santos, es a la vez sobrino de María y José, de donde resulta ser primo de nuestro Señor Jesucristo.

San Judas es hermano del Apóstol Santiago el Menor. Tenía otros dos hermanos a quienes llama el Evangelio “hermanos” de Jesús. Cuando nuestro Señor regresó de Judea a Nazaret, comenzó a enseñar en la sinagoga. Las gentes que le oían estaban asombradas y decían: “¿De dónde le ha llegado tanta sabiduría y ese poder de hacer milagros?. ¿No es el hijo del carpintero?. ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?. (Mt. 13,54). La palabra “hermanos” en hebreo comúnmente significa un pariente próximo. El padre de San Judas Tadeo era Cleofás. El nombre de su madre era María, que era pariente próxima de la Virgen Santísima. Ella también permaneció junto a la Cruz cuando murió nuestro Señor Jesucristo. “Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre María, esposa de Cleofás, y María Magdalena”. (Jn 19,25).

Durante su adolescencia y juventud, Judas fué compañero de Jesús. Cuando Jesús comenzó su vida pública, Judas dejó todo por seguirle. A San Judas se le llama Tadeo para diferenciarlo de Judas Iscariote que fue el que vendió a Jesús. En la noche de la Última Cena le preguntó a Jesús: “¿Por qué revelas tus secretos a nosotros y no al mundo?” . Jesús le respondió que esto se debía a que ellos lo amaban a Él y cumplían sus mandatos y que a quien lo ama y obedece, vienen al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y forman habitación en su alma. (Jn 14,22). Como Apóstol predicaron el Evangelio a los habitantes de aquel país.

Refiere la tradición que San Judas y San Simón sufrieron martirio en Suanis, ciudad de Persia, donde habían trabajado como misioneros. A San Judas le dieron muerte con una cachiporra. Por eso se le representa con una porra sobre la cabeza. Luego, le cortaron la cabeza con un hacha. Trasladaron su cuerpo a Roma y sus restos se veneran ahora en la Basílica de San Pedro.

San Judas es conocido principalmente como autor de la Carta de su nombre en el Nuevo Testamento. Carta probablemente escrita antes de la caída de Jerusalén, por los años 62 al 65. En ella, San Judas denuncia las herejías de aquellos primeros tiempos y pone en guardia a los cristianos contra la seducción de las falsas doctrinas. Anima a los cristianos a permanecer firmes en la fe.

A la soberbia de los malos contrapone la humilde lealtad del Arcángel San Miguel. Anima a los cristianos a levantar un edifico espiritual llevando una vida fundada en la fe, el amor a Dios, la esperanza y la oración. Alienta la práctica del amor al prójimo; exhorta a los cristianos a que sean pacientes y con sus vidas virtuosas. San Judas concluye su carta con una oración de alabanza a Dios por la Encarnación, pues por ella Jesucristo, Palabra eterna de Dios, tomó sobre sí nuestra naturaleza humana para redimirnos.

Leyenda Noruega

El viejo Haakón cuidaba una cierta ermita. En ella se conservaba un Cristo muy venerado que recibía el significado nombre de “Cristo de los Favores“. Todos acudían a él para pedirle ayuda. Un día, también el ermitaño Haakón decidió solicitar un favor y, arrodillado ante la imagen dijo: “Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tus puesto. Quiero reemplazarte en la cruz”. Quiero reemplazarte en la cruz. Y se quedó quieto, con los ojos puestos en la imagen, esperando una respuesta. De repente “oh maravilla”, vio cómo el Crucificado comenzaba a mover los labios y le decía: “0h, maravilla”, vio cómo el Crucificado comenzaba a mover los labios y le decía: “Amigo mío, accedo a tu deseo; pero ha de ser con una condición: que suceda lo que suceda y veas 10 que veas, has de guardar siempre silencio. Te lo prometo, Señor. Y se efectuó el cambio. Nadie se dio cuenta de que era Haakón quien estaba en la cruz, sostenido por los cuatro clavos, y que el Señor ocupaba el puesto del ermitaño. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores, y Haakón, fiel a su promesa, callaba. Has que un día…

Llego un ricachón, el cual, después de haber orado, dejó allí olvidada su bolsa. Haakón lo vio, pero guardó silencio. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas más tarde, se apropió de la bolsa del rico. Y tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedir su protección antes de emprender un viaje. Pero no pudo contenerse cuando vio regresar al hombre rico, el cual, el cual, creyendo que era aquel muchacho, el que se había apoderado de la bolsa, insistía en denunciarlo. Se oyó entonces una voz fuerte: Detente.

Ambos miraron hacia arriba y vieron que era la imagen la que había gritado. Haakón aclaró cómo habían ocurrido realmente las coas. El rico quedó anonadado y salió de la ermita. El joven salió también, porque tenía prisa por emprender su viaje. Cuando, por fin, la ermita quedó sola, Cristo se dirigió a Haakón y le digo: “Baja de la cruz. No vales para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio. Señor, dijo Haakón confundido, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?. Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, le contesto Cristo, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una mujer. El pobre, en cambio, tenía necesidad de ese dinero e hizo  bien en llevárselo. En cuanto al muchacho último, si hubiera quedado retenido en la ermita, no habría llegado a tiempo de embarca y habría salvado la vida, porque has de saber que en estos momentos su barco está hundiéndose en alta mar”.

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